De Estambul a Barajagua

Alaz Munzur regresó a Cuba con el propósito de llegar hasta la tierra natal de Tomy. Con esta vista padre e hija saldaron el compromiso con el desaparecido caricaturista cubano

Autor:

Adán Iglesias

La Bienal Internacional del dedeté Dale un Chance al Planeta, del año 2008, fue el pretexto para invitar a nuestro país al colega turco Sait Munzur, quien un año antes ganara el Gran Premio de la Bienal Internacional del Humor de San Antonio de los Baños. Su arribo junto a su hija Alaz fue una garantía para desbloquear la barrera del idioma, pues ella estudiaba español y era una fiel colaboradora de nuestra Embajada en Turquía.

Desde las primeras horas, padre e hija se adaptaron con facilidad a nuestra idiosincrasia y compartieron con los colegas muy afablemente. Familiar fue la relación con nuestro ya desaparecido colega Tomás Rodríguez Zayas (Tomy), quien sabía de la obra de Munzur a través de salones internacionales de humor.

No se conocían personalmente, pero el amigo turco cuenta que uno de sus primeros encuentros con la cultura cubana fue cuando tuvo en sus manos el catálogo Memorias de las Bienales Internacionales de Humorismo 1979-1981-1983. Ese amable envío le permitió conocer la obra de firmas tan importantes como René de la Nuez, Manuel Hernández, Antonio Martínez, Pedro Méndez Suárez, Francisco Martínez Villamil, Francisco Blanco y Tomás Rodríguez Zayas, entre otros. Ahora en tierra cubana podía conocer de cerca a los autores de aquellos dibujos que tanto le gustaban y que, según nos confesara Alaz, era un libro que desde niña gustaba hojear.

La admiración de Munzur por Tomy facilitó que, en el verano del propio 2008, el cubano fuera invitado como jurado al octavo Concurso Internacional del Humor Nasreddin Hodja, en Estambul, capital de Turquía.

«Esta visita fue todo un suceso, pues Cuba es muy querida y su cultura tiene grandes admiradores en mi país», confesó Alaz, quien nuevamente brindó sus conocimientos para facilitar la traducción. En aquella visita Tomy llevó consigo una muestra que se expuso en la Asociación de los Caricaturistas Turcos, la que tuvo mucha aceptación. «Estando en plena actividad noté un cierto movimiento en el público, y era que había llegado Turhan Selcuk, nuestro gran maestro —ya desaparecido, pero que entonces, con 86 años, apenas salía de su casa—. Este artista, símbolo de los caricaturistas turcos, no quiso perder la oportunidad de acercarse a la cultura cubana a través del abrazo a Tomy».

Una mañana de septiembre de 2010, Sait Munzur navegaba por internet y comenzó a ver noticias y dibujos de Tomy, al instante, con el auxilio de su hija, comprobaron la lamentable noticia del fallecimiento del artista cubano.

Entonces, en diciembre de 2012 Alaz volvió a Cuba, ahora acompañada por su novio. Trae en su agenda un objetivo bastante grande: recorrer Cuba de punta a cabo y, subrayado y con letras grandes, se puede leer en sus apuntes un nombre: Barajagua. Es así que, mochila al hombro, llegaron a la tierra que vio nacer a Tomy y compartieron con su familia.

Para Alaz fue emocionante este encuentro y observar la escultura de Tomy que, hecha por el artista autodidacta Héctor Carrillo Alfonso (Holguín, 1966) lo honra en Barajagua. Su papá le había pedido que, como muestra de respeto y homenaje, llevara hasta esa imagen una botella de vino, sin embargo, y para estar más a tono con el lugar (y con el gusto de Tomy), llevó una botella de ron que compartió con los hermanos del artista.

«Cuantos recuerdos pasaron por mi mente… Tomy en Estambul nos hablaba de su familia y su pueblo, tenía planes de regresar allí por un buen tiempo. Su familia era igual a como la describía, humilde y hospitalaria. Para mi padre, Tomy reunía muchas cualidades humanas y artísticas. Sobre él ha dicho:

«Los dibujos de Tomy son valientes y modernos. A través de ellos se puede saber en la distancia cómo es el pueblo cubano. Las limitaciones económicas, más que una dificultad fueron un pretexto para desarrollar una creatividad impresionante. Él lograba ser consecuente con su conciencia y su pensamiento en cada dibujo que realizaba. Tuvimos la oportunidad de compartir ideas y vivencias y al final comprendimos que hablamos el mismo idioma, el del humor gráfico. Cuba es afortunada de haber tenido un artista como Tomy», concluyó Alaz.

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