La nueva película de Alejandro Gil

El filme aborda desde la ficción pasajes de la guerra en Angola, a partir de las motivaciones que nos conforman como seres humanos

Autor:

Jaisy Izquierdo

Alejandro Gil, el autor de La pared, vuelve a la carga con La emboscada, un filme producido por el Icaic que difiere en su estética y devenir narrativo de su predecesora, y prefiere anclarse desde la ficción en un pasaje de nuestra historia reciente, tan significativo como lo fue la guerra de Angola.

Los orígenes de esta nueva entrega, que ya terminó su rodaje, se remontan a los años en que Alejandro trabajaba en los Estudios Fílmicos del Minfar, cuenta. «Eran los inicios del período especial y se requerían proyectos de bajo presupuesto, por lo cual propuse la idea de unos pocos personajes saliendo y entrando en una misma locación, que transformé en una trinchera en la que quedarían confinados a partir de una emboscada.

«La Fílmica cerró y el argumento se postergó. Luego entré a la Televisión y le di a Ernesto Daranas el argumento de aquello que, en un inicio, iba a ser un corto de ficción. Desde entonces han sido cinco años trabajando y así el guión fue creciendo y madurando a la vez».

En cuanto a la selección de los actores, Gil admite que fue «entrar en un laberinto difícil de acotejar, en función de unir esa idea mental que uno se representa para dar rostro al personaje, y hallar un espacio entre los compromisos que los actores ya tienen fijados. Con dos telenovelas trabajando que consumen una cantidad de actores tremenda, más sus responsabilidades en otras esferas culturales, fue arduo construir un casting interesante y armónico. Logramos finalmente contar con Tomás Cao, Patricio Wood, Caleb Casas, Armando Gómez, Orián Sánchez y Néstor Jiménez, quienes han logrado una hermandad que le viene muy bien a la premisa de la película».

A Néstor Jiménez no le resulta del todo ajena la experiencia de interpretar al teniente líder de una pequeña tropa de cubanos que se pierde en una selva de Angola: «Fui a Angola en los 80. Era actor del Grupo Político Bertolt Bretch. Fuimos allá como parte de una brigada artística y estuvimos alrededor de un mes con los soldados cubanos, por eso esta ropa de campaña me es muy familiar».

Néstor, quien ya había colaborado con Alejandro Gil en su reciente telefilme Extravíos, advierte que el guión de La emboscada le pareció «muy interesante, pues en él se brinda una visión del comportamiento humano en condiciones extremas, donde la guerra es el pretexto para demostrar cómo somos capaces de actuar en medio del calor, la soledad o la escasez de agua y alimentos. A pesar de que de alguna manera hay armas, disparos y combates, creo que es un cine de guerra muy diferente al que se ha hecho hasta ahora en la Isla».

Aclara Alejandro Gil que «aunque la cinta se mueve en un terreno bélico como trasfondo, no estaremos en presencia de una película al estilo de Kangamba o Algo más que soñar. Cuando cuatro hombres sobreviven gracias al azar, y mueren el resto de los emboscados, entonces el cómo y el cuándo van a salir de esa azarosa circunstancia es lo que empieza a corroborar las personalidades de cada uno de ellos, sus enfrentamientos y la necesidad de unidad».

Caleb Casas también nos da algunas coordenadas del impetuoso Javier. «Es carismático, un líder innato pero a la vez muy autosuficiente, irreverente, y tiene un conflicto intergeneracional muy grande con el personaje que interpreta Patricio Wood».

Cuenta además que su personaje transita «por tres momentos fundamentales: antes y durante la guerra, donde acontece el 90 por ciento de su historia, y una secuencia en la que pasaron 30 años. Esta última escena, en que aparece un Javier más maduro, tuvo que hacerla mi papá, quien debuta en el cine».

En este vaivén de tiempo, donde envejecen y vuelven a aparecer rejuvenecidos los personajes, tuvo mucho que ver la maquillista Magdalena Álvarez, quien acumula una vasta experiencia de 40 años en el Icaic. «Anteriormente había trabajado en cintas como Kangamba y Caravana, que guardan mucha similitud en cuanto a la caracterización de las condiciones de guerra: barbas, arañazos, ojos enrojecidos por la falta de sueño, resequedad de labios, y hay que llevar un registro de todo lo que va pasando con la piel por las quemaduras del sol, el frío de la noche y las diferentes heridas», explica la también ganadora de un Goya por Tirano Banderas.

Las escenas más difíciles están conferidas a la trinchera. Allí se ponen a prueba los perfiles psicológicos de los personajes que sobreviven a la emboscada y las actitudes de los cuatro actores que los encarnan.

Es posible que tengas un familiar o un amigo con heridas de guerra, físicas o mentales, pero también uno como actor debe intuir sus reacciones propias si le sucediera algo así, explica Caleb y añade que para la preparación de su personaje se apoyó en las numerosas películas bélicas donde pueden apreciarse todas las angustias que castigan los pensamientos del personaje.

Muchos de estos temores quedarán atrapados en ese hueco al que estaban confinados, que para Alejandro Gil se vuelve, en cierta medida, una metáfora. «La película sale y entra del hueco, y también se traslada a la familia, al pasado que construyeron y reflejan ahora con sus diferentes posturas ante la realidad adversa. Esos viajes en el tiempo tienen que ser muy certeros porque explican situaciones del presente...

«Creo que es una película intensa, pero a la vez hermosa, que habla sobre el amor, el perdón, la necesidad de comprender al otro; sobre el diálogo y la concurrencia de las distintas motivaciones que nos conforman como seres humanos. No somos monolíticos».

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