Moncada a sus 40 - Cultura

Moncada a sus 40

Jorge Gómez, líder del grupo, asegura que este tiempo en los escenarios ha estado lleno de energías positivas; de ahí que han decidido encontrarse nuevamente con el público en una gira que culmina a mediados de febrero

Autor:

Yelanys Hernández Fusté

Moncada es un grupo esencial para conocer de primera mano todo ese movimiento musical que se gestaba en la Isla a inicios de la década de 1970. La formación musical surgió al calor del movimiento de artistas aficionados de la Federación Estudiantil Universitaria y llegó a la escena musical nacional con un sello propio, anclado en esa búsqueda constante de lo cubano.

Sus miembros cursaban precisamente la universidad cuando decidieron crear la agrupación, y fue ese interés colectivo por reflejar el caudal artístico de la nación, una de sus características fundamentales.

Pero Moncada nace una y otra vez en sus músicos —en cuyo staff no debe olvidarse la presencia de Augusto Enrique y Edesio Alejandro—, y en sus canciones, las cuales constituyen un símbolo para quienes desde la adolescencia, la juventud y la etapa adulta, han vivido decenios como los 80, los 90, y los 2000.

Ya sea en Mama hué, Mágica o Cantándole a la vida —todos temas imprescindibles que identifican al grupo en estos 40 años de existencia—, Moncada sigue palpitando. Y una muestra de ello son los conciertos que por toda la Isla realizan desde enero último. Recuerdan en esas presentaciones a ese hombre inmenso que es José Martí, en el aniversario 160 de su natalicio. Jorge Gómez, líder y fundador del grupo, dialoga con Juventud Rebelde sobre este y otros proyectos.

—¿Cuánto ha significado para la orquesta estas cuatro décadas en el escenario?

—Más que todo, un asombro. Algo que no imaginamos ni en los sueños más optimistas. Porque, si bien es cierto que desde el primer ensayo en los salones de la TV Universitaria, nos tomábamos la cosa muy en serio, como si estuviéramos haciendo algo trascendente, la diferencia entre esa voluntad y el hecho de que efectivamente algunas cosas de esas que has hecho empiecen a trascenderte, es la que hay entre enamorarte de alguien y vivir una vida larga y amorosa con ese alguien.

«Sientes un extraño estremecimiento cuando tanta gente diversa te muestra su cariño, su admiración, algunos, incluso, un inexplicable agradecimiento. Te recuerdan cosas que ya habías olvidado, y hasta inventan acontecimientos que los vinculan contigo. Y eso suele sucederte en los más insospechados lugares. ¿Te imaginas? ¿Cómo puedo hallar el exacto significado de todo eso?».

—¿Cómo han celebrado este aniversario?

—Ha sido, hasta ahora, un programa muy intenso. En mayo último, durante Cubadisco, hicimos un concierto en el teatro Mella con muchos buenos amigos de antes y de ahora, que la televisión transmitió en su momento. En esa actuación recibimos el Premio de Honor Cubadisco, además de múltiples reconocimientos del Ministerio de Cultura y del Instituto Cubano de la Música, entre otras instituciones.

«En septiembre, regresamos a China, para continuar el trabajo que hemos realizado allí desde 2008. Presentamos un nuevo álbum (el número 19), que se llama En el mismo lugar. Y desde finales de enero, y durante todo febrero estamos llevando a cabo nuestra gira nacional».

—Cuando hablamos del movimiento de artistas aficionados en el país, ¿cuánto cree que le falta para alcanzar el impacto que tuvo en etapas anteriores?

—Como tú dices, aquel movimiento de aficionados universitarios de los 70 tenía un incuestionable impacto entre los estudiantes, y obtuvo, por méritos propios, sus espacios en la televisión, lo que funcionaba como un multiplicador de gran importancia. No creo que los aficionados de ahora tengan menos talento o sean menos tenaces que los de entonces.

