Al lado del camino

Hasta finales de abril estará abierta al público en la galería La Acacia la más reciente exposición del artista de la plástica Moisés Finalé

Autor:

José Luis Estrada Betancourt

Por esa dualidad suya de estar produciendo su impresionante obra entre Francia y Cuba, como si fuera un eterno observador, fue que el destacado artista de la plástica Moisés Finalé decidió tomar como título Al lado del camino para su más reciente exposición. «Cuando estoy en tierra gala siempre permanezco atento a lo que está pasando acá, y viceversa. Todas estas piezas que integran esta nueva propuesta se concibieron de ese modo».

Hasta finales de abril estará abierta al público esta magnífica muestra en la galería La Acacia, en Centro Habana. «Desde hace un año vengo organizando Al lado del camino, que se inscribe dentro del ciclo de exposiciones que he realizado durante una década, el cual comenzó con Herido de sombras en 2003, en el Museo Nacional de Bellas Artes, y que continuaron Se fueron los 80 y Problemas de identidad o Turista cubano. Esta última constituye como un resumen de todo este tiempo de pintar incesantemente. Es una expo bien pensada, con una curaduría muy bien estudiada.

«Ocupa toda La Acacia y está divida en tres partes, igual que la cantidad de salas de la galería. En la primera se encuentran cuadros enormes, acompañados por una escultura; la única pieza que concebí en Francia. Sin embargo, llegó en tan malas condiciones del viaje, que la tuve que entrar en el estudio.

«La segunda sala agrupa obras de otra expo muy efímera que mostré el pasado año, Dulzuras insulares, la cual estaba programada para ser estrenada en Estados Unidos, por lo que solo estuvo un día en la Casa de México, en La Habana Vieja. Mas no quería llevármela sin que antes la apreciara el público cubano.

«Entonces, en esta segunda sala, además de los cuadros que componen Dulzuras insulares, aparecen otras piezas, igual de grandes (de dos metros por 1.30), pero concebidas especialmente para Al lado del camino.

«Y ya, en el tercer espacio, reuní lo más experimental, los cuadros donde utilizo nuevos materiales. En estos el color va casi desapareciendo y es sustituido por el metal, aunque todo aparece en un plano bidimensional, no son esculturas. Ya no estamos hablando de lienzo siquiera, sino que aprovecho fibras sintéticas, tejidas en un bastidor.

«Al lado del camino pone en evidencia la figuración que he trabajado en todos estos años, mis búsquedas constantes. Como se plantea como un resumen, también introduje piezas que corresponden a esas exposiciones que mencioné, las cuales se integran perfectamente y dan una visión de este ciclo de diez años.

«Las temáticas se mantienen. Esta vez me propuse apropiarme de mi propia obra, que ahora presento desde otra óptica, tal vez con soluciones más simples, menos barrocas. Sin duda, Al lado del camino es más pausada, más tranquila».

Confiesa Finalé que le costó mucho encontrar el título esta vez. «Al principio se empezó a llamar Bricolage, una palabra francesa que me gustaba porque daba el espíritu de la expo, por el uso de las nuevas técnicas, nuevos materiales. Por ejemplo, la que finalmente le dio el nombre está elaborada en pladur, que en Cuba no se ha empleado desde el plano artístico, y lo trabajé recuperando una vieja técnica, que consistía en rayar un papel o un cartón con yeso pintado en negro, para que apareciera el blanco y así se establecía el dibujo.

«Después que ya tenía la expo diseñada con el título Bricolage, llegó un amigo nuestro (siempre se las muestro a los amigos antes de llevarla al público) y me llamó la atención de que no había poesía en esa palabra, y tenía razón. Entonces apareció el nombre de esa canción de Fito Páez a quien descubrí en los años 60, cuando viajé por vez primera a Argentina y que tanto escucho. Me servía para expresar esa manera mía de trabajar los lienzos».

—Todas tus exposiciones tienen un concepto, una idea, una motivación detrás, que las mueve. ¿Qué agrupa tus piezas en este caso?

—Quizá el denominador común sea la técnica con la que se han pintado estos grandes lienzos. El concepto ha sido apropiarme de mi propia obra, con figuraciones que ya yo había utilizado. En vez de buscar en otras fuentes, recurro a ellas para devolverlas con otro impacto, con otros intereses artísticos. Pero estamos hablando de una exposición que considero novedosa en el plano pictórico. Lo demuestran el cuadro realizado en pladur y otros tantos.

—¿De qué manera se produjo tu acercamiento a las artes plásticas?

—El azar de la vida hizo que me decidiera por las artes plásticas. Era un muchacho que estudiaba en Cárdenas —de eso hace ya un buen tiempo, ya paso los 50 años. Como todo muchacho, practicaba mucho deporte y de pronto me vi haciendo las pruebas en las Escuela Provincial de Artes Plásticas. Un buen día de septiembre recibí un telegrama donde me informaban que había aprobado y comencé en esa escuela, donde estudié tres años.

«Mis padres me dicen que siempre tuve vocación para las artes plásticas, y me cuentan que desde niño dibujaba, pintaba. Lo extraño es que la mía era una familia de analfabetos. Mi madre no leía ni escribía; mi papá apenas escribía... ¿De dónde surgió esa vocación? No sabría explicarlo. A veces me lo he preguntado... Ellos me aseguran que recibí algún que otro curso de pintura con los profesores de la escuela de Cárdenas, pero creo que todo se dio de una manera muy espontánea. Quizá también influyó el hecho de querer salir de mi pueblo que amaba, pero que ya me quedaba chiquito. Por eso me fui a Matanzas a estudiar. Ya estaba en la cabecera provincial, lo que representaba un cambio de vida impresionante».

—Dentro de tu quehacer también aparece la escultura...

—La escultura apareció también de un modo espontáneo. Cuando me invitaron a la I Bienal de La Habana presenté un cuadro muy grande, que desapareció con el tiempo, donde se apreciaban pequeñas «esculturas». Eran globos que cada mañana tenía que inflar porque perdían el aire. Se trataba de un método primitivo que indicaba mi interés por utilizar objetos volumétricos dentro de mi pintura, incluso usé papier maché, a pesar de que me considero un pintor que realiza su obra en un plano bidimensional. No obstante, de cierta manera el elemento volumétrico ha estado en mi quehacer pictórico.

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