Abrazos a ras del cielo

Miembros de la Asociación Hermanos Saíz ascienden el Pico Turquino para celebrar un nuevo cumpleaños del Comandante en Jefe

Autor:

José Luis Estrada Betancourt

Algo que no se explica con palabras ocurre cuando por fin se han vencido los 13 kilómetros que separan el Alto del Naranjo del punto más alto de Cuba: el Pico Turquino. Ya en la cima, a uno le da por gritar, por abrazar el busto del Apóstol, por rodear con los brazos que terminan en manos encallecidas y totalmente adoloridas, a pesar de la poca fuerza física que queda a quienes se impusieron también llegar hasta el lugar que debería de pisar cada hijo de esta tierra.

Es tal la energía, la magia que encierra el sitio más renombrado del Parque Nacional Pico Turquino, que así mismo le sucedió a Yentsy Pérez Rangel, especialista de Música de la dirección nacional de la Asociación Hermanos Saíz (AHS), a quien se le quedó la garganta seca como resultado de la auténtica emoción que la sorprendió este 13 de agosto cuando, escalando los 1 978 metros que tiene sobre el nivel del mar la imponente elevación, junto a otros miembros de la organización que agrupa a la vanguardia de los jóvenes escritores y artistas, logró que se mantuviera viva una hermosa tradición: celebrar un nuevo cumpleaños del Comandante en Jefe y hacerles ver a todos que no fue en vano la muerte de Luis y Sergio Saíz Montes de Oca.

Pero esta primera vez de Yentsy será inolvidable por otras razones, especialmente porque «allí me entregaron por completo un corazón y me hicieron un compromiso de amor que quedó sellado con un anillo de helechos del Turquino», confiesa a JR esta muchacha graduada de Musicología en el Instituto Superior de Arte (ISA).

Quien se arrodilló ante ella en aquel suelo sagrado teniendo como testigos a las nubes, al superguía Rogelio Mendoza, a una canadiense y a casi una treintena de creadores, fue Yadiel Bolaños Ferrer, el que ahora se ha metido en el aprieto de tener que pensar en más bufets para la boda. «Hacía tiempo que andaba buscando un lugar para asegurarle que yo soy solo suyo, y descubrí que era este en cuanto comprobé que juntos vencimos todos los obstáculos para poder tocar el cielo», admite el director de la orquesta La Tabla sin el más mínimo temor de parecer un Romeo trasnochado.

También estimulada por el más puro de los sentimientos, la estudiante de cuarto año de Periodismo, Gretchen Sánchez Higuera, se sometió a la «locura» de abandonar el Centro de Pioneros Exploradores Raúl Paz Borroto, en Santo Domingo, donde llueven las atenciones. Antes de partir de la primera instalación de este tipo creada por la Revolución y la única inaugurada por Fidel, la joven se lo pensó tres veces después de escuchar tantas anécdotas que ponían la carne de gallina, máxime si encuentras a cada paso las sonrisas de Banier Milán, del irreemplazable para la AHS, Oilé Álvarez, y de Eliades Leyva, director, subdirector y administrador del Centro, al igual que la de todos los trabajadores sin excepción (¡ay, qué hubiera sido de nosotros sin el café de la Sierra Maestra que nos colaban Manuel Castillo, más conocido por Caña o Cañón; y su esposa Diuris Reyes, mientras su pequeña Zajari nos permitía zarandear a su perrito Collar!). Pero ya sabemos de los poderes de las caricias y los besos verdaderos.

De hecho, Gretchen reconoce que cuando se vio encaramada en el viejo Kamaz conducido por el diestro Ramón Barbán y que en todo momento retaba a la gravedad, se preguntó qué hacía por esos lares, porque «en verdad este no era mi sueño, sino el de mi novio Harold Cárdenas. Sin embargo, creo que nunca me lo hubiera perdonado si no tenía esta experiencia, si no entendía de una vez cuánta fortaleza interna podemos reunir dentro de nosotros. Alcanzar el Pico Turquino es una experiencia que hay que vivir».

De ello estaba consciente el mismo Harold, a pesar de que él se probaba también. «Ya demasiadas veces se había pospuesto y La Joven Cuba tenía que acabar de subir el Turquino de una vez, y con dignidad», y sonríe este reconocido bloguero, porque conoce muy bien de qué está hablando. «Que además hayamos vencido este enorme desafío al lado de la AHS, encierra mucho simbolismo».

Bien de amores

Tal vez para algunos sea un muy mal de amores verse «obligado» a seguir a la pareja que se ha «propuesto» castigar los músculos sin descanso, sentir que la vida se le escapa de escalón en escalón, llevar la rodilla al límite del dolor y la hinchazón, llenarse de fango, resbalar y golpearse hasta los ojos... Pero para buena parte de esta tropa de la AHS en todo ello había mucho de romántico. Lo aseguran lo mismo Samuel Fonseca Martínez y Anay Roboso Pozo, que Rafael González Muñoz y Niurbis Santomé Cudeiro. Y también lo reafirmaron con creces Aldo Peña Díaz, quien logró «arrastrar» a Fernando Núñez Machín, como Eldys Baratute hizo con Raúl Fraguela, y Yunier Riquenes con Naskicet Domínguez.

