El artista que quiero ser

El sistema de enseñanza de arte brinda a nuestros niños y jóvenes la posibilidad de una formación integral, como muestra de que, también en esta esfera, la educación cubana es patrimonio de todos

Autor:

Lourdes M. Benítez Cereijo

Dayana del Carmen Rodríguez tiene 11 años. Es alumna de la Escuela Provincial de Artes, de Artemisa, y desde los siete estudia violín. Con asombrosa convicción para su escasa edad, afirma que su anhelo es formar un grupo musical propio, ser la directora, cantar y tocar su instrumento.

«¿Cómo esperas lograrlo?», la interrogó esta redactora. «Estudiando mucho, porque esta es nuestra posibilidad de convertirnos en los artistas que queremos ser. Así nuestros padres, maestros y todos aquellos que vean cómo nos esforzamos se podrán sentir satisfechos».

Para ella, estudiar representa un enorme orgullo. «Nosotros no tenemos que comprar los instrumentos y tampoco pagar por aprender».

En medio de un contexto internacional marcado por una profunda crisis económica que afecta a la población mundial y, en especial, a niños y jóvenes en el acceso a esferas como la educación, en nuestro país se ratifica la idea de que el derecho a la enseñanza es patrimonio de todos.

José Rafael Moya, secretario docente de la institución educativa —otrora Academia Provincial de Artes Plásticas Eduardo Abela—, refiere que la escuela, con el nuevo plan que implementa este año de acoger otras especialidades artísticas como música, ballet y danza, además de artes plásticas, constituye un ejemplo de cómo el sistema de enseñanza artística se ajusta a las necesidades del país y contribuye a formar los profesionales de la futura vanguardia artística.

En referencia a la nueva concepción que exhibe la institución escolar este curso, Moya apuntó que «representa otra forma de ingreso a las carreras de arte para los niños y jóvenes que viven en zonas alejadas. Se trata de encontrar los talentos donde quiera que estén, pulirlos y desarrollarlos para tributar al patrimonio artístico y a las tradiciones culturales de los distintos territorios».

El joven de 19 años, Rolando Galindo Pérez, estudiante de Pintura, se siente dichoso. Su especialidad representa no solo una vía de expresión, sino su forma de vida. «Carreras como esta en otros países resultan muy caras y se necesita una cantidad de dinero que la persona promedio no posee. Permitirle a un niño o joven ingresar en una academia evidencia el interés que ponen en nosotros.

«Considero que la juventud cubana tiene la garantía del futuro que sueña. Es una realidad que podemos constatar siempre, en especial a principios de septiembre, cuando tantos niños, adolescentes y jóvenes ingresan en los centros escolares a prepararse para la vida».

Que no se pierda un solo talento

El 12 de agosto pasado se celebró el Día Internacional de la Juventud. Por tal motivo el Secretario General de la Organización de las Naciones Unidas, Ban Ki-moon, envió un mensaje en el cual afirmaba: «La generación de jóvenes actual, que es la más numerosa de la historia y en su gran mayoría vive en países en desarrollo, tiene un potencial sin precedentes para mejorar el bienestar de toda la familia humana. Sin embargo, son demasiados los jóvenes, incluso los que tienen un nivel de estudios alto, que se enfrentan a salarios bajos, empleos sin porvenir y tasas récord de desempleo. La crisis económica mundial afecta a los jóvenes más que a nadie y, comprensiblemente, muchos se sienten desalentados ante las crecientes desigualdades».

En Cuba, el acceso a la educación es un derecho elemental del que goza nuestra población. La enseñanza artística, importante eslabón de nuestro sistema escolar, tributa en igual medida al desarrollo económico, social y cultural del país, afianzando el relevo con nuevas luces.

Durante el acto nacional por el inicio del curso escolar 2012-2013 para la enseñanza artística, Rafael Bernal, ministro de Cultura, expresó que esta educación, «muy costosa en cualquier latitud, significa un gran esfuerzo para el Estado revolucionario, que asigna para ello cuantiosos recursos. Los procesos de selección han sido gradualmente modificados en la búsqueda de una mayor igualdad de oportunidades y para favorecer que no se pierda un solo talento, en cualquier lugar de la Isla en que se encuentre».

Así lo ratificó el alumno Lázaro Manzano, estudiante de violín de la Escuela Vocacional de Arte Paulita Concepción, del municipio de Cerro. Él aspira a convertirse en músico de la Orquesta Sinfónica Nacional y sabe que su sueño se materializará porque «no hay nada que nos impida estudiar, lo cual resulta una oportunidad que no debemos desperdiciar.    Por tenerla nos sentimos contentos».

Satisfecha también se siente Lucía Alonso —que ahora descubre los secretos de la viola— pues entiende que aunque son muchos los retos que le aguardan, ella y sus compañeros podrán convertirse en músicos sin que sus padres tengan que pagar un centavo.

El universo del saber cubano amplía sus dimensiones cada día, mostrando su empuje y capacidad de renovación. En nuestro país existen 47 centros docentes de formación artística, de ellos 21 de nivel medio superior profesional y una Universidad de las Artes ( el Instituto Superior de Arte, ISA) con una matrícula total de casi 10 000 estudiantes y alrededor de 1 200 egresados cada año, según datos aportados por el titular de Cultura.

Hacedores de sueños

Como profesora principal de lenguaje musical en la Escuela Provincial de Arte de Artemisa, labora Dorkis López Gutiérrez. La maestra no está ajena a la realidad de otras regiones donde las oportunidades de estudio se estrechan, cerrando muchas puertas.

«Aquí no solo tienen clases de manera gratuita, sino que, a aquellos que estudian música, se les garantiza un instrumento, o los implementos necesarios para cada especialidad.

«Hemos tenido casos de pequeños que viven en zonas alejadas o en lugares muy intrincados y hasta ellos llegamos, para hacer captaciones. Muchos de esos niños, la mayoría diamantes en bruto, ignoraban su potencial, y luego de ser descubiertos han podido realizarse. Esas son las maravillas de esta enseñanza», asegura.

Giselle Reyes, de 16 años, estudia artes plásticas en la especialidad de Grabado. A pesar de su timidez, confiesa a Juventud Rebelde que posee lo necesario para ser lo que realmente ella quiere y está convencida de que cada día de estudio la acerca más a alcanzar su sueño.

Por su parte, Yanelkis Fernández Pérez, jefa del Departamento de Música y profesora de piano, piensa que los estudiantes cubanos tienen un gran privilegio porque «los preparamos como especialistas, artistas, profesionales y seres humanos».

Para ella, uno de los momentos más sublimes de su profesión ocurre en el momento que se hace la captación o las pruebas de aptitud a niños que desconocían su potencial, pues «nosotros nos convertimos en una suerte de hacedores de aparentes quimeras».

Caminan con paso seguro nuestros niños y jóvenes. Sonríen. Llevan las mochilas cargadas de libros, sueños y voluntad. La imagen se repetirá diariamente.

Estas son historias que se repiten en alumnos y profesores. Una verdad irrefutable; la mejor confirmación de las palabras del Ministro de Cultura cuando expresó: «La garantía del acceso a la enseñanza no es patrimonio personal ni expresión de favoritismo de ninguna índole, es una muestra inequívoca de lo que son los derechos humanos en la cultura del país».

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