Cien años con Samuel Feijóo

A las muchas esencias de Feijóo que habitaron en Samuel nos acercamos en su centenario por medio del diálogo con el poeta, crítico literario y su amigo personal, Virgilio López Lemus

Autor:

Jaisy Izquierdo

A la vuelta de un siglo, Samuel Feijóo saluda vital con su poética a cuestas, una poesía que supo atrapar entre páginas y lienzos con profusa originalidad y cubanía. Acaso por ello el destacado investigador literario Virgilio López Lemus asegura que sin esta Isla habría otro autor, puesto que el centro de su obra fue sin dudas la naturaleza de esta tierra.

«Feijóo es un hito en el desarrollo de la identidad nacional cubana. Su lugar es presente, y será futuro», afirma López Lemus y rápidamente multiplica: «Creo que él no ocupa un lugar, sino varios lugares en el desarrollo de la cultura cubana en el siglo XX». Acaso tantos —imagino— como el número de «feijoses» que habitaron en el alma de Samuel, destellos múltiples que JR pretendió perseguir en este apretado diálogo.

—Virgilio, Samuel Feijóo expresó: «lo que yo escribo es oro, si no lo encuentran sigue siendo oro». ¿Cómo ha sido tratada su obra literaria en estos años por la crítica?

—La obra literaria de Samuel se inició con propiedad cualitativa en la década de 1930, y es al final de esos años que comenzó a ser conocida, con más amplitud en las dos siguientes, cuando publicó algunos de sus libros fundamentales.

«Las primeras reacciones críticas pueden hallarse en los años 40, cuando aún él era un joven lleno de talento. Su narrativa es casi por completo de la década de los 60. Se ha venido a tener una amplia noción de todo el quehacer literario feijoseano a partir de los 80, cuando sobre todo había despertado el interés entre creadores nacidos tras 1945.

«Sus herederos editoriales de la revista Signos han sido consecuentes con su recuerdo. Creo, sin embargo, muy insuficientes el número de valoraciones sobre una obra tan vasta. Además de que el mismo Feijóo y su obra no son objetos esenciales de estudios en los planes docentes cubanos, cuando en verdad lo ameritan mucho».

—Como estudioso de su obra, ¿por qué asegura que Feijóo es una de las figuras más trascendentales de la cultura cubana?

—De ello estaban convencidos algunos intelectuales cubanos de renombre, como Guillén, Carpentier, Lezama y la familia Vitier-García Marruz. Roberto Fernández Retamar también le ha dedicado espacio de privilegio en sus textos. Aunque nunca se le otorgó, por error, el Premio Nacional de Literatura, al menos el Estado lo distinguió con la Orden Félix Varela. Sin embargo, lo que importa en Feijóo es su enorme obra literaria, la mayor parte de la cual se encuentra inexplorada.

«Solo cuantitativamente, es uno de los pocos polígrafos que Cuba haya dado. Cualitativamente, tiene hitos como su poema Faz, tesoro de la muy rica tradición poética nacional.

«Algunos lo creyeron solo un compilador folclorista, porque no se dieron cuenta de que incluso esa ferviente labor compilatoria pertenecía a un entramado poético, conceptual, muy bien elaborado por el poeta. Pero su obra es oro, si no lo hallamos, será por nuestro poco don explorativo o por negaciones interesadas por diferentes posturas estéticas. Esto último no resulta para nada hermoso o justo».

—¿Cuál es la visión que en torno a la figura del escritor de El sensible zarapico traza en su libro Feijóo o la colmena?

—Es mi acercamiento a una obra que me sobrepasa por el tiempo de análisis que requiere. De modo que Feijóo o la colmena es en verdad una introducción a la comprensión global de esa labor literaria, pictórica y promocional que necesita múltiples abordajes, de muchos críticos, con ideas concordantes o contrapuestas.

«Este libro mío es un grano para desentrañar una madeja creativa, cuyo centro irradiador es la poesía y la presencia de una poética explícita, con sistema y método muy bien calibrados. Mi libro es una llamada de atención, junto con el anterior Samuel o la abeja, sobre esa poética y cómo ella ilumina toda la obra de este poeta realmente extraordinario. Y es también mi homenaje, el que he podido ofrecerle, por su grandeza».

—¿Cómo conoció a Feijóo y qué recuerdos guarda de su amistad?

—A Feijóo lo conocí en la Editorial Letras Cubanas, cuando ya avanzaba hacia el final de su ciclo vital. Poco después organicé un homenaje por su 70 cumpleaños en dicha casa editorial, y logré luego reunir las fuerzas admirativas para coordinar el primer coloquio que se realizó sobre su obra, celebrado en Cienfuegos, cuando él cumplió los 75 años.

«En vida lo admiré mucho y lo sigo admirando sobremanera tras su muerte. Esto queda por encima de que alguna frase o algún texto suyo no me guste demasiado, tampoco él pedía incondicionalidad.

