Exposición en la Catedral

Objetos de arqueología religiosa, ejemplares de manuscritos anteriores a la Edad Media, papiros y obras pictóricas, así como rollos rescatados del Holocausto, se muestran en el corazón de La Habana

Autor:

Jaisy Izquierdo

La Catedral de La Habana se transformó por dentro. Los altares quedaron ocultos tras un laberinto de gigantografías, y un nuevo camino se tejió entre los gruesos pilares de la iglesia. Dispuestas las tres vetustas naves con los ropajes de una moderna galería, se acomodaron en su interior 15 vitrinas con más de 70 textos y objetos bíblicos de gran valor que conforman la muestra La Biblia, camino de Dios en el camino del hombre.

La mayoría de las piezas, pertenecientes a la famosa colección privada Green, de Estados Unidos, solo han sido exhibidas, fuera de ese país, en el Vaticano, y ahora llegan a la Isla para proponer un rencuentro con la milenaria historia del libro que muchos consideran sagrado, un periplo que se entrelaza en sus inicios con el del pueblo judío y sus esfuerzos por conservar el Tanak (denominado también Antiguo Testamento), se amplía con los evangelios y los escritos apostólicos, y que luego se extiende al mundo con la expansión del cristianismo por todo el imperio romano, bajo la aceptación de Constantino el Grande.

La Edad Media, la colonización y la reforma protestante son otros de los períodos por los que transita la muestra, hasta llegar a la modernidad, caracterizada por el boom de versiones y traducciones realizadas a la Biblia, que sobrepasan la cifra de 2 500 lenguas y dialectos, encabezando así la lista de los libros más famosos del universo. Sí, porque incluso una versión para la Luna llegó hasta nuestro satélite natural, resguardada en un microfilm, durante la expedición del Apolo 14, en 1971.

Además de la Biblia Lunar —de la cual se exhibe un segmento de 50 páginas que recorrió el territorio extraterrestre en el traje espacial del astronauta Edgar D. Mitchell—, no son  pocos en la muestra los objetos que resultan de gran interés.

Un rollo de la Torá se despliega en el libro de Génesis, mientras una mano de madera con el índice extendido, (conocida como yad) señala las primeras palabras del texto. Este ejemplar alemán del siglo XIX es una rareza, puesto que la mayoría de las copias de la época fueron destruidas por los nazis durante el Holocausto en la Segunda Guerra Mundial.

Se exhiben también vasijas de uso diario de la Edad de Bronce, relativas a la época de Abraham; piezas originales del Antiguo Egipto que ambientan el Éxodo bajo el liderazgo de Moisés, y un hermoso shofar o trompeta, elaborado con el cuerno de un antílope, que convocaba a las fiestas religiosas judías. De la época de Jesucristo resalta una bolsa de cuero con medio siclo de plata, moneda similar a las que Judas Iscariote recibió por su traición, según el relato de los evangelistas.

Mientras las grandes impresiones nos remiten a la geografía de las cuevas del Qumran, en una vitrina se despliega un facsímil del Gran rollo de Isaías, descubierto en 1947 cerca del Mar Muerto, hallazgo que demostró el cuidado y rigor de los copistas al transmitir el texto bíblico a través de los siglos. De gran valor arqueológico son también los papiros del siglo III d.n.e., en los cuales se aprecia la evolución de formato experimentada por los textos, que cambian su forma de rollos a códices con las páginas separadas al igual que los libros modernos.

A los bibliómanos los deleitará el hecho de poder constatar cómo ha evolucionado la escritura, la manera de componer los libros, los materiales de sus páginas (vitelas, pergaminos, papel de algodón), la posibilidad de disfrutar del arte de la ilustración a través del trabajo de los monjes iluministas; aspectos todos que se pueden verificar a través del decursar de la Biblia, la cual también ostenta el récord de ser el libro antiguo con más manuscritos preservados: alrededor de 40 000 ejemplares.

Momento singular resulta en el itinerario la llegada al rincón de Gutenberg, donde se atesoran dos facsímiles de la Biblia impresa por el inventor de los tipos móviles, y una hoja original de las que vieran la luz en 1455, en la que se imitó con el novedoso procedimiento mecánico las hermosas letras góticas y el latín de los copistas de la época. Para ilustrar la rutina que revolucionó el mundo de la literatura y la lectura, un joven acciona una enorme maquinaria de madera similar a la imprenta de Gutenberg, y regala a los asistentes una hoja entintada con los raros caracteres donde acaso se lee con claridad el nombre del rey David.

Las vueltas de la Historia tocan proa en nuestras orillas, con la cercanía que produce el ver documentos firmados por Fray Bartolomé de las Casas, en los que denuncia las crueldades perpetradas por sus compatriotas durante la Conquista, barbaries que presenció justo en Cuba durante la matanza de Caonao, y que calaron en su alma de tal modo que en Sancti Spíritus renunciaría públicamente a su encomienda de esclavos indios.

En esta exposición, que estará en La Habana hasta el próximo 2 de febrero, desfilan otros originales de biblias famosas, como la Políglota Complutense (1514), que compara el texto en cuatro idiomas antiguos; el Nuevo Testamento de Lutero (1558), que trascendió lo religioso y tuvo un gran impacto en la cultura alemana; la Biblia de Ginebra (1560), versión de la Reforma protestante que Shakespeare citó más de 1 200 veces, y otra traducida en 1685 al dialecto Natick, de las tribus Algoquim, de Massachusetts, un trabajo que requirió de su autor la creación de un sistema de escritura y posterior alfabetización, puesto que tal dialecto no había sido nunca escrito.

Es este, entonces, un feliz encuentro donde se entrelazan las artes, la arqueología y la espiritualidad, que propone un nuevo camino para recorrer la gran aventura del hombre, desde su primitiva desnudez hasta su más extravagante ropaje espacial, del Edén a la Luna, contada esta vez desde la perspectiva de un libro singular, la Biblia.

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