Réquiem por Santa Camila - Cultura

Réquiem por Santa Camila

A propósito de los 50 años de la primera puesta en escena de Santa Camila de La Habana Vieja, Pinar del Río acogió a Verónica Lynn, primera actriz en protagonizar a Camila, a Omar Valiño Cedré, director de la revista Tablas, y a Roberto Gacio Suárez, crítico de teatro

 

Autor:

Mayra García Cardentey

Pinar del Río.— La pérgola del patio, presta, cedía sombra a los invitados. El entrar y salir de actores, actrices, dramaturgos, teatrólogos, críticos, hacían de la sede de la Uneac en la provincia un panal singular.

Vueltabajo acogió durante los días de inicio de año a Verónica Lynn, primera actriz en protagonizar a Camila, mítico personaje del original de José R. Brene, estrenado en 1962; a Omar Valiño Cedré, director de la revista Tablas; y a Roberto Gacio Suárez, crítico de teatro. ¿Motivo?: iniciaba el año del aniversario 50 de la primera puesta en escena de Santa Camila de La Habana Vieja.

Una obra de transición

Valiño: La década del 60 del pasado siglo fue una época de mucha efervescencia, se hacía un teatro verdaderamente público, popular, con un valor cultural dentro de la pirámide de las artes, las letras y la cultura en Cuba.

Gacio: Santa Camila… surgió del seminario de dramaturgia que dirigía en esos momentos Osvaldo Dragún. No se puede negar que constituyó un suceso. La situación de Camila y Ñico era un reflejo de lo que sucedía en la sociedad cubana en aquel momento. Sin perder la cubanía, sin folclorismo y cliché de comportamientos, los actores narraban o vivían escénicamente el drama de la incorporación a una vida nueva.

Verónica: Me identifico con mi Camila, esa mujer tan maravillosa, linda, bondadosa, solidaria y buena con sus vecinos. No me gusta que me la hagan «chusma». Es una mujer entera, capaz de amar a su hombre por encima de todo. No tiene instrucción. Bueno, no fue su culpa, pertenecía a una clase social que no tuvo posibilidades de estudiar. ¿Que primero habla y después piensa?, ¡sí! Ella tiene eso, nadie es perfecto. Pero la grandeza de Camila no está en su actitud externa, eso es «cáscara»; su valía está en quien es: Camila ama a su hombre y a sus santos, y si ella se hubiera ido sin creer en los santos, entonces nosotros no hubiéramos creído en Camila.

«Y ese hombre que es ganado por el trabajo, Ñico, el personaje que sufre el mayor cambio en la obra, es un protagonista maravilloso. Es lo rico de hacer un personaje: buscarle los elementos positivos a los que son considerados malos; y a los muy buenos, contradicciones, para que tengan complejidades.

«Hacer un personaje es un reto, por más vivencias que tengas, referencias. Es encarnar una persona diferente, con matices que no son los tuyos, conflictos que no son exactamente los que has vivido».

Gacio: Las transformaciones de Ñico eran las de la sociedad cubana, pero a la vez generaban desacuerdos con Camila; ella sufría todo lo que estaba pasando, no lo entendía y hacía que la contradicción fuera mayor desde el punto de vista del conflicto.

Verónica: Esa obra tiene cosas maravillosas, divinas. Una de ellas, que la hace tan importante, es que resulta precisamente el primer teatro de transición que se escribe.

Actuar, no representar

Gacio: Santa Camila de La Habana Vieja es un paradigma y un modelo de actuación. Fui alumno de Adolfo de Luis, quien hizo el primer montaje, y una cosa quedó muy clara desde el principio: la profunda caracterización psicológica de los personajes y la narración escénica, donde se mezclaban elementos del sainete popular.

Verónica: Para mí fue muy difícil interpretarla. Nunca había hecho a una cubana de esa condición: mulata de solar, urbana, santera. Pero esos protagónicos, una vez que se tienen cerca, son algo maravilloso. Aquella puesta fue fascinante, porque el teatro te permite el contacto directo con el público, y para un actor es muy necesario sentir ese vínculo tan fuerte con la audiencia. Pero no puedes trabajar pensando: «Ay, ahora voy para el teatro a hacer el mismo papel de todos los días. ¡Qué aburrido!». Así no actúas, representas.

«El actor funciona por convenciones. En un papel mi papá no es mi papá, esa no es mi familia ni mi mamá ni mis hermanos, pero tengo que asimilarlos como tal; tratar de hacerlo con veracidad para que la gente crea que sí. Enfrentar una actuación es un proceso de creación, no de demostrar, sino de interpretar».

Un antes y un después

Verónica: Es increíble: ¡50 años! Nunca haces ese conteo, y de pronto dices, ¡cinco décadas!

Gacio: Santa Camila… se convirtió en un fenómeno artístico-cultural para la nación, que se estaba desarrollando a pasos agigantados con unas posibilidades que nunca existieron anteriormente. Un suceso de público..., se hablaba de la parada del Mella como la «parada de Santa Camila»; venían personas de todos lados, de barrios periféricos de La Habana, algunos no habían ido nunca al teatro. Era un hecho muy vivo en cuanto a las reacciones populares.

Valiño: Sin dudas, Santa Camila y Aire frío, ambas estrenadas en 1962, representan dos grandes textos puestos en escena. Apenas los dividieron unos meses. Constituyeron acontecimientos artísticos y sociales en la historia del teatro cubano.

Verónica: Para el teatro, el año 62 marcó un hito. Para mi carrera también: fui una Verónica antes y otra después de Santa Camila.

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