«Samuel era un hombre de trato cordial, salvo cuando montaba en cólera por algún suceso externo, pero se le pasaba rápido la rabieta. Era fraterno, sabía qué es ser amigo y qué significa la lealtad. Era fiel también a la enemistad, pero jamás lo escuché bajando al comentario burdo sobre otras personas.

«No estoy seguro de que fuera un completo vegetariano, pero la escalera de su casa de Cienfuegos daba testimonio de sus comidas frutales, cada escalón contenía frutas que él iba comiendo a lo largo del día. No sé bien tampoco si esto era una comodidad de escritor solitario, para no tener que invertir tiempo cocinando, pero no comía carne que yo supiera, y decía que los seres humanos somos asesinos de vacas, “nuestras segundas madres”.

«Sentía un amor inusitado por lo arbóreo, por los bosques y los paseos campestres, y uno llegaba a sentir que él nos había aceptado como amigo, si nos proponía dar un paseo por el Jardín Botánico o la Ensenada de las Calabazas en Cienfuegos, o por las orillas del río Almendares, lo que hoy llamamos el Parque Metropolitano.

«También su obra toda es testimonio de sus valores y de sus errancias campestres, por lo que creo que con su obra él se escribió, describió y hasta clonó a sí mismo. No se sintió jamás un hombre “famoso”, pero yo creo que él sabía bien que no había armado una obra ciclópea por gusto. Pedía ser útil, y esa utilidad para él se resumía en “acompañar” al humilde, al que sufre. Echó su suerte “con los pobres de la tierra”. La poesía escrita o pictórica nunca fue para él pedestal, sino ara, trabajo intenso».

—¿Qué atractivo pudiera encontrar la juventud cubana en los libros de Feijóo a un siglo de su nacimiento?

—Creo que Feijóo es uno de los puntales de la creación artística identitaria de la nación cubana en el siglo XX, y sigue siendo un hito en el XXI. Solo podrá ser interesante para los jóvenes, si ellos buscan su lectura. Por supuesto, no lo será para quienes no lo lean.

«Feijóo soltó su palabra hacia cierto grado de intemporalidad, de modo que habló a los jóvenes que fueron sus coetáneos y sigue hablando ahora desde las páginas de sus libros. Solo hallará el oro, quien lo busque, si no lo buscan, el oro seguirá estando allí. Recuérdese su cuento para la infancia, Oro en la loma. La recompensa es grande, porque la lectura de las obras de Feijóo (por ejemplo uno de sus dos tomos de Alcancía del artesano) nos ofrece sabiduría y belleza. El joven inteligente que lo descubra no solo en sus novelas, lo seguirá leyendo con intensidad».

—Su obra fue muy abarcadora y extensa más allá de las lides literarias. ¿Qué nos puede decir al respecto?

—Fue un notable pintor. Su pintura a todo color y sus dibujos, están fecundados por su concepción poética del mundo.

«Fue un gran editor. Véase solo por curiosidad la lista de libros que él editó en la Universidad Central de Las Villas entre 1958 y 1968. Algunos de esos libros, y sus autores, son ya referenciales de la cultura nacional e hispanoamericana.

«Fue un periodista notable, que hacía sus artículos para las revistas que dirigía, pero igualmente se convirtió en  un avezado colaborador de Bohemia y otros órganos de prensa.

«Organizó grupos de escritores y de pintores, fue profesor, conferenciante, traductor del inglés y del francés y versionista de textos de otros idiomas. Un folclorista de terreno, copiando el saber oral del pueblo en campos y ciudades.

«Desarrolló una labor como crítico literario y de artes, que califico de muy excelente. Se adelantó a corrientes y tendencias de la literatura y del arte de la segunda mitad del siglo XX.

«Aún se me quedan «feijoses» que contar. Su labor extraliteraria, en los planos sociales, fue siempre la de un impulsor de las obras de otros, ya fueron pictóricas o literarias. A esto hoy se le llama “promotor cultural”. Solo su labor en las revistas Islas y Signos ya lo situarían en posición ventajosa en ese oficio de promover y hacerse él mismo presente en la vida nacional. Mucho hay que agradecerle».

—¿Cuál sería el mejor homenaje que le pudiéramos brindar a Feijóo en su centenario?

—A un poeta se le lee. Ese es el mejor homenaje. A un escritor se le estudia, ese es otro homenaje permanente. A un autor como Feijóo, recordarlo siempre por medio de la lectura atenta, es tocar una parte sensible de la idiosincrasia del pueblo cubano.

«Su centenario ha sido una etapa interesante, con una peregrinación a su tumba, con coloquios en torno a su obra, la salida de la parte final de sus memorias, y libros publicados sobre él o de él. Ojalá que esto indique el primer escalón del reconocimiento sin mezquindades que merece la obra artística que nos legó».

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