Senderos germánicos del cine

Hasta este domingo se exhiben en La Habana siete filmes alemanes de reciente factura

Autor:

Jaisy Izquierdo

El cine alemán que en los últimos años ha consolidado su presencia en la Isla con títulos certeros como El hundimiento y La ola, retorna en esta semana a compartir en la sala del Chaplin filmes que conforman un prisma multicolor para mirar, con inquietantes y reflexivas miradas, el insondable mundo de las relaciones humanas.

Sobre la brecha generacional se posiciona la Hija de invierno, que nos habla entre los gélidos paisajes de Stettin, Danzig y Masuria de los entumecidos vínculos de una niña de 12 años y una anciana, quienes han de viajar juntas al pasado en busca de repuestas. Un road movie que, como muchos, apela al encuentro de otro camino para la vida de sus personajes más allá del de la propia carretera.

Las relaciones amorosas se complican cuando suman Tres las intimidades de un matrimonio. De la mano de un experimentado director como Tom Tykwer, recordado por Corre, Lola, corre, En el cielo y El perfume, se hilvana con dinamismo este argumento controvertido que combina recursos cinematográficos como el travelling, la multiplicidad de la pantalla dividida, la conjugación de sus diálogos y monólogos, y los momentos donde la realidad alcanza tintes oníricos, con escenas que citan explícitamente a Milagro en Milán de Vittorio De Sica.

Parón en el camino y Un hogar de fin de semana escogen a la familia para eclosionar conflictos entre sus miembros, aprovechando esa ambivalencia que supone ser individuos independientes y diferentes y a la vez pertenecer a un grupo que los define, y los congrega en sus lazos afectivos e historias de vida compartidas.

En la segunda, recreada por Hans-Christian Schmid, una familia se dispone a disfrutar de un agradable fin de semana sin imaginar el torbellino de emociones que transformarán esa reunión en una pesadilla donde aflorarán viejas rencillas. Mientras que en Parón…, de Andreas Dresen, al desequilibrio doméstico lo detona una causa externa imprevista: el diagnóstico de una enfermedad terminal que recibe un padre de familia confrontará a los seres que lo rodean con un padecimiento irreversible y mortal. Un drama límite, sin sentimentalismos ni música, calificada como Mejor película en la sección Un certain regard del Festival de Cannes.

En la muestra se incluye además una cinta que pudo apreciarse en la anterior edición del Festival del Nuevo Cine Latinoamericano, Bárbara, de Christian Petzold, la ganadora del Oso de Plata al mejor director en el Festival de Berlín, nominada al Oscar por su país y candidata a tres premios del Cine Europeo: mejor película, actriz y premio del público. Petzold se ha apuntado para retomar la temática política con la situación del declive de la República Democrática Alemana como telón de fondo, una línea muy bien explotada ya por sus compatriotas en títulos como Good bye Lenin y La vida de los otros. La narración arranca en el verano de 1980 y nos presenta a Nina Hoss, musa habitual en el cine de Petzold, quien interpreta a una mujer, Bárbara, que había solicitado tiempo atrás un visado de salida para marcharse definitivamente a Occidente con su novio, pero a raíz de esa osadía es excluida de un centro sanitario en Berlín y desterrada a un hospital en un lugar perdido de la Alemania del Este, bajo la estrecha vigilancia de las autoridades. Es esta la historia de una mujer que en la defensa de su silencio se distancia y desconfía de los vínculos afectivos, un hermetismo que al entrar en contacto con otras realidades humanas, tanto o más difíciles que la propia, la llevarán a replantearse su vida.

Aprovechando el filón de oro que la cinematografía germánica ha encontrado en la revisitación de su reciente pasado histórico, Marc Bauder también escoge para su ópera prima hurgar en El sistema, al armar un thriller con dos jóvenes delincuentes de los suburbios y un hombre de negocios que resulta conocer muchas cosas sobre la misteriosa muerte del padre de uno de ellos en la época de la RDA, entretejiendo la trama entre fraudes de subvenciones y secretos de antiguos trabajadores de la Stasi (policía secreta).

Finalmente la muestra incluye una séptima invitación que abre la mirada hacia el contexto más contemporáneo, y se inserta con una propuesta humanista en los álgidos terrenos de las políticas europeas dirigidas a los refugiados. Cuál es El color del océano se pregunta en las Islas Canarias una turista alemana que presencia el naufragio de unos inmigrantes africanos, del que sobreviven un congolés y su hijo. Una historia cautivante y conmovedora sobre la humanidad y la responsabilidad, que se enfoca especialmente en el dilema de cuándo debemos involucrarnos o no en las tragedias ajenas, si es que alguna puede serlo.

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