¿Conque riéndote, eh?

Qué mejor que una carcajada para homenajear al más querido e ilustre hijo de Quemado de Güines en su aniversario 90

Autor:

José Luis Estrada Betancourt

QUEMADO DE GÜINES, Villa Clara.— Había un sol de furia que despellejaba el asfalto, pero que no amilanó a los pobladores de La Tierra del Guajirigallo, quienes «cercaron» el céntrico Parque Martí para recordar el 90 cumpleaños de Enrique Núñez Rodríguez. Y yo me preguntaba en cuál de su gente hubiera fijado su mirada penetrante y que se achinaba a fuerza de sonrisa para luego regalarle a Cuba una crónica chispeante e inolvidable, si su existencia le hubiera alcanzado para acompañarnos en vida, en lugar de estar entre nosotros solo en el eterno recuerdo. ¿En la simpática mujer «medio ida» que parecía desarmarse ignorando los designios del ritmo que emanaba del bafle? ¿En María Caridad Colón, quien le demostró alguna vez que en el auto donde viaje la reina de la jabalina, que todo lo eleva por las nubes, puede faltar el gato? ¿En la conga que hizo del desencartonado homenaje un auténtico carnaval?...

De seguro esa tarde del lunes algún personaje, alguna situación, le hubiera caído en su jamo de buen pescador de historias cubanísimas, que después hubiera servido pasada por ese humorismo criollo que lo distinguía. Pero ya sabemos que morir, al menos físicamente, es la trastada final de todo aquello que consigue vivir. Y Núñez Rodríguez nos la hizo a la edad de 79 años, en noviembre de 2002.

De cualquier manera, lo imaginé sonriendo con auténtica sabrosura. Feliz de ver a tantos amigos deshidratándose sentados en aquellas sillas plásticas, perfectas para cocinar a la parrilla, ubicadas frente al busto con que lo inmortalizara Delarra. Encantado de reencontrarse con las ingeniosas caricaturas costumbristas recogidas en la exposición Enrique Núñez Rodríguez, un amigo, de Rolando González Reyes (Roland), Adalberto Linares Díaz, Alfredo Martirena Hernández, Javier Méndez Castillo, sus socios de Melaíto; pero sobre todo con las de su secuaz Pedro Méndez Suárez, su frecuente compañero de viajes y bromas...

A él que tanto lo apasionaron las tablas, que escribió piezas como Gracias, Doctor, Voy abajo, Dios te salve comisario y ¿Qué traigo aquí? (y se dio el gustazo de verlas interpretadas por glorias como Candita Quintana, Carlos Pous, Alicia Rico, Eloísa Álvarez Guedes, Américo Castellanos, Zenia Marabal, Natalia Herrera...), de seguro le hubiera encantado El hombre en la jaula del hombre, la representación teatral que, en nombre de los más nuevos, protagonizó el grupo Fantasía integrado por miembros de la Brigada José Martí, bajo la dirección de Dunia Herrera. Aunque, en ese punto, debió disfrutar especialmente las anécdotas que, relacionadas con el afamado Teatro Martí, hiciera Carlos Padrón Montoya, presidente de la Asociación de Artes Escénicas de la Uneac, organización de la que, por cierto, Enrique fuera vicepresidente.

«Nunca me cansaba de hablar del Teatro Martí con este hombre genial que era un cronista de todo cuerpo. Le decía que cuando se reabriera, él tenía que ser su director general. Y yo le preguntaba: ¿Repondrás tus obras? Y él me respondía: No, escribiré lo que exige este tiempo», contó Padrón, convencido de que en una tarde como aquella se hubiera convertido en un chiste suyo: «vernos a todos “quemándonos” en el sol en Quemado».

Brillando en el teatro, pero también en la televisión y en la radio lo vio siempre Alden Knight, quien comenzó a conocerlo gracias a ese personaje que él creara y que aún cabalga en la memoria de muchos, Leonardo Moncada, el mismo que hiciera furor en la audiencia cubana de los 50 del pasado siglo. Sin embargo, el popular actor prefirió destacar al hombre siempre enamorado de la vida, al que supo prodigar todo el amor abundante que lo llenó de principio a fin; ese, cuya sensibilidad lo hacía estremecer si escuchaba: No sé. Lo ignoro./ Desconozco todo el tiempo que anduve/ sin encontrarla nuevamente./ ¿Tal vez un siglo?/ Acaso./ Acaso un poco menos: noventa y nueve años./ ¿O un mes?/ Pudiera ser. En cualquier forma,/ un tiempo enorme, enorme, enorme...; los hermosos versos de Guillén.

