Revelaciones de «André»

El mujeriego a ultranza y sin ánimos de compromiso de la novela brasileña Insensato corazón, André Gurgel (Lázaro Ramos), anda por las calles de la Habana en estos días de Festival

Autor:

Jaisy Izquierdo

Lázaro Ramos ha perdido su nombre en Cuba. Para todos los que lo encuentran por estos días de Festival, él es André Gurgel, el mujeriego a ultranza y sin ánimos de compromiso de la novela brasileña Insensato corazón.

«Estoy muy contento porque las personas son muy cariñosas conmigo, y es muy bonito. Me saludan en las calles con bromas que me hacen recordar nuevamente mi condición de “Andrés”. Este cariño para un artista es algo importantísimo que deseo agradecer. Insensato corazón es una obra que realicé hace cuatro años y ahora la vuelvo a revivir en La Habana. Las bromas que me hacen en la calle son muy divertidas».

Confiesa que estar en Cuba es «la realización de un sueño», y espera que en los próximos años los televidentes puedan disfrutar de otra novela en la que trabajó el año pasado, Lado a lado, en la que también participa Patricia Pillar, quien estuvo el año pasado en el Festival como jurado.

No es esta la primera ocasión en que Ramos visita la Isla. Cuando estuvo en 2008 en La Habana se hospedó en el Hotel Nacional y cuenta que en sus primeros días se encontró con Omara Portuondo en la puerta del hotel. «Me quedé como loco y le pedí hasta una foto», rememora, y explica que se considera amante de la música cubana, «sobre todo la que es para bailar».

De sus próximos trabajos adelantó que comenzará una novela con O’ Globo titulada Generación Brasil, y se sumergirá además en la realización de su primer largometraje de ficción. Después de rodar cortos y documentales, el actor se propone filmar la historia de dos primos que se encuentran enclaustrados en un departamento cuando el Gobierno lanza una medida circunstancial.

Como realizador no tiene temas de preferencia; pero le inquietan las relaciones de los padres con sus hijos, algo que no se explica, pues —aclara— viaja a La Habana acompañado de su papá. No obstante, siente que las tramas relacionadas con la familia le atraen especialmente. No es casual entonces que Lázaro Ramos en 2009 fuera nombrado embajador de Unicef y en ese mismo año también resultó considerado por el diario The Times como uno de los cien brasileños más influyentes y reconocidos de su país.

De su labor como juez en la cita fílmica precisó que precisamente este año debutó como jurado en el Festival de Río. «Esa experiencia fue muy difícil, porque competían películas de gran calidad, y pienso que ahora al repetir la experiencia en el Festival de La Habana tampoco me será fácil, así que tengo grandes expectativas», expresó Ramos, quien afirma que no tiene una fórmula fija para que le seduzca una película: «¡Que cuente una buena historia, claro!».

Aunque Ramos juzgará los largos de    ficción, siente un especial aprecio por la categoría de guiones: «Creo que es de las más importantes, porque les da un empujón a aquellas historias que desean convertirse en un filme». Y al hablar del Festival no puede dejar de recordar el cariño grandísimo que en su país expresan cineastas y actores por el Festival de La Habana, «ya que la historia de la relación de Brasil con el Festival es entrañable».

Al valorar la producción del continente aseveró que en la cinematografía de la región «hay algo especial. Es como una revolución; tal vez empezamos a mirarnos nosotros mismos y no quisimos imitar las maneras de hacer el cine de otros. En Brasil hemos apostado por contar nuestras propias historias, y claro que existen dificultades con el financiamiento, pero es este un problema que atañe a toda América Latina. La creatividad es esencial».

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