The Paperboy: inocencia vs. ferocidad

El chico del periódico o The Paperboy es una de las cintas norteamericanas más perturbadoras y sórdidas que se vieron en fecha reciente en circuitos de estreno del país

Autor:

Joel del Río

Probablemente sea la perplejidad la sensación más discernible que domine a los espectadores luego de enfrentarse con El chico del periódico o The Paperboy, una de las cintas norteamericanas más perturbadoras y sórdidas que se vieron en fecha reciente en circuitos de estreno. Nicole Kidman hace el papel de ninfómana carente de todo principio moral; Matthew McConaughey abandona sus héroes de comedias y aventuras y se lanza a salir en pantalla con la cara marcada por horrendas cicatrices, que parecen peores cuando el espectador conoce el origen de las mismas; John Cusack  interpreta, con visible exuberancia, a un bestial convicto de asesinato… y entre esos tres personajes se mueve el chico del periódico (Zac Efron) que se menciona en el principio, un muchacho no sé si decir inocente o ignorante de los peligros y vicios que lo rodean.

Con una soberbia dirección de actores, virtud que nadie podrá negarle a esta película a veces un tanto molesta y siempre desigual, The Paperboy lleva en la dirección a Lee Daniels, quien logró establecer sólido prestigio luego del sobrevalorado melodrama de índole racial que fue Precious. Si en esta última Daniels se recreaba en la victimización de una joven negra, obesa, analfabeta, maltratada por la madre y violada por el padre, ahora el protagonista es un joven virginal e inexperto que se enamora perdidamente de la chica incorrecta, quien a su vez está apasionada, dice ella, por un brutal asesino, a quien se empeña en defender un abogado que es hermano mayor del chico inocente.

Así, aparecen entramados los hermanos, la muchacha y el criminal en una armazón que vincula culpas, sexo, delito y racismo, ambientados en los años 60 y en Florida. El filme recuerda por un lado el cine negro de la década de los 40 y sus posteriores reciclajes, con sus investigadores privados y las mujeres fatales, y la tentación, el crimen, el lado oscuro y la sensualidad, pero en otro flanco, se parece mucho a ciertas películas retro, nostálgicas, a veces llamadas «de crecimiento», porque la narración se remonta a los incidentes en la infancia, adolescencia o primera juventud de un personaje que recuerda con cierta tristeza, como toca en estos casos, el enfrentamiento con los febriles misterios del sexo y las severas responsabilidades de la vida adulta.

Aunque a ratos dé la sensación de una película desarticulada y  efectista, y tal vez no sea más que eso, una empresa consagrada al efectismo, una película que ha perdido el sentido de la mesura y el control sobre los temas tratados, The Paperboy tiene algo que nos impide abandonarla una vez adentrados en su mundo caótico y deprimente. La mayor parte de los personajes son desagradables y corruptos, y la trama se mueve, a fuerza de incoherentes impulsos, pero uno le agradece a todos sus implicados, desde el director y las estrellas hasta los asistentes de cada especialidad, jugar al duro, aventurarse a enfrentar al espectador con una historia bizarra, y con caracteres y situaciones nada habituales en los circuitos de multicines, inundados de cine ready to digest (listo para ser engullido).

Aseguró Donald Clarke, el crítico del Irish Times, que «a través de Precious y The Paperboy, Daniels ha confirmado su estatus como el realizador más emocionalmente exhibicionista de su generación», y de seguro el escribiente se refiere al regusto del cineasta por las situaciones y personajes extremos, solo que algunos de los momentos de ambas películas que se imprimen en la memoria del espectador tienen que ver con, precisamente, los aspectos menos amables de la condición humana, y ambos filmes terminan ejerciendo un efecto de atracción-repulsión, porque los personajes, y las situaciones en que se ven envueltos, deprimen y preocupan en la misma medida que cautivan y engrandecen.

No hay que volver a decir que Nicole Kidman, John Cusack y Matthew McConaughey aportan desempeños colmados de bravura y compromiso, lejos de todo edulcoramiento. Zac Efron se apoya en su fotogénica facialidad para comunicar la necesaria inocencia requerida por su personaje. Y también debe decirse que los cuatro actores tuvieron la suerte de encontrarse con un director que intentó dotar de credibilidad y verismo a una historia llena de imprecisiones y giros tremendistas, por encima de otras consideraciones en el orden de la coherencia narrativa. Es decir, que puede ser dispersa, gratuitamente sórdida, y por momentos incluso tramposa en su pose de seriedad y trascendencia, pero la película impresiona y te obliga a preocuparte por el destino de los inocentes en medio de tanto descalabro moral y afectivo.

A estas alturas del comentario, mi lector, si vio The Paperboy, se extrañará de que no mencione algunos de sus defectos más visibles, como el hecho de que la mayor parte de la trama es retrospectiva narrada por un personaje que, amén de secundario e irrelevante, apenas participa de los principales conflictos, y por tanto es imposible que pueda rememorarlos, además de una improcedente voz en off que solo le confiere al conjunto un aire más artificial del necesario. De todas maneras, y a pesar de estos y otros muchos defectos, consigue ser un oscuro retrato de personalidades disfuncionales, cine adulto concebido en un extraño trance de pasión y riesgo, para contar una fábula que llega a ser, cuando menos, desconcertante, y cuando más, aterradora; con todo el pavor que implica asistir a la feroz inmolación de la inocencia.

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