El alma ha de quemar

Artistas cubanos de la plástica dialogan acerca de la manera en que perciben la vida y obra de José Martí para llevarla a sus creaciones

Autor:

Lourdes M. Benítez Cereijo

Todo está dicho ya; pero las cosas, cada vez que son sinceras, son nuevas», apuntaba José Martí. Será por esa razón que sin importar cuántas veces el legado y la imagen del autor de La Edad de Oro sean retomados, asimilados o reinterpretados, siempre habrá un destello de advenimiento, un atisbo de genuina sorpresa.

A 160 años del natalicio del Héroe Nacional, su vida y obra continúan mostrando con hondura las claves para descifrar los caminos de la verdad y la razón. Ya sea en el campo de las artes, las ciencias, la fe, la lucha o la urgencia cotidiana; cada cubano va en busca de su Martí.

El Maestro asoma en todos los frentes y, desde la altura de su tiempo, interpela, cuestiona, dialoga, enseña... Juventud Rebelde conversó con tres artistas de la plástica, de diversas generaciones y con formas muy distintas de asumir, como cubanos, su compromiso martiano.

Siempre algo nuevo

Nutrida de múltiples enfoques e interpretaciones, la iconografía martiana ha ocupado un sitial en las artes plásticas cubanas, para tomarle el pulso al tiempo.

El creador Kamyl Bullaudy se considera un verdadero apasionado del legado de José Martí. Ha confeccionado más de 2 000 obras con la imagen del Apóstol en todo tipo de soportes, tamaños, formatos y técnicas, lo que lo convierte en el pintor que más ha trabajado su figura.

Kamyl no ha parado de dibujarlo. «Fue como tener sed y tomar agua; sentí un inmenso alivio y placer. Había encontrado un tesoro. Pero, más que pintarlo, lo que hago es interpretarlo. Me remito a su obra y busco pasajes para crear. Con él sucede algo especial: por mucho que uno trabaje en la misma iconografía jamás será igual, porque Martí es tan profundo que no hay posibilidad de reiterarse».

—¿Cómo es la experiencia de redescubrir continuamente el espíritu de un hombre tan universal?

—Es una labor exigente desde todo punto de vista. Martí es una gran puerta y él nos invita a cruzar el umbral. Al pasar esa entrada te sumerges en otra dimensión, donde todo tiene un nuevo sentido. Ahí encuentras una solución y un consejo para cada momento. Te da fuerzas.

La mejor manera de decir

Alejandro Darío, joven artista de la plástica, considera que reflejar a José Martí en su obra no es una tarea rigurosa. «No lo asumo como algo difícil, porque la esencia de Martí es la humanidad, la lucha por un hombre mejor y por una Cuba mejor».

Si bien en todo el conjunto de su obra está latente la esencia martiana, hay una zona de su labor pictórica dedicada precisamente a «retratar» al hombre del Ismaelillo, aunque desde una arista diferente: mediante algunos lugares importantes de la vida de Martí como la casa donde nació, el colegio donde se formó como estudiante y la oficina donde desplegó gran parte de su quehacer universal.

La serie titulada Sitios fecundos y un hombre universal constituye un homenaje singular, pues valiéndose de la representación de esos espacios fundamentales, Alejandro Darío no solo acerca al observador a momentos cruciales de una historia, sino que lo lleva a imaginar al niño Pepe o al adulto revolucionario escribiendo, estudiando, creando... Es un intento de «vivir» a Martí con la imagen.

Asimismo, su interpretación del rostro del Héroe Nacional tampoco escapa a la idea de lo diferente. Al respecto, el novel artífice explica que su enfoque contrasta con la imagen que estamos acostumbrados a ver. «La interpretación que hago es bastante enérgica y fuerte. Se aleja de esa visión siempre pausada, tranquila y serena. Este Martí es impetuoso. Mi intención era visualizar un hombre no solo de pensamiento, sino de acción».

A 160 años de que viera la luz el más universal de los cubanos, se impone preguntarse: ¿Cómo es el José Martí que cada cubano de estos tiempos debería llevar en la palabra, el pensamiento y la acción? ¿Cómo deben las jóvenes generaciones asumirlo?

Alejandro tiene muy clara la forma en que se debe percibir a Martí: con hechos y acciones. «Cuando pienso en su vida y obra me dan deseos de crear. Me estimula. Siento que la mejor forma de rendirle tributo no está solo en las palabras y los discursos, sino en el ejercicio. Por eso mi práctica es mi obra, y en ella quiero reflejar la importancia de “hacer”.

«Es vital ir en busca de la persona, acercarnos al mortal de carne y hueso. Tenemos que explorar los sentimientos, porque al intelectual, político, poeta y luchador, ya creemos conocerlo. Por eso se nos distancia el elemento humano y no somos capaces de encontrar el nexo que nos ayude a visualizar al hombre de acción».

Asir la luz

Afirma el pintor, dibujante y escritor José Luis Fariñas que antes de saber de  los polos magnéticos, llegó a él la imagen serena y profunda de Martí.

«Él es uno de los raros casos ejemplares en que el poeta y el héroe se combinan de un modo natural en una persona; profeta, artista y guerrero en una sola pieza, una increíble medalla de tres caras».

La dualidad de escritor y pintor hacen que José Luis Fariñas vea a José Martí a través de un catalejo singular. Esa visión le proporciona la inusitada fertilidad de escribir con los pinceles y hacer poesía con los colores.

En su opinión, para reproducir realmente la imagen del Maestro habría que ser una especie de iluminado; y aunque él piensa que esa virtud no le ha sido concedida, en los retratos de Martí que ha realizado se adivina un insondable rastro de misterio.

Sentir con entrañas de nación

Tres hombres, tres artistas, tres universos... Vienen de tiempos distintos, pero marchan a la vanguardia de los que comulgan, en el lienzo y el pensamiento, con la utilidad de la virtud.

Las líneas de sus mapas les han trazado caminos diferentes. Sin embargo, esa tríada artística confluye en la vocación martiana: «El alma ha de quemar, para que la mano pinte bien. Del corazón no ha de sacarse el fuego, y poner donde él un libro. El pensamiento dirige, escoge y aconseja; pero el arte viene, soberbio y asolador, de las regiones indómitas donde se siente».

Como una deuda de gratitud que todo cubano tiene, asume Kamyl Bullaudy la labor de llevar la iconografía martiana a su obra. «Por mucho que me esfuerce y lo pinte, jamás voy a saldar esa deuda. Su legado es un libro de vida que debemos leer sin fanatismo y con los pies en la tierra, según las perspectivas y el alcance de cada cual. Con eso se irán abriendo más senderos».

Alejandro Darío está convencido de que nuestras acciones deben girar en torno al propósito de mantener vigente todo el significado de José Martí para Cuba y América Latina. «Que los jóvenes nos mantengamos fieles a ese legado garantiza la continuidad de las ideas verdaderamente revolucionarias».

Por su parte, José Luis Fariñas asegura que con profundo amor al ser humano y no poco riesgo personal, «podemos aún salvarnos del abismo de estos tiempos. Solo podemos aproximarnos a Martí. Y es más difícil en estos tiempos de río crecido, cuando el recogimiento necesario para intentarlo de corazón, siquiera durante algunos minutos, pareciera hacerse cada día más inalcanzable. Pero es precisamente por ello que ese afán de redescubrimiento puede alcanzar alturas extrañas, si se practica con un ímpetu sincero de desprendimiento y de aprendizaje».

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