Donde palpita la cultura - Cultura

Donde palpita la cultura

El movimiento de artistas aficionados constituye un espacio vital para dar cauce a las necesidades de recreación y expresión de la cultura territorial y nacional. Sin embargo, no pocas veces sufre de indiferencia o subestimación

Autores:

Lourdes M. Benítez Cereijo
Margarita Barrios

País adentro late fuerte la identidad y nacen todos los días esperanzas y ganas de hacer. País adentro se fortalece la creación y emanan experiencias desde todos los escenarios posibles. País adentro corre el fluido cultural de la nación, que ha tenido en el movimiento de artistas aficionados un empuje primordial.

Cuestiones relacionadas con la salud y retos de este movimiento fueron tema de análisis como parte de los debates del recién finalizado II Congreso de la Asociación Hermanos Saíz.

«Debemos reclamar que se den pasos para recuperar el rol del movimiento de aficionados y lograr desde las instituciones una real atención y promoción del quehacer de muchos jóvenes que ven la entrada al sector profesional como la única vía de legitimación y realización a la que pueden aspirar, lo cual, sin dudas, muestra las insuficiencias de las Casas de Cultura, que no logran dimensionar un trabajo que en ocasiones adquiere un verdadero relieve en el marco de la comunidad», así quedó recogido en el informe presentado en la comisión de Artes escénicas del certamen.

Al respecto, Lester Escalona, delegado de Granma, destacó que «los profesionales miran distinto a los aficionados, a quienes no siempre se les reconoce su valor».

Sería un error apartar la mirada de esas canteras que tributan a la cultura desde la dimensión local y también nacional. Confrontar otras estéticas y corrientes de pensamiento aporta ganancias en un proceso de superación conjunta.

Jaime Gómez Triana enfatizó en el papel que debe cumplir este movimiento. «Hay que recuperar su función protagónica y apreciar justamente ese talento amateur. Ello permitiría una mayor participación activa en la vida cultural dentro de la sociedad y se redimensionaría el patrimonio».

Frank Armando Pérez, vicepresidente de la AHS en Cienfuegos, fue uno de esos jóvenes que vivió la dura experiencia del tránsito a profesional. «En la medida que el sistema de aficionados sea atendido con estrategias bien pensadas, sentirán más motivación y el empuje necesario para ganar en espacios de reconocimiento».

La más larga tradición

Hablar de estos artífices en instancias como la Federación Estudiantil Universitaria (FEU), es adentrarse en una larga historia, pues desde siempre las universidades cubanas contaron con estudiantes que se acercaron al arte como parte imprescindible de su acervo cultural, y de ellas surgieron incluso talentosos artistas y propuestas de nivel nacional e internacional.

«Nuestro movimiento de aficionados tiene hoy un gran apego a la comunidad, con proyectos que salen más allá de los muros universitarios para trascender a la población», expresó a nuestro diario Lisandra Esquivel, miembro del Secretariado Nacional de la FEU que atiende la esfera de la Cultura.

«Este año tenemos Festival Nacional, será en Santiago de Cuba, y desde ya los muchachos se preparan para ganarse un espacio. Es difícil, pues la cuota de asistentes resulta pequeña para la gran cantidad de proyectos culturales que hay en todas las universidades del país, apuntó.

La dirigente estudiantil anunció que aprovechando el Festival Universitario del Libro y la Lectura, que se desarrollará del 15 al 17 de noviembre, tendrán un espacio de lujo en el Pabellón Cuba para mostrar mucho del talento artístico de la FEU.

A Lisandra no se le escapa la realidad de que, para un estudiante universitario con una fuerte carga de estudios, la participación en un proyecto cultural siempre requiere de un sacrificio extra.

«Son horas de preparación, acotó, y muchas veces no contamos con locales adecuados para los ensayos, o con todos los instructores que desearíamos, pero de todos modos lo asumimos con mucho entusiasmo y las dificultades no han hecho mermar la tradición que tiene el movimiento de artistas aficionados de la FEU».

Los «pequeños más grandes» artistas

La corriente de los aficionados está presente en los ámbitos escolares. En todos los colectivos pioneriles del país los niños y niñas que gustan de realizar cualquier manifestación artística —teatro, danza, música, literatura y artes plásticas— tienen asegurada la posibilidad de desarrollar sus habilidades.

Rafael La O Sardiñas, director artístico de la presidencia nacional de la Organización de Pioneros José Martí (OPJM), en entrevista para JR explicó que el objetivo fundamental es la recreación de los alumnos, así como que se acerquen a las mejores tradiciones culturales de nuestro país y también del ámbito internacional.

«Esas actividades, destacó La O, se extienden a la comunidad y muchas veces llegan a las Casas de Cultura, a través del quehacer de los instructores de arte en los centros escolares, figura fundamental en este empeño.

«Los guías de pioneros, añadió, también contribuyen a la realización de las actividades culturales, y no podemos olvidar a la familia, pues sin su apoyo sería imposible a veces confeccionar el vestuario, conseguir un transporte, un objeto para realizar una representación teatral, entre otras muchas cosas que necesitamos y que a veces no están a la mano».

