Más cerca que nunca

«No deseo transmitir ningún mensaje a los espectadores cubanos, más bien lo que quiero es sembrarles muchas interrogantes, dejarlos pensando, y motivarlos a que, cuando estén en casa, continúen reflexionando», expresó el reconocido cineasta iraní Asghar Farhadi, de visita en Cuba, en ocasión de la Semana de cine iraní

Autor:

José Luis Estrada Betancourt

El color del paraíso, Nadie sabe nada de gatos persas, Bashú, Fiesta del fuego, A propósito de Elly y Una separación conforman la nómina de los largometrajes de la Semana de cine iraní, que hasta el día 16 acogerá el capitalino cine 23 y 12. Las tres últimas llegan a La Habana con la firma del reconocido cineasta Asghar Farhadi, quien este lunes quedó admirado del modo como se abarrotó la sala Charles Chaplin para darle la bienvenida a una cinematografía que continúa abriéndose paso en el mundo.

Justo la historia de Nader y Simin, que cuenta Una separación, dio inicio a la esperada semana. Se trata de una película donde el conflicto aparece cuando irrumpe en la casa de Nader otra mujer para cuidar al padre de este, que sufre una enfermedad degenerativa, causa por la cual se rompen los planes del matrimonio de salir en breve del país, en busca de mejores oportunidades.

Antes de realizar cortos, Asghar Farhadi estudió teatro, lo cual lo llevó a escribir y dirigir diferentes piezas teatrales. Y en un momento de su carrera cinematográfica dijo: «Tengo la sensación de hacer cine, de usar de todas sus herramientas para llegar al espectador, pero sigo conservando en mi interior mis raíces, el arte dramático. Cuando concibo una historia, nunca pienso en una película, sino en una obra. Me pasa lo mismo a la hora de dirigir a los actores».

Y como sus anteriores películas, Una separación, que ha conquistado más de 60 premios internacionales —entre ellos, el Oscar a la mejor película extranjera, el Globo de Oro, el César francés y el Oso de Oro berlinés—, expresan las intenciones del importante creador: «En todas mis películas intento dar una visión realista y compleja de los personajes, sean hombres o mujeres. No sé por qué las mujeres tienden a ser una mayor fuerza impulsora en mis historias. Puede que sea una elección inconsciente por mi parte. Quizá se deba a que en una sociedad en que la mujer está oprimida, el hombre tampoco puede vivir en paz», expresó recientemente en una entrevista.

Las mujeres son auténticas resistentes, más decididas que los hombres», enfatizó Farhadi, para quien «el cine lleva bastante tiempo en este mundo como para aceptar que un realizador no imponga sus opiniones, sus teorías o su ideología. Es paradójico que un realizador pueda dictar a través de la pantalla su concepto de la libertad, mientras que el espectador ya se encuentra en una relación de sumisión ante la película. Creo que el público debe tener la posibilidad de aportar su propia interpretación y participar más en lo que ve.

«Espero que algún día se consigan tantas opiniones como espectadores. Me gusta la idea de que una película parezca un crucigrama y que el público rellene las casillas», soñó el autor también de Bailar con el polvo (Raghs dar ghobar) y La bella ciudad (Shahr-e Ziba). Ello explica por qué cuando Juventud Rebelde se le acercó para indagar qué reacción esperaba del público cubano ante su película respondió:

«No deseo transmitir ningún mensaje a los espectadores cubanos, más bien lo que quiero es sembrarles muchas interrogantes, dejarlos pensando, y motivarlos a que, cuando estén en casa, continúen reflexionando. No me parece importante que el público conozca mis intenciones. Prefiero que salgan de la sala haciéndose preguntas. Considero que el mundo necesita hacerse más preguntas y no tener tantas respuestas».

¿En qué condiciones rodó Una separación?

—Rodar la película no representó un problema en específico, pasó por los mismos problemas con que tropiezan los realizadores hoy para rodar, escribir el guión... Claro, me tomó mucho tiempo seleccionar a mis actores, que es algo esencial cuando uno quiere hacer una película buena.

«Porque provengo del teatro, por lo general me tomo mucho tiempo en ello, pues me gusta que los actores solo tengan en cuenta las intenciones de los personajes, y ensayar mucho hasta que unos se conviertan en los otros, a partir de un guión muy concreto».

—¿Pensó que Una separación conquistaría los premios que ha conseguido?

—Pensaba que sucedería como con el resto de los filmes que he realizado, los cuales han tenido buena aceptación por parte del público y la crítica. No puedo quejarme, la verdad.

¿Se puede hablar de un cine iraní?

—Por supuesto. Es un cine que aparenta ser sencillo, pero que realmente muestra una complejidad temática impresionante. Hablamos de una cinematografía muy variada, con una cantidad considerable de películas, que se mueven por diferentes géneros. Ellas tienen en común que no han sido realizadas como mero entretenimiento para la gente, sino para invitarlos a reflexionar sobre nuestras vidas, sobre este mundo. Son películas que están muy cerca de la vida cotidiana de la gente.

¿Qué lo impulsó a presentar sus películas en Cuba?

—Siempre he admirado la cultura cubana. Desde niño soñaba con venir a esta tierra, y solo ahora pude conseguirlo. Incluso antes de que supiera que por fin se daría este encuentro, envié mi película para que se presentara acá, porque en el pasado hice el intento de venir y por mis compromisos de trabajo me resultó imposible. Ahora por fin estoy en Cuba. Cierto que han sido apenas tres días, pero suficientes para conocer la bondad de este pueblo.

¿Algún proyecto en camino?

—Pues sí. Ya escribimos el guión. Ahora a soñar de nuevo con el cine.

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