La palabra interminable

En su cumpleaños 91, la radio sobrevive a los disímiles peligros que la acecharon y que todavía desafía

Autor:

Josefa Bracero Torres

Mis primeras memorias sobre la radio fueron grabadas por mi padre como un cuento infantil, y con hada real por el dramatismo final. Él decía guardar en los oídos los ruidos infernales de los antiguos radios de galena. Y, gracias al ruidoso medio, el 26 de noviembre de 1932 fue advertido del ciclón próximo a las costas de su provincia, Camagüey, y de la tragedia que causó en Santa Cruz del Sur, donde quedaron pocos sobrevivientes.

En silencio mi familia se reunía para escuchar las voces salidas del aparato, que provocaba en los mayores suspiros y exclamaciones, mientras que para los pequeños el efecto era mágico: ¿dónde se escondían las personas que hablaban de tantas cosas desconocidas?

Ya en 1833 comenzaron las investigaciones que permitieron la decodificación de la palabra y el sonido a través del éter. Fue así como llegó al mundo esa amiga para toda la vida: la radio. La primera emisora reconocida con un servicio regular fue la KDKA de Pittsburg, en Pensilvania, que salió al aire en 1920, desde el garaje de la firma Westinghouse.

En cuanto a los inicios del maravilloso invento en Cuba, confieso la admiración por los primeros quijotes que se aplicaron, incluso antes de la década del 20, entre ellos: Manolín Álvarez, el asturiano «aplatanado» en la Isla, que en Caibarién transmitió durante varios días, y muy en especial es recordado el músico mambí Luis Casas Romero, quien junto con su hijo Luis, en La Habana, pusieron en antena la primera señal de radio de forma continuada: la 2LC, en la calle Ánimas 457, entre Manrique y San Nicolás.

Esta emisora fue dotada de un transmisor de baja potencia que luego ampliaría su fabricante, el joven Luis, con apenas 16 años de edad. El invento de los Casas Romero situó a Cuba en el tercer lugar de inauguración de la radio en América Latina; su presencia en el éter era anunciada con el tradicional cañonazo de las nueve de la noche, símbolo de identidad cubana.

Más tarde, el 10 de octubre de 1922, se fundó en la Isla la PWX, de la Cuban Telefhone Company. El discurso inaugural lo pronunció en inglés el presidente Alfredo Zayas. Seguidamente, fue escuchada la Orquesta del Estado Mayor del Ejército, dirigida por Luis Casas Romero, y a continuación Rita Montaner interpretó dos piezas: Rosas y violetas, de José Mauri, y Presentimiento, de Eduardo Sánchez de Fuentes.

Palabras, música, efectos y silencios que son los cuatro componentes básicos de la radio, se han desarrollado en Cuba durante 91 años. Primero, ella fue diseñada para el servicio comercial, con un pobre alcance y cobertura, ceñida a los enclaves de mayor poder adquisitivo. Tras el triunfo de la Revolución, y con el aliento de Fidel, nuestra radio abarcó totalmente el país con emisoras nacionales, provinciales y municipales, y un servicio internacional, Radio Habana Cuba, con emisión en nueve idiomas. Nuestra radio posee un sistema nacional coherente, que permite una extraordinaria cobertura sobre eventos informativos, educacionales, culturales, históricos y de entretenimiento, pensada para satisfacer las necesidades e intereses tanto de los niños y jóvenes, como de los adultos.

Hoy, en su cumpleaños 91, la radio sobrevive a los disímiles peligros que la acecharon y que todavía desafía, desde la inicial galena hasta el último modelo digital; desde la a veces ruidosa línea telefónica hasta el radio-enlace por frecuencia modulada y por satélite; desde el sonido monofónico, hasta el estereofónico; desde el tocadiscos de 78 revoluciones hasta la última computadora que sale al mercado; y desde la radio analógica a la digital. Con la irrupción de Internet, la radio mostró ser el medio masivo nunca remplazado al compartir el ciberespacio para insertar su imagen auditiva y su palabra escrita en la red de redes. De este modo, una pequeña emisora deviene en gran cadena internacional que no precisa de potentes transmisores.

No dejo fuera del recuento, que en 1976 se originó el antecedente del Festival Nacional de Radio (1979), evento que amplió la visión creadora e incentivó la superación entre los trabajadores, al tiempo que contribuyó a la riqueza de programas en los municipios y provincias, los cuales pusieron en jaque a las cadenas nacionales, donde surgieron las corresponsalías de imprescindible necesidad.

Asimismo, la presencia de los grupos dramáticos propició la formación de técnicos y artistas que crearon productos dramatizados: teatro, cuento y novela, además de programas históricos, infantiles e informativos. En 1985-86, las cadenas de Santiago de Cuba, Camagüey y Villa Clara rescataron, para la radio nacional, el teatro y el cuento, que habían desaparecido junto con Radio Liberación.

Dificultades, agresiones y retos constantes forjan a la sociedad cubana, de lo que la radio es reflejo y partícipe.  El pueblo resiste con coraje los más de 50 años del bloqueo impuesto por el Gobierno estadounidense. Y, también la radio resiste, sin afectar las estructuras de creación. Por citar dos ejemplos de profunda connotación, evoquemos cómo contribuyó con gloria informativa al esclarecimiento de los trágicos sucesos y vuelta a Cuba del niño Elián, y de cómo hoy lleva a cabo una fuerte campaña, a través de todas sus emisoras, dirigida al retorno de los Cinco Héroes.

Recordemos cómo en el período especial suplió, en parte, al servicio informativo de la televisión y de los diarios. Creció con más de 29 emisoras. ¿Cómo omitir el trabajo de los técnicos que inventaron piezas de repuesto o de  periodistas y artistas que se crecieron pese a la carencia de materiales para realizar sus labores, sin eliminar programas? Una generación viene y otra va. ¡Qué tremenda responsabilidad la de llegar y avanzar sin el derecho a equivocarse, porque la palabra «rescatar» ya no cabe en el diccionario de la historia!

No es posible olvidar a los antecesores y la obra que ellos legan a las nuevas generaciones, las que tienen el compromiso de preservar sus valores y desarrollarla con ingenio. Así como cuidar con esmero el sentido de pertenencia, y la huella de los principales protagonistas de ayer y de hoy: hombres y mujeres, empeñados en hacer el mejor sistema radial de América. Confío, que la radio mantendrá, inmaculada, la hermosa trayectoria de la palabra interminable.

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