Inspiración de amor

El reconocido coreógrafo canadiense conversa con JR acerca de Luminous, una obra suya que se estrenará durante el 23 Festival Internacional de Ballet

Autor:

José Luis Estrada Betancourt

Ya no le cabe un alma al Salón Azul del Ballet Nacional de Cuba (BNC). Desde que inicia el Concierto para violín y conjunto de cuerdas de Marjan Mozetich y los ocho bailarines con sus pasos precisos se apoderan del espacio, dibujando la fabulosa música e indecibles, por grandiosas, emociones, no queda un solo sentido del improvisado auditorio que no sea atrapado por Luminous, la impresionante obra de Peter Quanz, que estrenará la compañía que dirige Alicia Alonso durante el 23 Festival Internacional de Ballet (del 28 de octubre al 7 de noviembre). El reconocido coreógrafo canadiense, acompañado de sus excelentes asistentes de montaje, Vanessa Lawson y Linnet González, permanece tan atento a cada movimiento, a los expresivos gestos y miradas, que parece no percatarse de que, acabado el ensayo, los presentes lo aplauden, admirados, incansablemente.

Concluido el ensayo, y después de dialogar con los protagonistas de Luminous, con la ayuda como intérprete de la recordada primera solista y actual maître Linnet González, Peter Quanz accede a dialogar con JR. «Estoy en esta admirada compañía por segunda vez, explica, porque en mi primera oportunidad quise apegarme al estilo clásico que distingue al Ballet Nacional de Cuba. Ahora vengo con una intención coreográfica diferente. Le Papillon era mi regalo, mi homenaje, sobre todo a una bailarina tan extraordinaria como Alicia Alonso.

«En Luminous les propongo a los bailarines otro estilo, un modo diferente de danzar, con movimientos nuevos. De hecho, si ambas se programaran en una misma noche, el público se daría cuenta enseguida de que se trata de dos obras con estéticas y conceptos completamente distintos. Luminous está pensada para bailarines clásicos que interpretarán movimientos contemporáneos.

«En el 2010 me enamoré perdidamente, a pesar de que era un idilio imposible. Esa experiencia me cambió por completo y me inspiró para concebir este ballet, que habla de cómo a veces es muy tarde cuando encontramos la pasión de nuestras vidas. Luminous está conformado por varios pas de deux (paso a dos), pero cada bailarín interactúa con dos parejas distintas, lo cual le ofrece al espectador la oportunidad de descubrir diversas facetas de los intérpretes. Me interesa que con este ballet de 24 minutos, los bailarines sean capaces de expresar todos los sentimientos que pueden embargar a un ser locamente enamorado.

«Luminous fue creado para el Hong Kong Ballet. Para mí resultó una sorpresa cuando un reconocido crítico inglés expresó, después del estreno, que esa había sido la coreografía más importante que se le había montado a esa compañía en 20 años. Hace un mes representé esta obra en New York con la Compañía Real del Ballet de Winnipeg, y las reacciones del público y la crítica fueron realmente muy favorables».

—Durante su estreno, la prensa elogió mucho no solo la belleza de la coreografía, sino también el vestuario...

—Se me ocurrió después de ver en una revista un anuncio donde la modelo estaba «ataviada» con pedazos de oro y plata, y daba la impresión de que estos caían. Entonces decidí vestir a los bailarines con un traje que diera la sensación de una piel con esas características. Le expresé mi idea a la diseñadora Anne Armit, y ella buscó las telas y lo confeccionó.

—Imagino que debe haber quedado gratamente impresionado con los bailarines cubanos para regresar otra vez...

—Mucho. He vuelto porque tenía deseos inmensos de conversar de nuevo con Alicia, así como de trabajar otra vez con estos magníficos bailarines. Este contacto me permite tomar de esa excelencia que los distingue. Por otra parte, el mundo de la danza no es tan grande, por eso es esencial mantener la comunicación entre todos.

—¿Le resultó muy difícil seleccionar las parejas que interpretarán Luminous durante el 23 Festival Internacional de Ballet de La Habana?

—Todavía lo es. Elegir en Cuba resulta muy complejo, porque hay demasiado talento y en Luminous solo hay cuatro parejas. Te confieso que quedé alucinado. Yo traje varios DVD con el espectáculo de la Compañía Real del Ballet de Winnipeg, se los entregué a los bailarines, y cuando llegaron al ensayo ya se lo habían aprendido. Me emocionaron. Trabajar en Cuba me satisface, me llena de placer.

—Ahora tenemos la oportunidad de que los lectores de JR conozcan mejor a Peter Quanz...

—Bueno, hace 12 años que me dedico a la creación. En verdad bailé poco, solo dos años con el Ballet de Stuttgart. Claro, la coreografía me atrapó desde el primer momento, y ya en la Escuela Real del Ballet de Winnipeg realicé algunas obras que me fueron preparando para el futuro. Solo así pude luego crear para el American, el Royal, el Kirov, Les Grands Ballets Canadiens de Montreal, Ballet de Pennsylvania... y, por supuesto, para el Ballet Nacional de Cuba, lo cual es un gusto enorme.

—¿Por qué eligió este mundo?

—Quedé fascinado desde que vi el primer espectáculo musical, con aquellas coreografías fabulosas. Cuando terminó me dije: Eso es lo que deseo hacer: crear. Hablé inmediatamente con mi profesora de la escuela primaria. ¿Pero tú quieres bailar?, me preguntó. Y yo le respondí: No, crear las ideas para que otros las bailen. Entonces, ella me ayudó a llegar, con nueve años, a la Academia.

—¿Tiene en mente algún otro proyecto para el BNC?

—Bueno, quiero regalarle al Festival también un pas de deux que interpretarán los primeros bailarines Viengsay Valdés y Dani Hernández. Se titulará Double Bounce, algo así como Doble rebote. Ojalá y también guste.

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