Toda una vida por el teatro

El destacado artista Pablo Cáceres Paredes conversa con Juventud Rebelde sobre sus inicios en este arte

Autor:

Yuniel Labacena Romero

Conserva la mirada espléndida y pícara de cuando era un niño. Grande fue su descubrimiento al incursionar en el teatro; desde entonces, aquel ánimo impaciente se cautivó con el arte de las tablas.

En su faz pueden reconocerse el Negrito, el Gallego y la Mulata del teatro vernáculo en Cuba. Y un poco más acá comienza la interminable galería de personajes, títulos y autores que tantas veces le han robado el sueño en ese hábito de la lectura que aprehendió también.

La figura de Pablo Cáceres Paredes, conocido en San Cristóbal por Pepe, es ejemplo de talento y constancia con más de 65 años dedicados al arte y a la enseñanza de las nuevas generaciones, en un municipio que continúa en la actualidad entre los de mayor tradición en cuanto a las artes escénicas en la región de Vueltabajo.

Jovial, lleno de anécdotas, Pepe posee entre todos sus méritos, uno de gran valía para estudiosos e investigadores del tema, pues cuenta con un archivo completo de la historia del teatro en San Cristóbal, con una acabada documentación teórica y gráfica del desarrollo teatral.

Al evocar sus inicios en el teatro, Pepe cuenta que desde niño asistía a los espectáculos artísticos de las compañías nacionales que pasaban por la zona y que luego, en casa, los repetía ante la presencia de familiares y amigos.

«Arango, Luz Gil, Enrique Arredondo, Rita Montaner, Armando Soler, Blanquita Becerra y Salazar, son algunas de las personalidades vistas en las sedes de la época. Fui protagonista de varias presentaciones, declamador destacado en la escuela, donde merecí premios y elogios de parte del claustro de maestros y espectadores.

«Ya joven, mi inclinación por el teatro también creció y, sin abandonar mi profesión como farmacéutico, decidí formarme en los caminos del arte. Fue entonces cuando, junto a un grupo de amigos, monté la comedia titulada Una conquista, escrita, actuada y dirigida por mí. Esto ocurrió en 1948, período de fundación del grupo de teatro San Cristóbal, que hoy continúa su labor ininterrumpida».

Durante todos estos años la gran mayoría de las obras expuestas por el colectivo juvenil son de la autoría de Pepe, quien ha incursionado en una gran variedad de géneros. Él asegura que la formación y fundación del grupo Teatro Ariel, constituye uno de los logros que más recuerda. «Este conjunto artístico, miembro de la Asociación Internacional de Teatro, lo organicé junto a Víctor de Armas y Ángel Escobar desde 1967.

«Con este grupo participé en Festivales Provinciales de aficionados y en certámenes nacionales. Además de asistir en calidad de invitado a varios Festivales Internacionales de Teatro de La Habana. Sin abandonar el colectivo del teatro San Cristóbal realicé montajes, actuaciones y escribí varias piezas para él».

Al filo de sus 84 años, Cáceres Paredes recibió el Premio Memoria Viva en la categoría Personalidades que otorga el Instituto Cubano de Investigación Cultural Juan Marinello. El galardón reconoce su trabajo actoral.

Aunque pocos pueden presumir de tan alto honor, este reconocido creador no empina la nariz con noticias como esa. «Mi meta no es recibir premios, sino trabajar. Es lo que me gusta, y lo que realizo lo hago con amor. El galardón insta a continuar trabajando, recibirlo a mi edad resulta estimulante».

—¿Qué ha significado luchar toda una vida por el teatro?

—Un gran privilegio y un extraordinario honor. Es todo para mí. A su lado he sentido placer. Enfrentarse a un escenario es un acto sagrado, responde a cierto rito milenario del cual el hombre actual no puede escapar. Parece que detrás de los telones habitan voces mágicas que te llaman.

—¿Cómo calificaría su relación con Carmen Montejo,* una de las grandes figuras de la época de oro del cine mexicano?

—Esa diva del cine y del teatro en América es natural de esta tierra y más: hija de San Cristóbal. Aunque no formó parte del grupo de teatro de la comunidad, sí actuó en los locales de la sociedad La tertulia; ahí fue donde la conocí. Con ella mantengo lazos de amistad, y cuando viene a Cuba recordamos los estrenos en el teatro. Es una amistad maravillosa, de esas que uno nunca olvida aunque los años pasen.

—¿Se siente un hombre popular entre los sancristobalenses?

—Pienso que sí. Dondequiera que voy todo el mundo me conoce y las personas tienen una frase de reconocimiento. Me he sentido orgulloso y feliz, porque siempre he creído que la gente me quiere mucho.

—¿Siempre fue amigo de la memoria?

—Sí. No me puedo quejar, desde niño tuve una memoria prodigiosa y a mi edad sigo con ella. Una memoria bastante fiel. Esto te da deseos de seguir haciendo cosas en bien de los demás, aunque no puedas.

«Hay muchas cosas que, por desgracia, desconozco; sin embargo, nada de lo desconocido me seduce demasiado. No tengo ya casi tiempo para incursionar en las cosas nuevas. Lamento, por ejemplo, no ser un lector asiduo como antes. Crecí entre libros. Es una actividad que me hace sentir bien, eleva mi autoestima y me siento superior como persona. Por eso, un libro es mi mejor amigo, mi mejor aliado. Me gustan los que hablan de teatro y me emociono al leer a García Lorca».

—¿Cuál es la receta para mantener ese espíritu?

—Lo fundamental es ser optimista, tener deseos de vivir y hacer. No me gusta estar entre cuatro paredes encerrado, siempre busco un trabajo por iniciar. El deseo de hacer algo y salir adelante es lo que me ha permitido triunfar.

«Soy un enamorado de la vida y me ha gustado vivirla para ir sacando de cada minuto una experiencia sorprendente. Me gustaría que me recordaran por eso. Nunca he cambiado para nadie. Aunque los tiempos y los años pasen, sigo siendo el mismo que cuando hace algo sabe poner la vida en ese empeño».

*Cuando se realizó la entrevista, esta notable actriz, quien recibió en 2005 el Ariel de Oro en reconocimiento a su importante carrera, aún estaba viva. Falleció el 25 de febrero, a los 87 años de edad.

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