Mucho más que un coro

La agrupación coral Voces de Ébano surgió hace apenas tres años y está integrada, en su mayoría, por jóvenes instructores de arte pertenecientes a las Brigadas José Martí

Autor:

Javier Roque Martínez

De una casa de aspecto frío y desolado, apenas adornada, con unas paredes descascaradas y un piano ya viejo que tal vez algún día inundó de armonías sus espacios interiores, nace una melodía suave. Se trata de Mercedes, un clásico dentro del repertorio cubano, una pieza con sabor criollo que solo puede ser interpretada por quienes sientan el ajiaco de nuestra cultura.

Pero el coro Voces de Ébano, formado hace apenas tres años e integrado en su mayoría por jóvenes instructores de arte pertenecientes a las Brigadas José Martí, tiene ese don. Armados solamente con su disciplina y amor por el arte, estos muchachos decidieron embarcarse en una travesía musical que los ha hecho crecer como artistas y seres humanos.

«Voces de Ébano surgió con la idea de superarnos profesionalmente los miembros de la Escuela de Instructores de Arte de la primera graduación. Al principio solo practicábamos los martes en la Casa de Cultura de Arroyo Arena, en La Lisa. Comenzamos a trabajar lo relacionado con la técnica vocal y nos centrábamos más en la labor con los niños y el repertorio infantil», cuenta Eduardo Jiménez, «Monchy», director de la agrupación.

«Más tarde decidimos tomárnoslo con más seriedad y defender un repertorio de mayor calidad. Entonces empezamos a ensayar dos días a la semana y a abrirnos a otros estilos musicales».

A fuerza de tesón y con la premisa de mejorar cada día más, se fue haciendo palpable el progreso. Gracias a eso llegaron las invitaciones para diferentes eventos, en los cuales han podido compartir escenario con reconocidos coros, tanto nacionales como internacionales.

Danay Gómez Jorrín, estudiante de cuarto año del Instituto Superior de Arte (ISA) y miembro de Vocal Leo, es también, como Monchy, un miembro indispensable en la agrupación. Ella es la encargada del asesoramiento musical, la profe que, según sus compañeros, «nos “pone el dedo” a veces, pero siempre para nuestro bien».

«Conocí al coro casualmente. Quedé muy impresionada al ver que jóvenes de su edad se interesaran por este tipo de música, y más si se tiene en cuenta que el movimiento coral de aficionados en Cuba no goza de la salud de años atrás. Y con un grupo así ¡cómo no sumarme!».

Sin embargo, no todos los miembros de Voces… son instructores de arte. Algunos se incorporaron por iniciativa propia, por inquietud artística y deseos de demostrar lo que son capaces de hacer con verdadero interés. Ese es el caso de Efraín Galindo y Denis Oria, conocidos dentro del grupo como «los infiltrados».

«Soy realizador de audiovisuales. Creo que la educación vocal es muy difícil, sobre todo cuando no cuentas con una preparación de cinco años en un instituto, pero aquí he aprendido muchísimo», comentó Galindo.

Denis, por su parte, es más veterano en el quehacer musical. Integrado desde hace más de 12 años al trabajo con cuartetos, afirma que el coro ha sido su primera escuela. «Todavía recuerdo la primera vez que los vi. Quedé asombrado de la calidad que mostraban».

Pero este proyecto es mucho más que dos encuentros semanales para entonar sones de ayer y de hoy. Y es que Voces… se ha convertido, además, en un grupo de amigos que comparten el gusto por la música tradicional cubana.

Muchos de estos tenores y sopranos guardan dentro de sí otra pasión: la de enseñar. Esa es su verdadera razón de ser. Así, luego de concluidas las prácticas corales, cada uno de estos muchachos asume el deber que ha contraído con su comunidad al convertirse en instructor de arte. Los tablones, los lienzos, los instrumentos musicales y las cuartillas se transforman entonces en su arma más poderosa, y los niños en su dispuesto ejército. Fe de ello da la joven Daymaris González García.

«Estoy entre las cuatro profesoras que atendemos el proyecto de guitarra Vocal Clave de Sol, en el municipio de La Lisa. Al principio solo contábamos con 12 pequeños y con un Joven Club de Computación en muy malas condiciones como sede, pero gracias al apoyo de los padres logramos remodelar la locación. Ahora tenemos 174 guitarristas agrupados en cinco grandes orquestas».

Claro que, en ocasiones, los instructores de arte no se sienten suficientemente reconocidos en la dinámica cultural contemporánea, cuando no debería ser así. ¿Por qué? Porque son ellos quienes velan por el protagonismo de la cultura comunitaria y por el desarrollo artístico de muchos jóvenes a todo lo largo y ancho del país.

La falta de apoyo de la comunidad y algunas instituciones es otra de las adversidades que se le presentan a los profesores y también al coro. A decir de sus integrantes, no cuentan con las condiciones ni los medios necesarios para ensayar ni realizar presentaciones en su Casa de Cultura, debido a las pésimas condiciones en que esta se encuentra.

Se acerca la hora de terminar los ensayos y, sin embargo, nadie está pendiente del reloj. Al contrario. La una de la tarde los sorprende totalmente absortos en Mercedes, esa pieza que han practicado sin cesar hasta interpretarla casi a la perfección.

Llegado el momento de despedirse, los jóvenes instructores se separan y toman los caminos de vuelta hacia sus hogares, apenas conscientes que atrás queda sola, sumida en el silencio, la casa de paredes desnudas y apariencia frugal; esa que solo cobra vida cuando resuenan, en sus interiores, las voces de ébano.

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