El más Franco de los locutores cubanos

A base de entrega, Franco Carbón desarrolló un talento natural que lo convirtió en el sello de la popular revista cultural Así y de la emblemática emisora Radio Rebelde. Su corazón se detuvo este domingo, a los 78 años de edad, pero su impronta en la radio cubana será eterna

Autor:

José Luis Estrada Betancourt

Su voz mágica, cubanísima, irrepetible, y su manera fresca de comunicarse y de improvisar, ayudaron a conformar, definitivamente, el «sonido cultural de Rebelde». Franco Carbón, por mucho tiempo el sello de la popular revista cultural Así y de la emblemática emisora Radio Rebelde, acaba de dejarnos. Su corazón se detuvo este domingo, a los 78 años de edad, pero su impronta en la radio cubana será eterna.

Aunque siempre habló con especial cariño de un espacio como Amanecer cubano, con el que cada mañana, a partir de las cinco de la madrugada, daba a sus compatriotas la bienvenida a un nuevo día, fue sin dudas Así el que acabó por consagrarlo para su gente, después de su notable paso por programas al estilo de Fiesta en el aire, Caravana, Sorpresa, este último en Radio Progreso, entre 1968 y 1969...

Conversando en 2010 con Juventud Rebelde, Franco recordaba cómo fue su entrada en la mencionada revista: «Cuando surgió la idea de este espacio radial todos quedamos entusiasmados. Recuerdo haberle pedido al director en aquel entonces que me dejara conducirlo, pero él, de forma sutil, me respondió que yo pasaría mucho trabajo», relataba, consciente de que su condición de invidente —de los 44 años que en aquel momento llevaba en la locución, durante 42 se había enfrentando a ese desafío— hubiera sido un problema para otros. Sin embargo, Franco resultó ser el ideal.

«El director, del otro lado de la cabina, va dictándome lo que debo decir en ese momento: el número musical, intérprete, autor...; y yo le pongo el sello con mi voz. La ausencia de visión no ha sido un impedimento», decía con absoluta razón Francisco Carbón González, para toda Cuba: Franco Carbón, nacido el 4 de octubre de 1935, en el barrio de Lobo, en el municipio holguinero de Banes.

«Técnicamente, reconocía, es cierto que hay que estar preparado, pero la forma de decir de cada cual sale del corazón, es ahí donde se forja el verdadero estilo y el ritmo que lo caracteriza a uno».

Justo del corazón, del gracejo popular, salían aquellas frases que él acuñó y que alegraron la existencia durante muchísimas tardes, de lunes a sábado: Justo a tu gusto, Evita excesos, Las matemáticas en Así, Al ritmo de la vida, Ágil, sagaz, informativo... Las decía con un estilo único que, a decir de Guillermo Piñeyro, director de esa revista, entre las más escuchadas del país, «revolucionó la radio cubana. Indiscutiblemente él imprimió un ritmo diferente con sus dotes de gran comunicador».

Así, enfatizaba, significó el contacto con muchísimas personas, por su notable audiencia, y eso te enriquece la vida, te estimula a trabajar; ese estímulo diario es lo que me impulsa a dar lo mejor de mí todos los días.

A base de entrega desarrolló un talento natural que lo convirtió en un gigante. Y pensar que quien se convirtió en Premio Nacional de la Radio llegó a ese medio por casualidad en el Banes donde vio la luz. Le encantaba jugar pelota, y lo hacía en un terreno que se encontraba al lado de una emisora, contaba a cada rato. El locutor comenzó a persuadirlo de que él podía seguir sus pasos y Franco quiso probarse un buen día, pero se quedó, para regocijo de la cultura cubana.

A la capital llegó en 1957, con el propósito de estudiar Medicina, pero buscando su sustento económico labora primero como vendedor de seguros y luego como subcontador en un banco. Durante esta etapa realizó la prueba para locutor. Ya aprobado, se unió, en 1966, a la familia de Radio Reloj.

En Radio Rebelde empezó a trabajar en 1968. Se alejó de esta prestigiosa emisora solo el tiempo que estuvo en Radio Liberación, pero regresó para no dejarla hasta que se jubiló. Y todavía entonces ofrecía sus sólidos conocimientos a todo aquel que se le acercara. A sus discípulos les insistía en que la radio debía seguir los sentimientos de la población, ser una expresión de la gente que camina por la calle; que la radio debía reflejarnos como somos, como vivimos.

Para ser locutor, —afirmaba este graduado de Historia del Arte en la Universidad de La Habana—, no basta con solo sentir vocación, también hay que tener determinadas condiciones, mínimas: una buena voz, que tú puedas colocar, respirar bien; lo necesitas. Claro, la vocación es fundamental, porque hay que amar lo que se hace, disciplinarte. Este oficio requiere, sobre todo, de mucha disciplina, de lo contrario, estás perdido.

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