«Yo, por ejemplo, conozco un par de grupos con enorme talento y no menor tenacidad. Me refiero a Miel con Limón y Polaroid, ambos dentro del enorme marco de la música pop-rock. Está la Coral Universitaria, el Conjunto Alma Mater, el Folklórico Universitario, y al menos tres formidables solistas con los que hemos compartido algunos escenarios. Por lo que, si tú me obligas a decirte qué les falta (no a ellos, sino a esos aficionados en general), te diría que, más que cualquier otra cosa, apoyo... que no es un local de ensayo, algunos instrumentos, alguna programación, algún premio en un festival.

«Es, sobre todo, la clara conciencia de las instituciones encargadas del desarrollo de ese movimiento, y de los mecanismos difusores, de que ahí tienen una herramienta poderosísima de integración de los jóvenes con su entorno social, un arma decisiva en la lucha (muchas veces solo programática, cuando no burocrática) contra el mal gusto, la seudocultura, la globalización fácilmente digestible…

«No se me ocurre que haya que volver al pasado para nada, pero, para seguir con los ejemplos, en los primeros años de la década del 70, la Televisión Universitaria —una rama de la dirección de Extensión Universitaria de la Universidad de La Habana— transmitía media hora diaria a través de un canal nacional de televisión.

«Los domingos, bajo el nombre de Siempre en Domingo, hacíamos un programa realizado en lo fundamental con aficionados universitarios (a los cuales acompañaban, alguna vez, aficionados de los preuniversitarios, tecnológicos, etc.). Lo recuerdo muy bien. Fue una ventana por la que se asomaron en sus primeras presentaciones en la difusión nacional, entre otros, Virulo, Amaury Pérez, Vicente Feliú y los grupos Moncada, Mayohuacán, Manguaré y Sierra Maestra. Habrá que pensar algo nuevo, pero debería hacerse cuanto antes».

—La música cubana actual genera debates interesantes. Cuando tocamos el tema de la chabacanería y la vulgaridad en algunos textos que escuchamos, ¿es usted de los que piensa que podemos revertir ese problema? ¿Cuál, a su juicio, es la solución?

—Comienzo por el final. Te agradezco que pienses que el problema puede tener una solución. En realidad, me adjudicas una capacidad que no tengo ni remotamente. ¡Ojalá la tuviera! Aunque fuera muy difícil, y tomara todos mis modestos recursos intelectuales y el escaso tiempo que tengo. Pero me temo que es mucho más complicado hallar la solución. Obviamente, no está a mi alcance, y creo que nos tomará a todos mucho más tiempo del que suele parecernos. No está tampoco en unas solas manos, en un sector, ni en una esfera social determinada.

«Aunque parezca hiperbólico, en esa solución tendrían que intervenir muchos factores de todo tipo, incluido el afrontar sin prejuicio algunas deficiencias acumuladas no solo en los planos del desarrollo económico y las estructuras sociales, sino, y sobre todo, en el de los componentes de la espiritualidad más cotidiana.

«Siguiendo en orden inverso tus preguntas, por supuesto pienso que sí. Que no solo podemos actuar con éxito en ese sentido, sino que estamos obligados todos a actuar en esa dirección. Si no pensara así, ya estaría buscando otro tipo de oficio.

«Y, por último, aunque sean lo más visible, la “chabacanería y la vulgaridad en algunos textos” con todo lo reprobable que puedan ser, y con cualesquiera que sean las medidas que puedan ser tomadas para neutralizarlas, no son los componentes fundamentales del terreno que hay que desbrozar. A mí me parecen más bien una consecuencia de otros componentes sociales».

—¿Qué proyectos inmediatos tiene Moncada?

—Como te decía, después de la gira, estaremos en el proceso de filmación de un largometraje musical (un filme de ficción) con un guión que me valió el Premio Cinergia en 2006, en el que el grupo tendrá mucho trabajo, incluido Tony, el vocalista, que interpretará el personaje central de la cinta. Debemos regresar en el verano a China. Y luego suponemos que vendrán los momentos de la promoción de la película, que estará terminada antes del Festival del Nuevo Cine Latinoamericano de 2013.

«Junto a todo eso, nos presentaremos, como siempre, todos los domingos en la noche en el restaurante 1830 junto a los bailadores de casino, y los miércoles alternos en una peña hermosa y familiar que desarrollamos en la Casa del Alba Cultural».

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