María Fernanda, entre versos

Geografías torturadas es el título del poemario presentado por la autora ecuatoriana en la 23 Feria del Libro de La Habana

Autor:

Jaisy Izquierdo

María Fernanda se presentó con sus versos, estrofas viajeras que atraviesan ciudades y las almas silenciosas que las pueblan, esas mismas que su mirada sensible rescata del polvo del olvido o la indiferencia y las devuelve a través de su Geografías torturadas.

Este poemario, que ayer presentara la autora en la Sala Pablo Palacio, de la Cabaña, es un mapa singular no apto para turistas que buscan luces de neón, incapaces de escuchar el verdadero latido de las calles por donde pasean. Pero Fernanda sí escucha.

Y cuando leyó tres de sus poemas casi olvidamos que nos encontramos frente a una mujer ecuatoriana que ha sido ministra de Relaciones Exteriores, Comercio e Integración en 2007, embajadora de su país en Naciones Unidas al año siguiente, ministra coordinadora de Patrimonio del 2010 al 2012 y que actualmente se desempeña como ministra de Defensa Nacional.

Prefirió hablar de la literatura en estos tiempos en que la lectura decae y pareciera una necedad o testarudez ser escritor. Pero reincide porque sabe que en especial la poesía es «como el pan y el agua, un alimento necesario del espíritu. También es un arma, una artillería para defender lo que creemos, por eso ella misma debe formar parte de las cosas que tenemos que resguardar».

La escritora de Tatuaje de selva y Loba triste, merecedora del Premio Nacional de Poesía en 1990, seguirá entonces «insistiendo contracorriente, para defender la poesía de la educación homogeneizante y de los azares del mercado. No es un adorno ser poeta, es una responsabilidad. Los cargos van y vienen, pero lo que sí es permanente es la condición de poeta, y serlo en toda su dimensión no es más que mirar poéticamente el universo, aunque luego puedas o no describirlo».

Con mucho orgullo afirma ser una escritora comprometida, sin que tal condición la demerite, sabedora de que la calidad de la obra siempre supera cualquier clasificación. La palabra de combate, asegura, es una herramienta de transformación del espíritu, un filtro para ver el mundo.

«No hay poesía sin política —defiende María Fernanda—, y la buena política tiene que estar repleta de buena poesía. Que un proceso como la Revolución Ciudadana ponga a una poeta en el cargo de ministra de Defensa es un acto que tiene algo que decir al mundo. Y no es más que el deseo de combatir la banalización, dignificar la palabra, y revelarla como el elemento capaz de sacar a la superficie esa calidad de amor que tenemos por dentro».

Y mucha ternura saca la autora para fijar su mirada en los más humildes, como resalta Abel Prieto en la contraportada, no importa si visita ciudades o desiertos, cabañas o rascacielos; su mirada de poeta se detiene «en la criatura humana, en su destino tantas veces trágico, en su batalla feroz por la supervivencia».

El pez dorado de Arizona

En Agua Prieta, desierto de Arizona,/ vive el pez dorado./ Tiene una memoria que dura tres segundos./ Vive solo en el presente. Nada sin parar./ Reinventa todo a cada instante,/ pero no llega a ninguna parte,/ porque su camino es siempre otro.

El pez dorado olvida su nombre,/ olvida el amor,/ olvida su propósito,/ sus hijos, sus padres./ Es como la historia escrita por los poderosos:/ está hecha con una memoria de apenas tres segundos,/ para que nadie recuerde la guerra o la noche.

La historia que guarda el pez dorado/ es como la nuestra, dura apenas tres segundos./ Nuestros dolores se repiten/ y aparecen nuevos cada vez.

(María Fernanda Espinosa)

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