Encender las estrellas y seguir

La trovadora y maestra cubana Teresita Fernández cumplió este jueves 82 años de vida

Autor:

Lourdes M. Benítez Cereijo

Pocas veces se tiene la oportunidad de conocer a personas que parecen salidas de algún antiguo libro de magia. Casi sin darnos cuenta, somos «tocados» por seres que van por el mundo sembrando sonrisas, canciones y esperanza, para después recoger ese fruto maravilloso que es la vida misma.

A sus 82 años —cumplidos este jueves— la trovadora Teresita Fernández sigue tocando corazones, porque el tiempo no le ha borrado la capacidad de asombro ante las pequeñas cosas, ni la mirada curiosa de los inquietos juglares.

Con casi 60 minutos de antelación llegó esta redactora hasta la morada de la maestra que canta. ¡Prodigioso desacierto con la hora, que me permitió explorar algunos paisajes de la consagrada autora!

Al encontrarla en su lugar de reposo pude comprobar su incólume sentido del humor, la hospitalidad y la sencillez que la han caracterizado. «No tengo ninguna canción favorita porque todas son especiales como la vida misma», aseguró.

La conversación con Teresita fluyó entre canciones. Tal vez no con la claridad de antaño, pero sí con la misma dulzura, me regaló fragmentos de temas como El conejito majadero, compartió la historia de su gatico Vinagrito y evocó los paseos con su padre por las lomas de su natal Villa Clara.

«Soy como la Raíz sedienta», dijo en referencia a una de sus composiciones que reza: «soy piedra distinta, raíz sedienta, que puedo morir de amor con llama quieta».

La voz de Teresita Fernández es un sonoro repositorio de sentimientos, y sus manos —ahora sin su entrañable guitarra— se muestran como arcas donde caben todas las historias del universo.

La quietud de su casa, misterioso espacio tangencial al tiempo, solo fue alterada por una tropa de niños felices de corazón, que llegaron para felicitar a Teresita y compartir junto a ella algunas de sus creaciones más queridas.

Luego de agradecer, la cantautora exhortó a los pequeñines a ser siempre buenos, pues «esa es la única forma de ser feliz».

Teresita Fernández abrazó otro aniversario. Los niños le provocaron lágrimas de alegría y ella me obsequió la esencia que palpita en sus canciones: «Si es mi destino sembrar la flor y seguir,/ si vine sola a encender las estrellas y seguir,/ si la rosa es de su color fugitivo,/ si el viento pasa fugaz,/ si el mar con sus olas se va hasta el horizonte,/ si la luz un instante se queda en la sombra/ por qué habría de quedar yo sola./ Si es mi destino cantar con alas,/ si mi canción pasa y vuelve cansada,/ seguiré con las cosas que tienen aroma de eternidad...».

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