El salto de fe de Víctor Alfonso

Para el autor de la serie Dany y el Club de los berracos, el talón de Aquiles de la animación en Cuba está en que desde la génesis los proyectos vienen con problemas que después la parte visual no puede resolver

Autor:

José Luis Estrada Betancourt

Tan grande era su pasión por los muñequitos, que durante su infancia Víctor Alfonso, el autor de la popular serie Dany y el Club de los berracos, apenas jugaba. Lo de él era pasarse la mayor parte del tiempo posible delante del televisor, mirando dibujos animados y las películas de aquel entonces (década de los 80 y principios de los 90 del pasado siglo), cuando la programación le parecía «más entretenida, imaginativa e interesante que la actual», asegura sin temor a equivocarse este cienfueguero miembro de la Asociación Hermanos Saíz (AHS).

Así fue como se le creó la maña de dibujar cuanto muñequito veía por la tele. «Tenía buena mano para la caricatura, pero no para el dibujo académico, el anatómico o para el paisajismo. Bueno, en verdad, para nada por el estilo. De hecho nunca me acerqué a ninguna escuela de arte, sino que cogí el caminito del Preuniversitario y luego estudiar una carrera universitaria, en este caso Arquitectura».

Víctor se graduó y permaneció tres años trabajando en esa profesión. Pero durante todo ese período continuaba juntándose con sus amigos para hacer historietas, crear personajes, contar historias... Y mientras mantenía sus colaboraciones con la publicación humorística sureña La Picúa, se dijo: «Lo que quiero hacer es dibujos animados o películas. Y decidí dar un salto de fe: dedicarme por completo a la realización audiovisual, y me salió».

—Evidentemente esa etapa en La Picúa fue muy fructífera para ti...

—Mucho, colaboraba como aficionado con caricaturas e historietas para ese periódico que sale aquí cada tres meses. Ahí creé personajes como Dany y sus dos amigos, el Chino y Mauricio. Cuando llevaba como cinco años en esa experiencia, me propuse probarme haciendo dibujos animados, pues estaba consciente de que el resultado se iba a ver más rápido y con mayor fuerza.

—¿Cómo te salió ese primer animado?

—Mirando muchos animados donde se emplea una animación limitada, especialmente los japoneses, pero también algunos norteamericanos creados por la Hanna-Barbera Cartoons o la Cartoon Network Studios, en los que se nota que todo se reutiliza una y otra vez: los dibujos, los fondos... Entonces supe que «fácilmente» podía hacer mi propio «muñequito» si realizaba 40 fondos y mil dibujos, y puse manos a la obra.

«Si algo tenía muy claro era que debía darles más énfasis a las voces, después que resolví que la animación sería limitada, al estilo de lo que sucede con la serie South Park. Es una técnica que funciona muy bien, porque todo queda balanceado y el material termina siendo una obra equilibrada, con unidad.

«Me creé un abc para llevar adelante mi proyecto: escribir el guión, luego grabar las voces con amigos (ninguno es actor profesional), hacer un storyboard, es decir, como una historieta tomando en consideración lo que quedó grabado, para que la intención de las voces coincida con la gráfica. Más tarde me pongo a animar, a preparar los fondos a partir de fotos que hago en función de lo que me pida la obra. Son imágenes de Cuba, y especialmente de Villa Clara y Cienfuegos, provincias en las que me muevo para realizar mis materiales (con excepción de mí, todo el equipo de trabajo es de Santa Clara).

«De ese modo nació el primer capítulo de Dany y el Club de los berracos; después hice otro trabajo utilizando el software de animación en 3D junto a los santaclareños Alejandro “el Moho” Ordetx y el Muke. Con Invertebrados queríamos hacer algo fuera de lo común en el país, en esa misma idea de reutilizar recursos para abaratar la producción. También realicé otros cortos, como Incontrolable, y el segundo capítulo de Dany... El tercero lo preparé en los Estudios de Animación del Icaic.

«Esa etapa resultó esencial, pues allí aprendí muy bien cómo se hacen los dibujos animados. Me dieron una luz que me sirvió para enfrentar mi próxima obra: Lavando calzoncillos, con la que ciertamente quedé muy satisfecho. Recién acabo de terminar la cuarta entrega de Dany y el Club de los berracos».

La verdad es que Dany y el Club de los berracos se ha movido con bastante éxito...

