Disco de alto significado cultural

Autor:

Joaquín Borges-Triana

Siempre he defendido la idea de que existe una zona de nuestra producción musical que, aunque no goce de popularidad, y por tanto resulte más difícil de ser comercializada, no puede estar obviada en el quehacer de los sellos discográficos cubanos. Por supuesto que tal clase de trabajos tienen que ser subvencionados y no pensar en ellos a partir de las reglas de mercado, aplicables a otra clase de fonogramas.

Sé que es un asunto complejo y acerca del cual todavía no se ha dicho la última palabra, dada la doble realidad que vive el disco, al ser un producto cultural y una mercancía más, pero al menos en mi caso me siento inmensamente feliz cuando tengo noticias de la publicación de un álbum de estos que, entre nosotros, considero tienen que ser protegidos por el Estado, no por una política de paternalismo barato sino porque tales CDs dan testimonio de una obra perteneciente al patrimonio cultural de la nación.

Lo anterior lo expreso a colación con la reciente edición de un fonograma que, si bien soy consciente de que recibirá nula o casi ninguna promoción en los medios de comunicación en Cuba, y consecuentemente bajos niveles de venta, valoro como de altísima importancia desde el prisma del suceso artístico que representa, como ejemplo de lo que en la práctica es conservar nuestra memoria histórica, algo acerca de lo que se habla con mucha frecuencia, pero que tristemente no siempre es llevado a la práctica.

El Piquete Típico Cubano constituye hoy la única orquesta típica o de viento en la capital que aún conserva el timbre y sonoridad de semejante formato instrumental, justo el utilizado en el siglo XIX por Miguel Faílde para dar vida a las primeras composiciones que entre nosotros se conocieron como danzón. Formato casi olvidado en la actualidad en nuestro país, es de saludar que una de nuestras discográficas, el sello Colibrí, haya tenido la iniciativa de registrar en un fonograma una muestra del patrimonio sonoro de esta formación.

En ese sentido, hay que felicitar la aparición en el mercado de un fonograma como Homenaje al danzón, realizado por la agrupación, dirigida por Jorge Vistel Columbié. El CD, que en semanas recientes ha salido por fin del proceso de fábrica y puesto a la disposición de los interesados, resultó galardonado con el Premio Especial Cubadisco durante la emisión de dicho certamen correspondiente a 2013.

Contentivo de 15 cortes, en el álbum encontramos un repertorio harto interesante, porque el mismo no se limita solo a la interpretación de danzones que fueron muy populares en su época, sino que, además, incluye piezas sobre las cuales prevaleció durante décadas un total olvido, sin desdeñar a la par una que otra obra compuesta en tiempos cercanos. En aquellos casos en los que se ejecutan temas contemporáneos, se mantiene tanto el concepto musical como la fidelidad tímbrica de la etapa primigenia en la historia del danzón.

El CD abre con ese clásico que es El bombín de Barreto, perteneciente a la firma de José Urfé González, sin discusión alguna uno de nuestros principales hacedores de danzones. He de confesar que este es uno de los momentos que más me complace a lo largo de toda la grabación. Del propio autor también aparecen las piezas Cienfuegos, Mariposa mía, Así es el mundo y El tigre.

Otro compositor representado con destaque en el fonograma es Pablo Zerquera Suárez. De él, los integrantes del Piquete Típico Cubano seleccionaron para grabar los temas El olvido y el que da título al disco, es decir, Homenaje al danzón, corte que en la década del 20 de la anterior centuria gozara de mucha popularidad entre los amantes del género en Cuba.

Por supuesto que no podía faltar alguna obra de las escritas por Jacobo González Rubalcaba, de quien se interpreta su tan versionado El cadete constitucional, otro de los instantes del CD que recibo con mayor agrado, en particular porque me trae los recuerdos de mi ya desaparecido padre, un danzonero de pura cepa y que disfrutaba muchísimo de esta pieza. Algo por el estilo pudiera decir de A la loma de Belén, original de Antonio María Romeo, genuina muestra del proceso de hibridación entre el son y el danzón.

Como ejemplo de un repertorio literalmente rescatado de las brumas del olvido, hay que mencionar el tema titulado Valentín, acreditado al compositor Aurelio Gómez y que hasta el instante en que el Piquete Típico Cubano lo asumió, solo permanecía en los archivos patrimoniales del Museo Nacional de la Música. Por su parte, Sueño de Ada, bajo la firma de Jorge Vistel Columbié, deviene testimonio de cómo se puede escribir e interpretar un danzón con el empleo de elementos contemporáneos, pero que a la vez respeta la esencia de esta tradición musical.

Quedan sin ser nombrados otros cortes incluidos en el fonograma, no porque carezcan de interés, sino por no hacer demasiado largo este escrito, a propósito de un disco de alto significado cultural que, más allá de que no reciba la divulgación requerida, pertenece a esos discos que todo amante de la buena música cubana de ayer, de hoy y de siempre, debería tener en casa.

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