Poética simbólica del jardín

La pintura de Ernesto Villanueva se presenta ante la retina del espectador desde ese espacio en que se unen la inteligencia y la sensibilidad

Autor:

Toni Piñera

«Sueños, símbolos e imágenes, atraviesan el
día: un desorden de mundos imaginarios confluyen
sin cesar en el mundo…».
Jorge Luis Borges

No hay dudas: la pintura de Ernesto Villanueva se presenta ante la retina del espectador desde ese espacio en que se unen la inteligencia y la sensibilidad. Los trabajos que viene realizando en los últimos años pertenecen a la serie Summer in my garden (Verano en mi jardín), precisamente el título de su más reciente muestra, abierta en la galería del hotel Meliá Cohíba e integrada por un conjunto de trabajos muy actuales.

En ellos observamos una desarrollada técnica que le permite al creador trabajar sobre la tela, disfrutando con la aplicación de la materia; la libertad la guía en el encuentro de la mancha y en la distribución de luces/sombras. De esta manera, intuitiva y laboriosa, halla el sendero para ocupar con la razón los lugares espontáneos que tiene la creación artística. Símbolos e imágenes se funden en un lenguaje donde cada año el paso del tiempo le otorga la solidez de la experiencia.

Tanto en estas piezas como en otras de series anteriores que van marcando el camino, a partir del principio del dibujo y de los planos, Villanueva, cual arquitecto de sueños, trata de proyectar su sensibilidad desde una visión espontánea, personal.

La abstracción, para el joven artista, fue como la luz que iluminó, hace ya años, la ruta para encontrarse. Tiempo de sumas que van armando una obra interesante y solidificada. Lo que nos sorprende en la misma son los diversos recursos utilizados para componer un mundo donde, sin abandonar los caminos anteriores, emprende otros nuevos. La sintaxis de su lenguaje pictórico, lejos de romperse, se enriquece. Anteriormente su obra se mantenía dentro de un contexto en el que era posible apreciar acercamientos directos a la realidad. Sin embargo, lo más actual demuestra que la abstracción ha tomado en su pintura otros rumbos inesperados donde la fragmentación le permite desarrollar interesantes secuencias compositivas.

«Comencé mi carrera, suele decir el creador, con una búsqueda que exploró la figuración, trabajando temáticas asociadas al urbanismo, y a sus dinámicas. Después múltiples experiencias fueron moldeando una obra cada vez más abstracta, que se mueve siempre partiendo de conceptos o ideas generales hacia las tendencias geométricas actuales». El ideario de mi obra —dice— está estrechamente ligado a las grandes preocupaciones humanas. El tiempo, la vida, el orden de las cosas y el equilibrio alrededor nuestro. Un lenguaje propio de símbolos se ha personalizado en mi trabajo…

Las formas pictóricas asumidas por Villanueva en esas variadas «pieles-superficies» que le       conceden una riqueza visual, están sujetas a un orden en el que las figuras-abstracciones aparecen indistintamente como formas simbólicas —sintéticas y corpóreas—,  y otras en las que las composiciones semejan acercamientos que exploran las regiones más íntimas de los elementos visuales construidos por el creador.

Todo ese movimiento es debido a sus inquietudes artísticas en su deseo por explorar la línea y el dibujo, que ocupan un destacado lugar en sus experimentos plásticos, junto con las manchas de tonalidades y las pinceladas libres, para así armar un rico arsenal de formas que matizan su discurso tanto conceptual como estéticamente.

Un orden temporal preciso creaba al inicio de su carrera como pintor (1995-2000), en el que los rasgos de la arquitectura habanera, salpicada por el cromatismo característico de nuestra ciudad y su encanto matizaban esas obras. Todo ello evolucionó hacia lo que constituyeron sus primeros «balbuceos abstractos», a finales de los 90. Luego, en el primer lustro del siglo XXI toma el camino de la abstracción. Etapa de series cortas con temáticas tan variadas como Laberintos y Bicicletas, en las que utilizaba metales e instalaciones directamente sobre los lienzos.

Actualmente y desde hace ya algún tiempo, sus creaciones expresan una riqueza singular. Es que él ha conseguido que sus cuadros representen un sentimiento y lo logra a través del trazo justo que da movimiento a la imagen. De este modo, se crea tensión como producto de un dibujo de contornos insinuados: las flores de un jardín imaginario que colorea a su antojo, y nos entrega en plena efervescencia sensual. La prolongación del trazo y el clima pictórico que le rodea sugieren un pleno impulso visual que llena el espacio de la tela. Es, precisamente en el dibujo, donde capta el dinamismo y la sensualidad de las «flores del jardín». Cada nuevo cuadro nos introduce en una vivencia casi fantástica, en la que la imaginación recrea una sucesión de cortes y quebradas… El pincel acompaña un dibujo cada vez más abstracto y el color insinúa el clima que requiere cada obra.

¿El jardín? Villanueva explica: «A la serie llego desde la geometría y a su vez de un grupo de obras de transición que se enfocaban en la repetición de elementos y símbolos diversos, para así crear un ambiente “concreto”, donde el color tuviera un protagonismo diferente. Así se pueden encontrar, en el principio, jardines monocromáticos y otros casi abstractos. Debería entonces comenzar explicando que no son jardines, ni son flores, sino que se trata de un espacio teórico de felicidad, que alude al jardín como símbolo ancestral de escape y de reflexión, y utiliza la simbología de la flor, para, desde la repetición de este elemento, crear una idea abstracta de coto o jardín cerrado, no natural, no clasificable, y lo más importante, un espacio bello. No renunciar a la belleza necesaria en ese espacio teórico es una de las columnas que sostienen esta serie y todo su positivismo».

Comparte esta noticia



Enviar por E-mail

  • Los comentarios deben basarse en el respeto a los criterios.
  • No se admitirán ofensas, frases vulgares, ni palabras obscenas.
  • Nos reservamos el derecho de no publicar los que incumplan con las normas de este sitio.