—Sí, sobre todo se distribuye por vía informal. A veces voy caminando por la calle y me sorprendo escuchando los comentarios de las personas, hablando de los capítulos de El Club de los berracos. Me quedo paralizado, porque no me acabo de acostumbrar a que la gente hable de mi obra. Ha tenido aceptación, muchos se me acercan, me felicitan, me dicen que eso es lo que hace falta.   Incluso amistades mías que viven en Venezuela, Ecuador y Chile me aseguran que ven los capítulos por allá en la TV, que han sido un éxito, pero a lo mejor exageran para subirme el ego. De cualquier manera no tengo modo de comprobarlo, porque ni siquiera recibo lo que me corresponde por derecho de autor.

—¿A qué atribuyes que la serie se conecte tan bien con los espectadores?

—Creo que son los temas que trata, de nuestra actualidad, y la manera como se cuentan. Las voces, el vocabulario que empleo, que es muy coloquial. Hay personas a quienes les resulta graciosa esa animación muy limitada que tiene, pero pienso que el quid radica en el contenido y en la forma.

—Hace un momento hablabas de un equipo de trabajo. Imagino que a la manera de Anima, de Holguín, por ejemplo...

—No. Anima está muy organizado y funciona como una sucursal de los Estudios de Animación del Icaic. Aquí soy yo solo asumiendo todo lo que se ve, es decir, la parte visual. Por otro lado, se graba en Santa Clara, adonde regreso para enfrentar la posproducción: mezcla de sonido, edición, corrección de colores...

—Entonces eres algo así como el hombre orquesta...

—Algo así (sonríe): dirijo, escribo el guión, asumo la animación, puesta en escena, fondos, hago voces...

—Vaya, como que pones en crisis a la industria...

—Bueno, ese planteamiento tuyo me hace sentir muy a gusto, pero no es en lo absoluto mi intención; solo he querido llenar el espacio que considero falta en las producciones de dibujos animados para la televisión, fundamentalmente.

—¿Y qué consideras que le falta?

—Lo que los espectadores cubanos reciben con mayor gratitud de sus dibujos animados es la forma en que se habla, la manera como gesticulan los personajes, y no solo los del maestro Juan Padrón, sino también los de Tulio Raggi y Mario Rivas. La gente se siente identificada con ellos, con los gags, los chistes. No les gusta que las voces queden sobreactuadas o superpuestas, sino que se escuche natural.

«Para mí el talón de Aquiles de la animación en Cuba está, en primer lugar, en los guiones y no solo porque a veces pasen por un filtro que debilita su contenido, sino porque traen problemas técnicos desde que nace la idea; en segundo lugar, lo relacionado con las actuaciones, las voces. Se ha perdido ese oficio, y los dibujos animados parecen radionovelas. ¿Dónde están aquellas personas que hacían miles de voces con desenvoltura y gracia? La visualidad de nuestras animaciones, sin embargo, está bien. Pero la verdad es que desde la génesis los proyectos vienen con problemas que después la parte visual no puede resolver».

—¿Cómo es hacer dibujos animados desde Cienfuegos o Santa Clara?

—Muy difícil, y no tanto por la parte de producción, que por supuesto con ella paso trabajo, mucho trabajo. Sin embargo, la principal dificultad está en la formación de animadores. La gente empieza con mucho embullo, pero luego pueden más los problemas personales, los intereses profesionales. Acá los jóvenes no le ven futuro a la animación como en La Habana.

«Lo otro es que después que realizo el material, empieza a complicarse la vida viendo cómo lo muevo. Aquí no llegan esas oportunidades para participar en festivales (¡menos mal las Muestras Joven Icaic!) y, por tanto, son un gran rollo la promoción, la difusión, la distribución, las posibilidades de intercambio con otros colegas... Desde el interior del país es muy complicado. Y lo más triste es que esa es una cuestión que no podré arreglar yo solo».

—¿Ves a tu Dany... en la TVC?

—Lo veía antes, cuando empezó a salir, en 2009; también se exhibió durante el 2010, pero después desapareció para no aparecer nunca más, quizá porque Dany está «cogiendo cuerpo», aunque a decir verdad creo que es, sobre todo, un problema de mentalidad.

—¿Algún proyecto que te quite el sueño?

—Quero probarme con la ficción, rodar y ver cómo me sale. Como estoy buscando el financiamiento, mejor ni te comento de qué va, pues puedo demorarme un siglo en esa historia. Lo esencial entonces es que por nada de la vida abandonaré la animación.

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