De ese amor que puede significar la amistad cuando es entrañable también habló Abel Prieto, quien lo tuvo muy cerca en los tiempos en que el actual asesor del Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros conducía los pasos de la Uneac, antes de que lo nombraran Ministro de Cultura. Por eso hoy lo extraña tanto, como con frecuencia le hacía saber el autor de Oye como lo cogieron y Yo vendí mi bicicleta, cuando lo llamaba por teléfono. Y como sabe que un buen remedio contra la nostalgia, pero sobre todo contra el olvido, es mantener bien vivo su legado, anunció allí, para que se oyera a los cuatro vientos del segundo municipio que se fundara en la antigua provincia de Las Villas, que volvería a otorgarse nuevamente el Premio Nacional de Crónicas Enrique Núñez Rodríguez, que abrazan otra vez el Instituto Cubano del Libro, la Dirección Provincial de Cultura, el Comité Provincial de la Uneac y JR.

Y por supuesto que esa calurosa tarde hubo música de excelencia por medio de temas como el Veinte años de peculiar belleza que le dedicara ese prodigio de las cuerdas nombrado Maykel Elizarde y que trajo de vuelta a Enrique a las calles que desandara en su niñez y adolescencia; o como el Santa Rosalía que magistralmente interpretara el Maykel’s Quartet que conduce el genial tresero y completan otros tres virtuosos: César Bacaró (bajo acústico), Alexis Arce (percusión) y Julio Alonso (flauta); o como el Gracias a la vida que le entregó la voz superafinada y sensual de Mayela.

Y sin embargo, tengo la sensación de que en aquella evaluación que debió  hacer Enrique desde las alturas, justo cuando otra vez lo estaban «desnudando», tal vez los mayores puntos se los debió otorgar a su sexto primo hermano por vía materna, Frank Cobas, que se agenció las mayores carcajadas; y a su colega José Antonio Fulgueiras, presidente de la Unión de Periodistas de Cuba (Upec), en Villa Clara, quien intuyó que el mejor homenaje podría venir desde la mismísima crónica, poniendo en aprietos a Juan el Zurdo, «aflojado» después de un buen atracón, en un dinámico juego de pelota.

Así, permanece en la memoria viva de su pueblo, nueve décadas después de su llegada al mundo, el hijo más querido e ilustre de Quemado de Güines, donde todo volvió a ser como cuando estaba entre nosotros, de carne y hueso, el Premio Nacional de Periodismo José Martí, Nacional del Humor y Nacional de la Radio. Solo en casos como esos «la muerte no es tan trágica», como tituló una de sus fabulosas crónicas. Bien sabía él que para los artistas suele ser bastante dramática la irrupción de la parca. Y aunque aquí sí cabe eso de: Tan buen cronista que era..., si lo hubiéramos descubierto mirándonos por un huequito, quizá se nos hubiera escapado: ¿Conque riéndote, eh?

Una crónica por Enrique

Con el objetivo de impulsar la producción de textos de corte costumbrista relacionados con nuestra cultura popular y tradicional, el Instituto Cubano del Libro, en coordinación con el periódico Juventud Rebelde, el Comité Provincial de la Uneac y las instituciones culturales de Villa Clara, convoca al Premio Nacional de Crónicas Enrique Núñez Rodríguez.

A este premio podrán aspirar obras inéditas, no comprometidas con editoriales ni concursos, cuya extensión no exceda las tres cuartillas. Las mismas deberán ser enviadas, en original y dos copias, al Centro Cultural Dulce María Loynaz (calle 19, esq. a E, Vedado, Plaza de la Revolución, La Habana) o en formato digital al correo electrónico cronicasjr@juventudrebelde.cu.

El plazo de admisión cerrará el 1ro. de diciembre de 2013. Los resultados se darán a conocer en acto público que se celebrará en el mes de mayo de 2014, en torno al aniversario del natalicio de Enrique Núñez Rodríguez.

El jurado otorgará un premio único y su fallo será inapelable. Consistirá en la publicación en Juventud Rebelde, una obra de arte y un diploma acreditativo. Con la crónica premiada y las que resulten finalistas se conformará un libro.

Enrique Núñez Rodríguez, humorista, narrador, dramaturgo, guionista radial y televisivo, periodista y conocedor como pocos de nuestra sensibilidad popular, fue conocido por títulos como Gente que yo quise, Yo vendí mi bicicleta, Oye como lo cogieron, Mi vida al desnudo y ¡A guasa a garsín!, la última de sus travesuras literarias. Reflejó siempre en sus textos la gracia criolla de su natal Quemado de Güines y la sabiduría risueña del hombre sencillo y cubanísimo que jamás dejó de ser.

Fotos Relacionadas:

Comparte esta noticia

Enviar por E-mail

  • Los comentarios deben basarse en el respeto a los criterios.
  • No se admitirán ofensas, frases vulgares, ni palabras obscenas.
  • Nos reservamos el derecho de no publicar los que incumplan con las normas de este sitio.