Para no dejar mentir a JR están las declaraciones de Osvaldo Pérez Pérez, a quien ahora le correspondió sacar la cara por la Brigada José Martí. Y es que el inmenso cansancio no lo privó del placer de desandar una parte considerable del camino que ya había recorrido para tenderle las manos y su linterna, en medio de la noche, a Samuel, que andaba de puro milagro con su pierna maltratada, y a Anay, la joven que se halla al frente de la filial de la organización en Las Tunas, cuando se quedaron rezagados. «Lo terrible es que a esa hora ninguno quería ser el primero en recibir el auxilio, porque solo pensaba en el otro, y eso es muy hermoso».

Sin duda, Fonseca, vicepresidente de la AHS, traía la vista de todos encima, porque a pesar de su estado y de saber con exactitud de qué se trataba (no era primerizo en esta práctica), se impuso retratarse, costase lo que costase, al lado de la estatua que Celia Sánchez colocó en la cúspide de esta Isla. Para conseguirlo finalmente, la ayuda del estelar grupo de jóvenes creadores liderados por el diseñador Rubiel García González, presidente de la AHS, fue determinante. Y en este caso, sobre todo, de Rafael, homólogo de un Samuel que no quería ser «una carga para nadie», en la dirección nacional.

«Con nosotros tiene que pasar idéntico que con el yate Granma: ningún expedicionario se puede quedar abandonado», enfatiza Rafael, quien supo nuevamente lo que representa la felicidad cuando su esposa Niurbis «demostró que había recuperado la confianza para sobreponerse a cualquier dificultad y salir victoriosa».

Por eso la alegría de Niurbis fue tan grande cuando, antes de inclinarse frente al Martí del Turquino se tendió en la tierra para que cada partícula de su ser se pusiera en contacto con aquel lugar que tanto significa para la Patria. «Me sentí totalmente libre estando tan cerca de las nubes, viendo cómo el viento las deshace para que regresen con las más asombrosas formas. Es mágico. Enseguida comprendí que tengo que volver».

El amor y el arte como bandera

También repetirán la experiencia los que la tropa distinguió como «escaladores Alfa», porque como los héroes de algunas series tienen ciertos superpoderes, si bien frenan en seco cuando alguien los necesita. Mas, por principio son indetenibles. A bayameses como Yunirán Gamboa, Alemay Caballero y Eliecer Ortiz, que representaron a los anfitriones que encabeza Dayron Fonseca, así como al espirituano Ángel Luis Méndez, ni siquiera les hace mella ese cartel con don de «enfriamiento» que reza algo así como: Si usted piensa que está llegando está bien equivocado, y que se interpone en el paso de quienes, acopiando toda la voluntad del mundo, intentan sacar de donde apenas hay, pues creen que les queda poco para alcanzar su objetivo.

Tampoco surtió efecto en la holguinera Yamila Marrero, quien no permitió que ni sus riñones flotantes la intimidaran. Bueno, a decir verdad la frase no pudo con el escritor mayabequense Yosnel Salgueiro, que ya bastante tenía con haber dejado atrás a su esposa embarazada; ni con el especialista principal de artes plásticas de la Asociación, Carlos Becerra, ni con la fabulosa Wilma Alba Cal, que se inyectó los ánimos con música y más música; muchísimo menos con el camagüeyano Reynaldo Labrada, que se convierte en el alma incansable de cualquier proyecto; el avileño Liesther Amadar, que tenía que lograr la foto que el año pasado le quedó pendiente; ni con Nirza García, que allí se estrenó como doctora.

Esa segunda parte del  programa había que cumplirla después de Niurbis, como la payasita Chispita, encendiera espléndidas sonrisas en los pequeños de la comunidad cercana al Centro de Exploradores, gracias también al probado histrionismo de Frank Armando Pérez Aguayo, quien con frecuencia se transforma en el payaso Colorete. «Era parte de nuestro compromiso: trabajar para los infantes de la Sierra y sus familias, algo que normalmente hacemos en las zonas montañosas del Escambray», explica el Presidente de la AHS de Cienfuegos quien, acostumbrado a andar en esos trajines, pensaba que lo del Turquino era coser y cantar, «pero es realmente muy duro... Ahora estoy preparado para los próximos retos».

Entregar el arte de la joven vanguardia en aquellas serranías fue una decisión de conjunto, de ese modo lo aprecia Rubiel García, quien asegura que «si esta vez exhibimos Meñique, y hubo fuegos y malabares, la próxima traeremos más actores, haremos más hermoso el Centro de Exploradores, inundaremos estas tierras de poesía y canciones... Es nuestra mejor manera de homenajear a Martí, de que la dirección de la Revolución y el país sepa que si nos abrazamos en el Turquino, casi a punto de desfallecer, es porque antes hemos iluminado mentes y corazones».

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