Estatuas vivientes animan la Habana Vieja

Los que transitan por esta zona de la capital pueden admirar a jóvenes artistas personificando estas estatuas, que pueden permanecer inmóviles durante horas

Autor:

Juventud Rebelde

Las estatuas vivientes de La Habana Vieja añaden atractivos al peculiar paisaje de esta zona capitalina, declarada patrimonio mundial.

Considerados magos del disfraz y la paciencia, jóvenes artistas dedican parte del día a la preparación de su atuendo y maquillaje, para permanecer inertes durante horas al sol, y ante la mirada de asombro de vecinos y visitantes.

Personajes típicos y otros surgidos de la fantasía asoman en las escenas de una de las zonas más turísticas de Cuba, mezcla de estilos arquitectónicos y testigo de diversas épocas.

En los alrededores del hotel Ambos Mundos, preferido por el escritor estadounidense Ernest Hemingway (1899-1961) durante sus viajes a la isla, causan admiración en medio del bullicio habitual de un sitio atiborrado de personas en movimiento.

En contraste con las vistas de sus pasajes estrechos colmados de insaciables caminantes, aparecen figuras inmóviles y sin articular palabra, ropajes y cuerpos coloreados los distinguen en un ambiente de tradición.

Luego de estudiar teatro en Argentina, Marcos Fontané muestra ahora su arte en el centro histórico de la capital cubana, sin necesidad de memorizar o repetir texto alguno.

Y aunque prefiere permanecer callado, confesó que puede resistir hasta tres horas en una misma pose, totalmente expuesto a las miradas de curiosos transeúntes, indicó PL.

Disfruto —dijo—, trabajar para los niños, por lo que doy rienda suelta a la imaginación.

Cubierto con polvo de pintura color plata -rostro, manos y traje- adorna su vestuario con flores de llamativas tonalidades, dispuestas alrededor del cuello.

Se necesita gran preparación previa y mucha concentración para cautivar al público en un sitio repleto de historia, subrayó.

Esta vertiente expresiva cuyo origen se asocia a las antiguas civilizaciones griegas y egipcias, está de moda en muchas urbes modernas, pero en La Habana Vieja, declarada Patrimonio de la Humanidad desde 1982, es un verdadero espectáculo iniciado en fecha reciente.

Próximos a la animada Bodeguita del Medio, o a los restos de añejas murallas, los personajes estáticos seducen sin acordes ni más atributos que el propio cuerpo, retocado con tintes y en ciertos casos con barro.

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