El funcionario de la OPJM destacó que la participación en estas actividades es totalmente voluntaria, asisten los que tienen motivaciones, inquietudes artísticas, y significó que en cada curso escolar se revitalizan, en cada colectivo y destacamento pioneril, las agrupaciones dedicadas a la danza, los coros, etcétera.

Por último, destacó que el país cuenta con grupos de aficionados infantiles muy reconocidos, como son los capitalinos Cascabelito, Clave de sol, Cuba Circo Pioneril, A contra tiempo y Cascabel; así como Andariega, de Camagüey; este último fue merecedor este año del premio Los zapaticos de rosa, máxima distinción que otorga la OPJM.

Presentes en cada centro escolar

Para José Ángel Fernández, presidente nacional de la Federación de Estudiantes de la Enseñanza Media (FEEM), el mayor reto de la organización en cuanto al movimiento de aficionados es lograr mantenerlo en todos los centros educacionales y que los estudiantes tomen conciencia de la importancia que tiene.

«Debemos priorizar su cristalización en todos los centros mediante los festivales, pues estos son espacios que proporcionan la oportunidad de desarrollar las habilidades en las diversas manifestaciones artísticas. Además, identificamos el talento que tenemos dentro de nuestra organización y contribuimos a las metas de nuestro proyecto social».

Insistió el dirigente juvenil en la necesidad de garantizar las acciones del movimiento. «Tenemos instaurado un sistema que nos permite desarrollar el quehacer de los aficionados. Este año debemos efectuar actividades como las del Día del Estudiante, el 17 de noviembre; el aniversario 43 de la organización, el 6 de diciembre; así como un amplio programa en función del Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes», concluyó.

En relación con la temática de los instructores de arte, JR dialogó con Lizette Martínez Luzardo, vicepresidenta de la Brigada José Martí.

—La Brigada ha sido siempre surtidor constante de valores y talentos, así como bujía para el movimiento de artistas aficionados. Sin embargo, muchos consideran que ha perdido empuje.

—La brigada es en primer lugar un movimiento joven, de nueve años. No podemos decir que estemos satisfechos con los resultados alcanzados y el nivel de preparación que tiene nuestra gente para enfrentar los desafíos. No creo que estemos en un momento de pérdida, sino de cambio, de transformación, de reflexión.

«Hoy la brigada trabaja en un mundo donde la tecnología y la actualización en materia de arte es muy superior. Por tanto, el instructor debe asumir múltiples misiones en cada uno de los escenarios donde actúa. Es un reto pensar en cómo conseguir un profesional que cumpla con todas sus tareas sin perder la calidad».

—Muchas veces llegamos a las Casas de Cultura y advertimos que las ofertas culturales que se ofrecen no representan lo mejor de nuestro quehacer.

—Es lamentable y es una realidad a la que nos enfrentamos a diario. Es un fenómeno multifactorial que pasa por la preparación, por la falta de investigación, por el seguimiento que se hace de los procesos de trabajo de nuestras unidades artísticas. Esa labor debe estar enfocada fundamentalmente, no a la obra de teatro o número musical que podamos montar, sino a la formación, al aprendizaje. Tenemos que trabajar mucho más la construcción de referentes en cada uno de los espacios y la concepción de ofertas culturales valiosas hasta el último municipio de nuestro país.

—Hablabas de cambios…

—Necesitamos transformaciones en el funcionamiento de las estructuras de nuestra brigada. No pretendemos parecernos a nadie ni aplicar recetas que existen en otras organizaciones. Se impone trabajar de un modo distinto partiendo de que la esencia de la Brigada de Instructores de Arte no está en sus estructuras de dirección ni en sus dirigentes, sino en lo que sea capaz de aportar cada uno de sus miembros.

«No obstante, uno de los elementos positivos es cómo nos hemos podido transformar a partir de las exigencias de la práctica.

—¿Cómo repercute esto en el movimiento de artistas aficionados que se genera al interior de las universidades y las comunidades?

—Existe un elemento primordial a tener en cuenta y es que los instructores de arte no tienen una presencia en la mayoría de las casas de altos estudios. Hoy, exceptuando las universidades pedagógicas, no tenemos presencia de al menos uno por especialidad que pueda trabajar en la atención al movimiento de artistas aficionados.

«Generalmente los instructores de arte que se vinculan a las comunidades, lo hacen como una tarea más y no dentro del propio movimiento estudiantil que se genera y tiene lugar en las escuelas. Si logramos mayores vínculos creo que podremos alcanzar resultados superiores, para que se sienta más el impacto del movimiento de aficionados.

«Nuestros lazos con los aficionados son vitales, porque somos un poco los lazarillos, autores y actores anónimos de lo que sucede en los espacios en que se presentan. Es un engranaje que nos recuerda constantemente que no debemos perder de vista lo que surge desde el pueblo y las escuelas, pues es allí donde verdaderamente está viva la cultura».

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