¿Sacrilegio sonoro o piezas únicas?

En el álbum doble de Ernán López-Nussa, ganador del Gran Premio Cubadisco 2014, se combina lo clásico y lo popular con una manera propia de hacer e interpretar la música

Autor:

Yelanys Hernández Fusté

No hay dicotomía en los álbumes de Ernán López-Nussa Rondó y Molto vivo que, junto al DVD que recoge la filmación in situ de ambos volúmenes en los Estudios Abdala, componen Sacrilegio (Producciones Colibrí 2013). Son 24 piezas únicas, inspiradas en obras de autores que el pianista cubano admira o lo han marcado.

De ahí nace la esencia misma de los dos fonogramas de audio, a los cuales me referiré en esta reseña. Ellos se erigen como un exquisito viaje por la genialidad de Federico Chopin, Domenico Scarlatti —fuerte referente de Ernán y que se percibe en el CD—, Ludwig van Beethoven, Johann Sebastian Bach, Carl Czerny o Robert Schumann. También es un periplo por ese paraíso musical que nos regalan José White, Ignacio Cervantes, Ernesto Lecuona y Leo Brouwer.

Pero no crea quien escucha Sacrilegio que encontrará allí una reproducción exacta de esos compositores, pues Ernán solo seduce al introducir motivos melódicos de estos autores, para luego convertirlos en obras que se articulan con su propia visión artística, y ese es su mayor acierto.

López-Nussa asegura que es capaz de hacer que «lo sacro» se divierta. El disco «expone mi juego con el límite entre lo sagrado y lo profano. Intervención virtuosa en lo contemporáneo, inspirada en nuestras secretas profanaciones estudiantiles, horas de “coqueteo” con los duros programas de estudio. Delirios que despiertan los papeles pautados para la eternidad. El sacrilegio en el derecho romano se limitaba al robo de una cosa sagrada. Para mí es un divertido ejercicio de integración musical viva que nos acerque de cierta forma a lo divino».

Es allí donde su fonograma cobra mayor fuerza. El virtuosismo de Ernán en el piano hace que esos 59 segundos que se toma al ejecutar la pieza de Carl Czerny, Molto vivo —la misma que da título a uno de los CD—, sea un disfrute mayúsculo.

También se siente en cada sencillo la huella que dejan los otros dos integrantes de su trío: el experimentado baterista Enrique Plá y el prometedor bajista Gastón Joya. Igualmente se palpa el aporte de los invitados especiales de este compacto: Kelvis Ochoa, María Felicia Pérez, Orlando Valle, «Maraca»; Ramsés Rodríguez, Adel González, Dreiser Durruthy, Pancho Terry, José Luis Quintana, «Changuito»; y Ruy Adrián López-Nussa.

López-Nussa logra convertir sonatas, vals, danzas cubanas del siglo XIX y partituras contemporáneas, en obras únicas que llevan implícita esa riqueza de nuestros danzones, de la música afrocubana y de la tradición pianística criolla.

Ya Ernán había regalado un álbum con un alto valor didáctico como Veinte pianos, que fue merecedor del Gran Premio Cubadisco hace dos años. Ahora regresa con una placa discográfica que obtiene ese mismo lauro en el certamen y el galardón en otros cuatro apartados. Mas, es bueno señalar que el artista había obsequiado al público algunas ejecuciones de Sacrilegio en el Festival Leo Brouwer de Música de Cámara, sobre todo las relacionadas con Domenico Scarlatti.

Es que estamos ante un compacto para «oír muchas veces», como escribiera en las notas discográficas precisamente el propio Brouwer, quien aseguró que «Ernán López-Nussa vuelve a sorprendernos con “ejercicios de estilo” de un acabado artístico tan creativo como grande».

Y una grata noticia del Centro Nacional de Música de Concierto me llega a vuelta del correo electrónico: varias ciudades del centro de la Isla —Cienfuegos, Santa Clara y Sancti Spíritus— tendrán la posibilidad, del 4 al 6 de junio venidero, de disfrutar en vivo de este sacrilegio sonoro convertido en composiciones orgánicas, únicas y auténticas.

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