Ola teatral en Cádiz con firma cubana

El dramaturgo cubano Abel González Melo estrenó en la hermosa ciudad andaluza, Cádiz en mi corazón, asumida por el grupo Albanta

Autor:

Amado del Pino

Este 2014 va siendo un año inmejorable para el dramaturgo cubano Abel González Melo. En enero recibió la única Mención en el género Teatro del concurso Casa de las Américas

Este 2014 va siendo un año inmejorable para el dramaturgo cubano Abel González Melo. En enero recibió la única Mención en el género Teatro del concurso Casa de las Américas. En las últimas semanas se está viendo, y despertando notable interés, en Madrid la película de Antonio Hens, La Partida, con guion suyo.

Ahora acaba de estrenar, en la hermosa ciudad andaluza, Cádiz en mi corazón, asumida por el grupo Albanta y dirigida por el destacado director de escena y gestor teatral Pepe Bablé, según publica el diario Granma.

Si en su obra Sistema —la distinguida en la Casa que pude leer por cortesía del autor— González Melo estiliza, como una prueba de temprana pero rotunda madurez, una línea de trabajo que viene de éxitos como Chamaco o Talco, en Cádiz… su sensibilidad desanda otros caminos. Abel combina lo narrativo y lo dramático con deliciosa eficacia. Su texto es paisaje intencionado de la vida gaditana; crónica esencial de asuntos y disyuntivas generacionales a través de las últimas décadas de la vida española. También constituye un virtuoso entrar y salir de la comedia, que estalla límpida, a las pasiones humanas asumidas más como sombra o conjetura que como inventario.

Pepe Bablé, nuestro autor y el elenco trabajaron desde el comienzo en este proyecto. El resultado es una convivencia que pocas veces se alcanza entre la palabra y el gesto.

La fidelidad al González Melo más literario —heredero de un texto clásico en la dramaturgia cubana como Morir del cuento, de nuestro común maestro Estorino— se cumple en un espectáculo que Bablé consigue sea vivaz, preciso, con un ritmo de relojería, pero expresado con el desenfado y la aparente ligereza de lo natural.

La banda sonora a ratos ilustra y las más de las veces contrapuntea la risa o el dolor de los cuatro personajes. El director —y sus colaboradores Carolina Bablé y Luis Jiménez— logran una sobriedad de altos quilates en la selección y ubicación de los objetos, el vestuario y la iluminación.

El corazón de este Cádiz visto desde la escena —y con algún discreto, pero entrañable guiño a La Habana con la que siempre se le compara— está en las formidables actuaciones. Charo Sabio sostiene e ilumina una cadena de acciones físicas, un bordado sentimental intenso y extenso que en su cuerpo y su voz encuentran precioso acomodo. Susi Rosado y Carmen Reiné completan un impactante trío de mujeres sobre las tablas. Susi, decisiva en esos primeros minutos que atrapan al espectador y poderosa en otros momentos del espectáculo; Carmen, bastión del casi bailable ritmo de la puesta, contenida en los momentos de broma y rica en matices.

Confieso que en la primera mitad del espectáculo temí que Jay García —responsable de los varios seres masculinos que entran y salen del sutil torbellino de situaciones— se viera disminuido por los tres personajes femeninos con tantos elementos atractivos desde el texto de Abel. Con la sucesión de las funciones podrá ganar en disponibilidad física o precisión en el decir en algunos momentos de la arrancada. Ahora bien, en gran parte de la función que pudimos ver —y sobre todo en algunas de las escenas finales—, García nos lleva hasta las lágrimas con una preciosa mezcla de sincera emotividad, depurada proyección y sensibilidad.

Pepe Bablé y los suyos ratifican su vocación por el diálogo iberoamericano, esta vez a través del intercambio con un González Melo cada vez más internacional y en una plaza tan especial como Cádiz. El sueño de que se vea en La Habana ya está caminando. O mejor —pensando en la fisonomía de las dos ciudades— navegando hacia buen puerto.

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