Danza de las tijeras: porfiadamente viva (+ Fotos y video)

Controversia de movimientos, saltos, contorsiones, es este combate suigéneris, que llegó a nuestro país por estos días en que la Semana cultural peruana de La Habana hizo brillar lo más genuino del arte y cultura de esta nación andina

Autor:

Isairis Sosa Hernández

Se apagan las luces; entran los contrincantes. El duelo, que durará poco menos de media hora, será acompañado por el arpa y el violín. Tras la presentación de cada rival, comienza el desafío.

Es la danza de las tijeras, danzak, o danza de gala, tradición indígena de carácter mágico-religioso originaria de la región de Ayacucho, en Perú, cuyas coreografías representan los espíritus de los dioses andinos. Danza de competencia, donde los danzantes, o danzak —que es como se les llama— van elevando la complejidad y rigor de sus pasos y con ello retan al adversario a superar cada ejecución.

Controversia de movimientos, saltos y contorsiones es este combate suigéneris, que llegó a nuestro país por estos días en que la Semana cultural peruana de La Habana ha hecho brillar lo más genuino del arte y cultura de esa nación andina.

Reconocida en 2010 por la Organización de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, por su antigüedad y simbolismo, cuentan que fue el escritor peruano José María Arguedas quien generalizó el término «danza de las tijeras», por la similitud que con este instrumento tienen las láminas de acero que el danzante hace chocar en su presentación.

Sostenidas en la mano derecha y con la palma dirigida hacia arriba, estas láminas —de aproximadamente 25 centímetros de largo y 700 gramos— son independientes y no las sujeta ningún remache ni eje. El sonido metálico que producen sigue con pasmosa fidelidad el ritmo de la melodía ejecutada por el arpa y el violín.

Ataviados con trajes profusamente adornados y coloridos, y en perfecta sincronía con los instrumentos de cuerda y el contagioso retumbar de las «tijeras», los danzak demuestran con rápidos movimientos sus destrezas en el baile. Se dice que sus tijeras —llamadas «hembra» y «macho»— vienen de tiempos en que los danzantes eran explotados por los colonizadores españoles en labores de minería.

En Perú, al final de esta fiesta de tijeras, los miembros de la comunidad designan al ganador. En esta ocasión, en La Habana, ganamos todos: los que bailaron por vez primera en esta tierra caribeña, y entregaron sus energías en cada tablado que los vio presentarse; y aquellos que disfrutamos, deslumbrados, este maravilloso espectáculo que nos habla del valor y la belleza de esa ancestral herencia cultural que late, porfiadamente viva, en los pueblos de Nuestra América.

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