Los misterios de Marilyn - Cultura

Los misterios de Marilyn

Por los 50 años de su muerte, la Cinemateca de Cuba presenta una de las muestras más completas de los filmes de Marilyn Monroe

Autor:

Jaisy Izquierdo

Su nombre verdadero fue Norma Jean. Al nacer la inscribieron con el apellido de su padrastro, Mortersen, y luego asumió el apellido de su madre, Gladis Baker, quien nunca reveló a su hija la identidad de su padre.

Luego de una infancia dura en la que sufrió las crisis nerviosas de su madre, la custodia temporal de diferentes familias, un abuso sexual y un matrimonio a los 16 años para evitar ir a un orfanato, la joven Norma Jean, con 20 años, comenzó su carrera como modelo bajo la tutela de Emmeline Snively, que le aconsejó aclararse su cabello castaño a ese rubio platinado que la inmortalizaría.

En 1946, Ben Lyon, jefe de reparto de la Fox, accedió a entrevistarla y tras quedar fascinado la contrató, cambiándole el nombre por el de Marilyn Monroe: Marilyn por la actriz Marilyn Miller y Monroe por ser el apellido de soltera de su madre.

Surgió así un mito que se iría construyendo con su figura despampanante, y con cada historia que en el cine ella empezaría a tejer hasta convencernos de que los caballeros, en verdad, las prefieren rubias. Una imagen de símbolo sexual que acrecentó con sus posteriores matrimonios con el ídolo nacional de béisbol Joe DiMaggio, y el célebre dramaturgo Arthur Miller. Y como si no bastara haber aparecido en el primer número de la revista Playboy, la estrella se complacía en declarar a la prensa que su única prenda para dormir era el perfume Chanel nº 5, o abandonaba siete días el rodaje de una película para ir a cantar con su «ingenua» sensualidad un Happy Birthday, Mr. President, a J.F. Kennedy en la gala por su cumpleaños.

Con el cine también apareció la imagen de caza fortunas, que apelaba a sus dotes naturales para descubrir Cómo cazar a un millonario, una frivolidad de chica tonta que sin querer acaso, también quedó irreparablemente unida a la imagen de las «blondes», cuyos mejores amigos son, por supuesto, los diamantes.

Contra ese estigma la Monroe trató de huir durante toda su carrera, poseedora de una personalidad sensible e insegura que a pesar de su proyección en los medios, quería convencerse a sí misma y al mundo de sus potencialidades dramáticas, más allá de las maravillosas curvas que la acompañaban.

Su empeño la llevó a perfeccionar sus dotes actorales, y matriculó en el Actors Studio, en las clases impartidas por Lee Strasberg. Entonces, en 1956, consiguió su primera nominación al Globo de Oro por la película Bus Stop, y al año siguiente obtendría el David di Donatello a la mejor actriz extranjera en Italia, junto con la nominación al Bafta, por El príncipe y la corista, una cinta que además coprodujo y filmó en Londres dirigida por Laurence Olivier, con quien compartió el protagonismo.

Las cinco nominaciones a los premios Óscar, y finalmente el Globo de Oro a la mejor actriz de comedia o musical, lo ganaría con Algunos prefieren quemarse, con un elenco que incluía a Jack Lemmon y Tony Curtis, bajo las órdenes de Billy Wilder. Este largometraje, que resultó el más taquillero del año, fue para Wilder un via crucis pues la inestable Marilyn, quien por segunda ocasión tenía un aborto involuntario durante un rodaje, llegaba tarde al set, retrasaba todo lo posible el momento de ponerse ante las cámaras, y terminó repitiendo algunas de sus escenas en más de 40 ocasiones.

Por siempre bella, joven, graciosa, quiso la muerte entregarnos, hace medio siglo, a Norma Jean, víctima de una sobredosis de barbitúricos. Esa mujer misteriosa, enigmática en su procedencia y en su despedida, lo fue más aún en la soledad de su ser. Pareciera que por buena actriz logró convencer a todos de que era Marilyn Monroe, cuando en verdad pensaba que «una carrera es una cosa maravillosa pero no sirve para acurrucarse contra ella en una noche fría». También se cuestionaría: «¿Qué tan bueno es ser Marilyn Monroe? ¿Por qué no puedo simplemente ser una mujer normal? Una mujer que puede tener una familia... Me conformaría con un solo bebé. Mi propio bebé».

En esta retrospectiva que la Cinemateca ha preparado, la mayor organizada por la institución cubana, el público podrá disfrutar de 27 títulos en total: 23 películas, dos documentales y dos filmes que le rinden homenaje.

La escalada hacia el estrellato se puede seguir desde su debut en una breve escena en Amor en conserva (1950), pequeñas apariciones en Los secretos de Eva y La jungla de asfalto o sus papeles secundarios interpretando a la secretaria en cintas como Nunca es tarde y La prueba suprema.

Su papel de fémina seductora se comienza a perfilar en Me jugué la mujer y Viudas adorables, como también la encontramos, con Fritz Lang detrás de la cámara, en Encuentro en la noche (1952), mostrando su figura de futura estrella vistiendo por primera vez blue jeans.

Decidiéndose definitivamente por la comedia, luego de sus pequeños papeles como mujer fatal en el cine negro, Marilyn se consagró como la gran intérprete de filmes inolvidables como Los caballeros las prefieren rubias (1953), cuyo número musical Diamonds are a girl’s best friend fue reproducido por Madonna en su video musical Material girl y retomado por Nicole Kidman en el filme Molino Rojo, también incluido en la muestra a manera de homenaje.

Con La comezón del séptimo año (1955) pasaría a la historia del cine gracias a su papel de cautivadora rubia que será la tentación de su vecino. En un apabullante verano el director Billy Wilder la filmó «refrescándose» en los respiraderos del metro de Nueva York, donde una ventolera levanta su vestido y desnuda sus piernas; escena que DiMaggio siguió bien de cerca y que contribuyó a la crisis matrimonial definitiva.

No faltan en este ciclo sus últimas películas: La adorable pecadora (1960), coprotagonizada junto a Yves Montand, y con la participación de Gene Kelly; y Los inadaptados (1961), que contó con el guión de Arthur Miller y resultó ser el último título en la carrera de Marilyn y de Clark Gable, quien murió antes del estreno.

Se incluye, además, el documental Marilyn Monroe: los últimos días, que retoma su inconclusa cinta Something’s got to give (1962), reconstruida definitivamente en 1999 y mostrada aquí por primera vez, con la célebre escena de su primer desnudo en el cine, bañándose en las frescas aguas de una piscina.

Mientras, otro documental franco-belga, Marilyn, últimas sesiones, establece un recuento pormenorizado de la vida de la atormentada actriz en sus últimos años, a partir de la transcripción de las cintas grabadas con las sesiones de psicoanálisis con su terapeuta, el Dr. Ralph Greenson. A todo lo anterior se suma, en tono de ficción, la película británica Mi semana con Marilyn, de Simon Curtis, donde Michelle Williams pone piel a la célebre rubia durante la producción de El príncipe y la corista, un trabajo que le mereciera a la Williams un Globo de Oro y una nominación al Oscar.

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