Al sur, y en el mismísimo centro

Entre creadores con una obra ya reconocida y otros que llegan con notable empuje y frescura trascurrieron las intensas jornadas de la decimoquinta edición del evento trovadoresco Al sur de mi mochila

Autor:

José Luis Estrada Betancourt

CIENFUEGOS.— Tan bella como la Luna cienfueguera que seguramente inspiró a José R. Muñiz Carballo, la del jueves 17 se detuvo para dibujar sobre el mar que «descansaba» detrás del Centro Cultural Julio A. Mella, un perfecto cono que llegaba al escenario, como queriendo arrojar todavía más luz allí donde Luis Alberto Barbería iluminaba con su fabuloso arte para dejar espléndidamente abierta —tras las palabras de bienvenida de Frank Armando Pérez Aguayo, presidente de la Asociación Hermanos Saíz (AHS) en la provincia—, la decimoquinta edición del evento trovadoresco Al sur de mi mochila.

Como 15 años no se cumplen a diario, los organizadores apostaron esta vez por uno de los pilares de Habana Abierta para que inaugurara estas jornadas de trova nombradas a partir de una de las canciones del imprescindible Lázaro García, a quien se le dedicó el evento (también saludaron el aniversario 52 de la Unión de Jóvenes Comunistas), y que se distinguieron, sobre todo, por la elevada calidad de la propuesta artística.

Viendo a Barbería actuar no solo en la actual sede de la AHS cienfueguera, que auspicia Al sur..., sino también en el Café Teatro Terry o en los Jardines de la Uneac, uno comprende por qué Habana Abierta se convirtió en un fenómeno musical internacional. Y es que al igual que sus compañeros, este indiscutible showman se transforma en un «mago» a la hora de defender sus composiciones.

Prodigiosas resultan sus cuerdas vocales, que hacen el «milagro» en cuanto comienza a sonar su guitarra. Entonces pareciera que se torna en el rey de la percusión mayor, menor y hasta media, si la hubiera. Es como si en él se reunieran las grandezas de Chano Pozo, Tata Güines, Changuito, Giovanni Hidalgo, Horacio «El Negro» Hernández..., y no necesitara más que a sí mismo y su instrumento para armar la más fantástica de las orquestas en la que no se extrañan ni los metales, ni las cuerdas.

Cuando interpreta con ese vozarrón que lo acompaña (impresiona su bajo) piezas de su autoría al estilo de Me encantas, Guaguancó para Daniela (Sangre revuelta), Como soy cubano, Bolero en blanco y negro, Échate esto, Rockotocompás o esa preciosa canción de cuna titulada Georgia, uno no puede dejar de agradecerle a Barbería por llenarte de tanto regocijo.

Igual complacencia provocan los muchachones de Enfusión, quienes llegaron a la Perla del Sur con la sabrosura de los tambores y las parrandas de su Bejucal. Ya haber nacido en aquella tierra les aseguró esa cubanía que calan sus canciones (bolero, pilón, conga, timba...), a pesar de que en ellas también habitan blues, rock, funky, reggae, jazz, country...

Enfusión sobresale por su cuidado trabajo vocal e instrumental, y por la poética presente en las letras de los temas compuestos por Noslen García Porrúa (guitarra, voz y dirección) y Mario Miguel García Piña (guitarra y voz), que lo mismo hablan del amor que de esos problemas sociales que nos aquejan, y cuyos arreglos son asumidos de manera colectiva, junto a Lester Márquez Parra (percusión y voz), Javier Castañeda Valle (bajo y voz), Miguel Durrutí y Yadir Parra (percusión).

Temas como Calle 6, No ha sido un sueño, Bendita indisciplina, Equilibrio, ¿Y tú cómo vas?, Qué velocidad y A que me vuelvo más feliz, consiguieron comunicarse de inmediato con un público que por las características del lugar (Muelle Real) anda un poco disperso, tal vez porque se establece demasiada distancia física entre este y los intérpretes (algo que se podría resolver si se ubicaran sillas más cercas del escenario, porque el sitio, en verdad, tiene «su cosa»).

Distinto sucede en espacios ya mencionados como los Jardines de la Uneac y el Café Teatro Terry, hechizados, desde hace tiempo, por la magnífica trova que se produce en Cienfuegos y que transpira por todas partes una salud de hierro, gracias a la labor sostenida y sin concesiones estéticas que por años han realizado los consagrados Lázaro García y Los Novo (los hermanos Pedro y Roberto), responsables estos últimos de cerrar Al sur... con su popular peña; que continuaron creadores tan especiales como Ariel Barreiros y Sadiel Madrazo, y que en la actualidad sostienen Nelson Valdés, Rolando Rivera y La Alternativa, Geysel Bosch, el grupo Kre2, que integran Andy García (guitarra y voz), el guatemalteco Pável Aguilar (tres y voz), Jesús David (percusión) y Yadian Perdomo (bajo)...

Y tiene que ver no únicamente con el hecho de que la Uneac y el Terry cuenten con equipos de audio de mejores condiciones técnicas, ni luces superiores, sino, sobre todo, porque hasta ellos va un auditorio fiel, que responde con el corazón en la mano al lirismo de Madrazo (A golpe de cuerdas, Por la puerta de un siglo...) y de Kre2 (Intentos, Hasta que llega una luz, Romance, Alicia...), se emociona con el extraordinario profesionalismo de Ariel y Nelsito (espectacular el muy bien concebido concierto que ofreció), y se «despelota» con las contagiosas soltura y autenticidad de Rolo, él solo un espectáculo para disfrutar, e incapaz de guardarse para sí toda la música que lleva por dentro y que se desborda en hits que deberían trascender el territorio sureño, como La clave del pueblo.

Por una canción donde convergen múltiples géneros y estilos, sin abandonar nunca los aires tradicionales de nuestra música, siguen apostando con total acierto Valdés y Barreiros. Mientras que en el primero asombra el modo como otras sonoridades han enriquecido su quehacer, así como la madurez que evidencia tanto en sus composiciones como en los arreglos funcionales y la forma sentida con que defiende las mismas; en el segundo uno aplaude con fuerza esa sinceridad y la enorme vocación lírica que carga en temas (Niña, Quinto regimiento, Medio lento, Brujería, Paula, Otra historia...) que siempre conmueven, también por su perenne ternura, por esa calidez que nos transmite el cantar.

Así, entre creadores con una obra ya reconocida y otros que llegan con notable empuje y frescura, entre los que se hallan los pinareños de Fulano de tal, el villaclareño Yuri Giralt del proyecto Cañasanta, y el santiaguero Ramón David Fuentes, trascurrieron las cuatro intensas jornadas que recientemente acogió la tierra del Benny Moré.

Con la colaboración del promotor, escritor y trovador Fidel Díaz Castro (director de la revista cultural El Caimán Barbudo), y de Jorge Luis Neira, responsable de la organización del Trovándote, de Ciego de Ávila, también se teorizó sobre esa trova nuestra, un género que tendrá larga vida, especialmente si permanece robusta y en el centro de atención, como ocurrió en esta entrega 15 de Al sur de mi mochila.

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