La bomba de creador la pone uno mismo

El joven espirituano Alexander Hernández Chang dialoga sobre sus inicios en las artes plásticas y el desarrollo de su obra a partir de novedosos discursos

Autor:

Lisandra Gómez Guerra

SANCTI SPÍRITUS.— Siempre se le ve pensativo, callado, y es que quizá no deja de crear. Parece tímido, mas expresa tanto a través de los colores y las formas, que poco le queda para las palabras. Así es Alexander Hernández Chang, un joven yayabero, quien ha irrumpido con el pie derecho en las artes plásticas del territorio.

«El arte ha sido siempre para mí un medio importante de comunicación y de mantener un buen vínculo entre las personas. Desde que me gradué he intentando ser un creador que experimente en varias tendencias; o sea, estoy intentando encontrarme, por lo que he transitado por el videoarte, la instalación, la pintura, el dibujo, y he hecho también algunas cosas de escultura».

Al chinito Chang, como todos cariñosamente le dicen por los evidentes rasgos de sus genes asiáticos, lo sedujeron las artes plásticas desde la niñez. En la Casa de Cultura Osvaldo Mursulí, de su natal Sancti Spíritus, encontró cómo moldear el talento y luego afianzó sus primeros conocimientos en la Escuela de Instructores de Arte Vladislav Volkov, donde se destacó como el más integral de su curso.

«Es un tremendísimo honor el haber estudiado en una escuela de instructores de arte creada por nuestro Comandante en Jefe Fidel Castro. Allí nos facilitaron muchas herramientas, no solo como creadores, sino para incidir en una comunidad específica con cierta metodología. Ya la bomba de creador la pone cada persona».

—¿Cómo se logra formar la bomba de creador?

—Con mucha disciplina, consagración y talento.

—Cuando creas, ¿qué pasa por la mente de Chang?

—He tratado de ser sincero con mi obra. En cada una de ellas estoy presente. El saber que ha sido un tanto reconocida, me convierte en un eterno deudor. Cada persona que sea capaz de sensibilizarse con mis trabajos, lo considero mi amigo, aunque no nos conozcamos.

Tras su graduación, Hernández Chang laboró, durante año y medio, en la escuela primaria Roberto Quesada, de la ciudad del Yayabo. Luego, con solo 22 años, recibió la noticia de que debía cumplir misión internacionalista en la tierra de Simón Bolívar.

«Esa experiencia me aportó muchísimo a mi vida personal y espiritual. Junto a algunos creadores venezolanos, ejecutamos varios proyectos comunitarios. De esa forma vinculamos y educamos a diferentes personas. Mi estancia en esa patria grande, que hoy también amo, aún se respira en mis obras porque, sin proponérmelo, incorporé códigos venezolanos por la estrecha relación que mantuve con muchos de sus artistas».

A su regreso a la Isla, formó parte de la Dirección Nacional de la Brigada de Instructores de Arte José Martí, pero no dejó de crear. Luego regresó a Sancti Spíritus y se incorporó como especialista del Consejo Provincial de las Artes Plásticas, en la galería de arte Oscar Fernández Morera.

—¿Por qué el regreso, si la capital te acogió por la puerta ancha?

—Aquí me atan la familia, los amigos, el entorno... Es una ciudad que representa muchísimo para mí, y aunque las grandes oportunidades están en la capital, aquí también pudieran surgir.

—¿Cuánto hay de Sancti Spíritus en tus obras?

—Está todo de ella: sus habitantes, su naturaleza, la necesidad de cuidar la ciudad, lo cual está presente, por ejemplo, en la obra El ojo del amo.

Gilberto Frómeta, Raúl Martínez, Roberto Fabelo y Nelson Domínguez constituyen referencia para este joven espirituano que con 27 años  acumula varias exposiciones y premios, y se empeña en proponer discursos novedosos, en consonancia con estos tiempos y sus realidades.

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