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El hombre que «empinó» a Santiago

En los albores del siglo XX, un joven arquitecto marcó con su sello personal la fisonomía de Santiago y encarnó la innovación en su época, legado que quedó recogido en un importante texto de las autoras Marta Lora y Carmen Lemos

Autor:

Eduardo Pinto Sánchez

SANTIAGO DE CUBA.— A los ponderados títulos que ostenta con orgullo esta urbe, bien pudiera agregársele el de «La Ciudad de Segrera». Y es que la muy noble y muy leal Santiago le debe a su hijo Carlos José Román del Carmen Segrera Fernández gran parte de la imagen singular y bella que la distingue de sus similares en el Caribe y el mundo.

Cuando la Ciudad Heroína excedía sus límites coloniales ante el empuje del eclecticismo, comenzaron a levantarse edificios que contrastaban con la imagen de una urbe plana, con edificaciones que apenas alcanzaban los dos pisos.

Fue en 1908 cuando el joven Segrera solicitó la plaza de arquitecto municipal, y desde entonces se convirtió en el protagonista de la renovación arquitectónica y urbanística de Santiago, hasta su prematuro fallecimiento en 1922.

Gracias a las arquitectas Marta Elena Lora Álvarez y Carmen Lemos Frómeta, los santiagueros de hoy descubrimos el legado de este artista en el libro Carlos Segrera. Arquitecto iniciador del progreso arquitectónico y urbanístico de Santiago de Cuba en el siglo XX.

Nació el sueño en los años mozos de Marta, cuando junto a su colega Omar López —hoy Conservador de la Ciudad de Santiago de Cuba—, caminaban las empinadas calles de su ciudad y se interrogaban sobre la autoría de las muchas edificaciones que son motivo de presunción para sus habitantes, y desde entonces decidieron dedicar gran parte de su tiempo, talento y energías, a rescatar esa otra historia que corre el riesgo de perderse en la era de los grandes avances tecnológicos.

«Hay personas que son fundadoras, y Marta fue una de ellas; la pasión por la búsqueda de la vida y obra de los arquitectos santiagueros tuvo precisamente su génesis en su interés por hacerlo», comentó Omar López.

«Segrera fue para ella un hallazgo extraordinario, y trabajó mucho para develar la obra de una existencia que se truncó muy joven. Fue a la Universidad de La Habana, a Barcelona, tras unas aparentes pistas, ya que había poca documentación, para saber de su vida, para conocer y comprender mejor su obra».

Sin embargo, la muerte sorprendió a Marta Lora en septiembre de 2009, en su plenitud creativa, con la amenaza de dejar inconclusa una obra que es imprescindible.

Pero se impuso nuevamente la dialéctica del alumno que sigue la obra del maestro, y fue así como Carmen Lemos, también especialista de la Oficina del Conservador de la Ciudad (OCC) de Santiago de Cuba, continuó el trabajo que su profesora y amiga inició en la década de los 80 y principios de los 90 del pasado siglo.

«Compartimos esa admiración por Segrera y sus creaciones. Desde que conocí a Marta sucumbí ante la pasión de investigarlo», refirió Carmen Lemos.

Segrera precursor

Según refiere Carmen Lemos, este libro abarca una época muy interesante para la ciudad: los primeros 25 años del siglo XX, cuando importantes cambios políticos y sociales se reflejaron en la arquitectura y el diseño.

En palabras de Omar López: «El joven Segrera fue el dueño de toda una época de la ciudad de Santiago de Cuba, su gran soñador, en un tiempo extraordinario. Fue el gran maestro del eclecticismo y nunca dudó de crecer en altura, a pesar de los riesgos sísmicos de esta zona del país».

Había comenzado sus estudios universitarios en la Escuela Técnica Superior de Ingeniería, en Barcelona, España, y a partir de ahí se incorporó a la Escuela de Maestros de Obras y Agrimensores de La Habana. Luego, al abrir la carrera de Arquitectura se incorporó inmediatamente, egresando después del primer curso de esa especialidad.

Al volver a su tierra natal asumió la proyección de viviendas, hoteles, teatros, comercios y museos. Antes, en la oriental ciudad dominaban las construcciones de dos niveles. Con él empezó a crecer la urbe hacia arriba.

Hasta la fecha, y según consta en el libro, a su genio se deben 47 obras en la Capital del Caribe, y se le atribuyen otras 17. Todas poseen, como lenguaje común, la calidad en la ejecución, proyectos de grandes dimensiones que sobrepasaron el mero objeto arquitectónico para convertirse en arte.

