La extranjera o el canto de la tierra

La obra teatral dirigida por Hassane Kassi Kouyaté estará en la escena del teatro Trianón hasta el 16 de este mes

Autor:

Lourdes M. Benítez Cereijo

Faltaban pocas horas para que subiera a escena la obra La extranjera, que el reconocido director burkinabés Hassane Kassi Kouyaté preparaba junto a un destacado grupo de actores cubanos, cuando Juventud Rebelde llegó hasta la sala del teatro Trianón.

El elenco realizaba un ejercicio para explorar hasta qué punto estaban las emociones integradas a la evolución de cada uno de los personajes. Se pulían los últimos detalles. Justo antes de que comenzara el ensayo final, nuestro diario dialogó con el director Kouyaté y con Ury Rodríguez, actor que desempeña un protagónico en la obra.

«Esta pieza va en busca de la reconciliación con lo espiritual. Significa la vuelta a la memoria, el rescate de las raíces y el respeto hacia los ancestros con toda la sabiduría y la paz que ellos pueden traer consigo.

«También ofrece una mirada hacia la familia y la percibe como ese todo que muchas veces está unido, pero que puede tener un elemento capaz de destruir, de poner fin a un pensamiento. En este sentido la unión familiar se asume e interpreta como una nación pequeña. Y es precisamente mi personaje el que va en contra de esos principios y paga un alto precio por su sed de poder», explicó Ury Rodríguez, conocido narrador oral, integrante y director artístico de la guantanamera compañía La Barca.

La extranjera es una pieza del dramaturgo y novelista congolés Caya Makhélé. Inspirada en Las Bacantes, de Eurípides, discursa en torno a la confrontación del poder político, visto como dogma e imposición; y el poder espiritual, asumido como puente de reconciliación con los orígenes.

El texto maneja conceptos como el amor, la paz, el respeto, el odio, la libertad, la hegemonía y la arrogancia —fundamentalmente representados en los protagónicos Balikul y Yemayá, este último rol lo asume la actriz y cantante Amanda Cepero. El autor se vale además del juego dual, la contraposición y el uso de antagonismos para reflejar las distintas —y en ocasiones no tan lejanas— maneras de entender el mundo de los personajes.

La obra narra el retorno de Yemayá a un continente que no conoce la paz. Ella representa el canto de la tierra, «de todas las tierras natales» y mediante su accionar abre los ojos de aquellos cuyo sentido era dominar e imponer. Una gran enseñanza, aprendida mediante la verdad de un sacrificio, es lo que derrama la luz sobre el conflicto presentado.

Con toda esa riqueza de códigos y muchísimas ideas fue que Hassane Kassi Kouyaté llegó una vez más a nuestro país para poner en marcha la empresa.

«Lo más interesante del trabajo con actores cubanos es su capacidad de ser multivalentes, porque son artistas que cantan, bailan, hacen acrobacias, y eso no es algo fácil de encontrar en Europa, donde trabajo la mayor parte del tiempo. A eso debo sumar la suerte de haber podido laborar con personas que humanamente son muy ricas», comentó el importante director.

Kouyaté es descendiente de la más alta casta de griots africanos, —narradores que cantan las historias en la forma que lo haría un poeta o un bardo. Nacido en Burkina Faso, es fundador y director artístico de la compañía Deux Temps Trois Mouvements y Yeleen, un festival internacional de narración que se celebra cada año en su tierra natal. Es  además figura emblemática de la compañía teatral de Peter Brook y Caballero de las Artes y las Letras de Francia.

Según contó Ury Rodríguez, «Hassane vino a Cuba el pasado año a dictar unos talleres y a participar en un evento de narración, en el cual, por fortuna, yo también participé. Ahí conversamos, se interesó por mi trabajo y me ofreció este personaje. Posteriormente, fue encontrando el resto de los actores que necesitaba para la obra.

«Él ya tenía la idea de hacer este tipo de texto con cubanos, porque pensaba que Cuba poseía las condiciones ideales para llevar a escena una obra como La extranjera».

La puesta cuenta también con las actuaciones de Coralia Rodríguez, Corina Mestre, Fernando Hechavarría, Alden Knight, Jorge Enrique Caballero, Yaimí Kalay y Wendy Besada, entre otros. La escenografía, luces y vestuario estuvieron a cargo de Eduardo Arrocha, quien recientemente fue distinguido con el Premio Nacional de Diseño.

Acerca de la experiencia de trabajar con el maestro Kouyaté, Ury señaló que para aquellos que lo hacían por primera vez, como él, fue algo único. «Te imbrica en un continuo proceso de aprendizaje. Hassane sabe guiar y conducir a los artistas a un viaje hacia la individualidad, busca fortalecer el pensamiento del colectivo y la proyección escénica. Además, enseña nuevas vías de acceso a la creación. Él sabe muy bien lo que quiere decir y cómo lo quiere decir, por eso ayuda a quienes le rodean a explorar los recursos para fundir voluntades».

Hassane Kassi Kouyaté confesó sentirse feliz con el trabajo realizado. «Esta obra significa primeramente un encuentro humano y después artístico. Anhelo que el público se sienta identificado. Personalmente espero que cuando los espectadores vean la obra salgan del teatro haciéndose muchas más preguntas acerca de la vida que cuando entraron».

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