En el camino del tiempo y las cuerdas

Cuatro muchachas reviven la historia de la música de cámara cultivada por mujeres en Camagüey

Autor:

Yahily Hernández Porto

CAMAGÜEY.— Cuatro jóvenes agramontinas: Yadys Marsal Nicolaes, Daylet Margarita Castillo Concepción, Lohengrin Leal Vega y Giselle Ley Vega, reviven la historia de la Música de Cámara en Camagüey, al evocar con su alianza en este género al desaparecido cuarteto Unión, también integrado por mujeres.

Las «atrevidas» muchachas, miembros de la Asociación Hermanos Saíz (AHS), son las creadoras del cuarteto Tempo di Corde, único de su tipo en Camagüey. Estas artistas han logrado una comunidad de intereses estético-musicales que les ha permitido trascender como un cuarteto de lujo.

La asimilación del variado repertorio, integrado por obras de compositores nacionales y extranjeros de prestigio mundial, les impone el reto de integrarse, interpretar y descifrar una elevada complejidad creativa.

Estas jóvenes han unido su talento artístico para rescatar una tradición en Camagüey que ha sido un espacio casi exclusivo de hombres o de grupos donde uno y otro sexo se dan la mano.

Ellas rompen las costumbres de antaño porque prefieren andar, muy unidas, los delicados y complejos caminos de las cuerdas, para cultivar la música de cámara en absoluta compañía de violines, una viola y un violonchelo.

—La variedad de géneros y compositores incluidos en su repertorio les ha permitido contar con un público creciente y ser reconocidas por la crítica especializada. ¿Cuál ha sido el secreto para lograrlo?

—La juventud y preparación que tenemos son puntos a favor, pero el esfuerzo colectivo por seguir perfeccionando el trabajo en función de Tempo di Corde y las recomendaciones profesionales de los más avezados y experimentados en el tema, han sido los caminos más favorables para esas buenas críticas y reconocimientos, comentó Yadys (violín), directora del cuarteto.

Para Giselle (violonchelo) «el secreto está también en la pasión por lo que hacemos, porque si algo nos une es la música de cámara. El cuarteto se convierte para cada una de nosotras en algo muy bueno en nuestras vidas, y eso es como un aguijón para lograr la perfección en nuestro trabajo, que no termina, porque lo que nos impulsa es mejorarlo con cada ensayo y presentación».

—Di Tempo… con solo un año de fundado cuenta con un  repertorio amplio y diverso. ¿Sesenta obras no es una cifra que pueda atentar contra el trabajo de excelencia y de perfección?

—No es la cantidad, sino la intención y métodos con que trabajamos lo más importante. No hay obra interpretada sin antes ser estudiada por cada una. La dedicación es parte del cuarteto, como un miembro más de él. No hay novedad en lo que hacemos, sino en el ensamble del cuarteto en cada obra; ese es el secreto de Tempo di Corde, insistió Lohengrin (viola).

Daylet (violín), resumió: «Nuestros estudios profesionales previos a la creación del cuarteto han sido de gran ayuda. El repertorio desarrollado en Di tempo… de alguna manera fue conocido, estudiado y trabajado con anterioridad durante nuestras vidas. Actualmente lo que hacemos es buscar el ensamble acorde a las obras, para lograr un sello distintivo».

—Muchos son los compositores asumidos por ustedes. Sin embargo, en sus funciones siempre repiten Bella Cubana, de José White; La Comparsa, de Ernesto Lecuona. ¿Por qué?

—No renunciamos a ellas porque somos cubanas, y esa es nuestra identidad. Tampoco es una camisa de fuerza, pero el público prácticamente exige que las interpretemos. Incluso después de concluida la función, muchas veces por petición masiva accedemos y complacemos, y si a esto le sumamos que siempre sentimos satisfacción al interpretarlas, entonces compartimos el deseo, valoró Yadys.

Si se les pregunta cómo ha sido este trabajo en manos exclusivas de mujeres jóvenes, sus beneficios y barreras, Giselle responde: «Primero percibimos desconfianza, sobre todo por ser jóvenes, después asombro y actualmente respeto por el trabajo que desarrollamos».

Yadys reconoce que «hubo menosprecio en los inicios y puertas que se cerraron, pero eso quedó atrás, porque quienes no creían posible que la juventud del cuarteto se impusiera, hoy nos las abren. Ser mujer también nos prueba, porque hay deberes familiares y roles que asumimos, pero nos apoyamos y salimos adelante».

—En el largo camino hasta el reconocimiento de Tempo di Corde, ¿a quiénes agradecen?

—A nuestras familias —dijo Lohengrin—, sin olvidar el apoyo incondicional de la Asociación Hermanos Saíz y la Casa del Joven Creador, que siempre nos respaldaron.

«Hay muchos amigos que confiaron desde el principio; para ellos nuestro agradecimiento, por ser parte de este proyecto juvenil y femenino», expresó Daylet con satisfacción.

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