La impresionante fisonomía del Parque Céspedes lleva la impronta de Segrera, autor de la imagen que hoy conocemos de la Catedral (con otros elementos del estilo clásico añadidos en restauraciones hechas en 1916 y 1922), del Hotel Casa Granda, del Club San Carlos, y del desaparecido Hotel Venus, todos ubicados en ese entorno.

De los muchos planos que dibujaron las manos de su ayudante José Martín del Castillo nacieron otros importantes proyectos en la calle Aguilera, entre ellos el antiguo edificio Salcedo, que se encuentra en la intersección con la calle San Félix; también se ubican el Museo Emilio Bacardí y el Palacio Provincial de Gobierno, que son dos de los inmuebles más significativos y emblemáticos, y que conservan gran parte de los atributos estéticos que caracterizaron el estilo ecléctico de Segrera.

En la populosa Enramadas se le atribuyen otras edificaciones icónicas del urbanismo de esta región: el antiguo Hotel América, la tienda La California y la primera Cámara de Comercio de Santiago de Cuba, que es el actual Centro de Negocios.

Mención aparte para el Hotel Imperial, joya que fue el asombro en los años iniciales del pasado siglo, y que aún en nuestros días maravilla a santiagueros por ser uno de los primeros edificios altos, además de la elegancia y atractivos de su decorado, único en cada uno de sus tres pisos superiores.

Desde el punto de vista urbanístico también tuvo incidencia en la renovación de espacios fundamentales como son el parque de Vista Alegre o la Plaza de Marte.

«Un equipo de especialistas del Archivo Histórico Provincial posibilitó estos hallazgos, el cual encontró, además, que Segrera ideó un proyecto de modernización de la Plaza de Marte y formó parte de comisiones técnicas y artísticas a cargo del emplazamiento de 12 monumentos conmemorativos, esculpidos por el artista italiano Ugo Luisi», afirmó la coautora, Carmen Lemos.

Un libro singular

El libro Carlos Segrera. Arquitecto iniciador… fue impreso en España, gracias a la colaboración de la Red de Oficinas del Historiador y Conservador de las Ciudades Patrimoniales de Cuba, y constituye uno de los regalos de la OCC de Santiago de Cuba a esta ciudad, que en el año 2015 cumplirá medio milenio de fundada.

Según Omar López, para el importante contenido de este texto se buscó un «bello continente», como no podía ser de otro modo en un libro de arquitectura y urbanismo. Logro que debe mucho al lente del fotógrafo René Silveira, autor de casi todas las fotografías que en él aparecen.

La impronta de Marta Mosquera, premio nacional de Diseño del Libro 2012, se evidencia en este libro donde la imagen predomina antes que el texto, y en el que, a decir de la diseñadora, «trabajó con sumo detalle, y enamorada totalmente de esta empresa».

«El volumen se encarga, a través de fotos históricas de ambientes citadinos y edificios, de darle rigor a los textos y a cada historia que se narra; estamos ante un libro bello y científico y es su cualidad singular», explicó Omar López.

Una de las luces más importantes que aporta es la certeza de que Segrera hizo todo esto siendo un profesional graduado en un centro de altos estudios y con un plan de formación cubanos, sin embargo, la corta vida del arquitecto santiaguero aún reserva muchos enigmas por develar, sobre todo relacionados con la supuesta autoría de muchas edificaciones en el reparto Vista Alegre y otras zonas de la ciudad, al tiempo que se le adjudican inmuebles en Las Tunas, Manzanillo y La Habana, aunque hasta el momento no han aparecido la documentación o las fuentes que confirmen o nieguen tales suposiciones.

«Segrera fue un artista, imposible no admirar su legado. Sus contemporáneos lo calificaron como escultor de poemas en piedra, y realmente fue así, sus obras están llenas de virtuosismo, como consigue todo gran creador», nos dijo Carmen Lemos.

Bibliotecas, centros culturales y de investigación, universidades y otros espacios donde se fomenta el conocimiento y el arte, resguardarán este tesoro para que sea consultado por todos aquellos que con un motivo académico, o por el placer de contemplar desde otro ámbito su ciudad, hojeen las páginas de este texto.

Estas razones se agigantan en las palabras finales del prólogo de Carlos Segrera. Arquitecto iniciador del progreso arquitectónico y urbanístico de Santiago de Cuba en el siglo XX, escrito por el Conservador de la Ciudad: «Si Santiago de Cuba es la ciudad de Heredia, de Maceo y de Matamoros, es también la ciudad de Segrera. Su obra imperecedera y singular está en sus plazas y esquinas invitándonos a soñar y a querer esta urbe, que se nutre desde siempre de esa herencia material y espiritual que nos identifica y agiganta en el sendero del tránsito hacia el futuro».

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