Un país a sus pies

Jóvenes integrantes de la compañía dialogan con JR sobre sus experiencias en Alemania, como parte del espectáculo Niños de Cuba

Autor:

José Luis Estrada Betancourt

«¿Miedo al avión? ¡¡Nah!!», exclamaron todos al unísono cuando Juventud Rebelde quiso indagar cómo había sido la experiencia de montarse por vez primera en un aparato que solo habían visto en lejanas imágenes. La oportunidad se propició gracias a que el Schmidt Theater, de Hamburgo, esperaba con ansias la llegada de estos superartísticos 16 miembros del Ballet Infantil Lizt Alfonso, para que por fin subiera a escena el exitoso espectáculo Niños de Cuba.

La verdad es que después de agenciarse toda la fama del mundo en Alemania (y justamente por ello), a los adolescentes Shakira Bustelo Corcho, Gabriela Gala Pérez, Jessica María Manrara Quintana, Elianys Karla Pérez Peña y Luis Mario Miranda Alfonso no les quedó «más remedio» que adelantarle a este diario algunas de sus excitantes vivencias en el país europeo, antes de poder contárselas a sus compañeros del Grupo Artístico Docente.

Sucede que será este día 15 de septiembre cuando iniciarán un nuevo momento en sus vidas, al comenzar sus clases en la menciona entidad que, adscrita a la Escuela Nacional de Arte, pertenece a la compañía. Se supone que ahora solo les quede subir el escalón que les falta para por fin alcanzar el añorado sueño: formar parte del Ballet Lizt Alfonso Dance Cuba.

Lo más seguro es que desde mediados de julio —cuando tuvo lugar la apoteosis en el Schmidt Theater, según la crítica especializada— hasta la fecha, a estos cinco artistas en miniatura se le deben haber «escapado» en conversación con sus amigos más cercanos algunos detalles del viaje. De cualquier modo, ellos mismos le habían asegurado a este cronista que, sin embargo, no tendrían mucho tiempo para «chismes».

Y es que en cuanto pisaron tierra cubana se dispusieron a cumplir con las tres etapas del ya habitual Curso de Verano —contando, por supuesto, sus respectivas galas de clausura en el teatro Mella—, y luego a protagonizar, en el Teatro de la Orden Tercera, el espectáculo con el cual agasajarían a las familias premiadas en el Rutas y Andares, que nuevamente organizó, en este 2014, la Oficina del Historiador de La Habana. Así que Shakira, Gabriela, Jessica María, Elianys Karla y Luis Mario «tranquilizaron» a JR, asegurándoles que la «exclusiva» seguía siendo suya.

Del lado de allá del Atlántico

Cierto que luego de impresionar en escenarios como el Mella, el Karl Marx, la sala García Lorca del Gran Teatro de La Habana..., ya algunos hasta habían traspasado los límites de la capital, y como integrantes de los ballets Infantil y Juvenil habían actuado en el Milanés de Pinar del Río, así como en Bayamo y en Manzanillo. Sin embargo, estas acciones «preparatorias» no minimizaron el fuerte impacto que sin dudas recibieron cuando hicieron escala en París.

«Imagínate, yo solo había conseguido ir a Pinar del Río, a ver a unos familiares. Pero era pequeño y prácticamente no vi nada, así que mi encuentro con el mundo, tras un mínimo vistazo a Francia, fue con Alemania», admite sin complejos Luis Mario.

«Como era nuestro estreno estábamos tan excitados que no nos sorprendió demasiado el viaje en avión. Verdad también que el aeropuerto de París es enorme, uno de los más grandes del mundo dicen, y que no tuvimos tiempo de recorrerlo ni en la ida ni en la vuelta, pero, para ser sincero, lo que más me llamó la atención fueron las personas, el trato de la gente de Alemania».

«Sí, eran muy sociables y a la primera señal de una necesidad nuestra, ahí estaban atentos para ayudarnos. Todo lo que recibimos fue calor. Andábamos llenos de felicidad porque nos reconocían dondequiera: “¡Esos son los niños de Cuba!”. Así fue desde que nos recibió el actor, director y empresario Corny Littman, vistiendo un pulóver con la bandera cubana, hasta el último instante», acota Gabriela.

Si bien Elianys quedó anonadada cuando divisó lugares de interés cultural, social, político e histórico, al estilo del Parlamento, y se quedó sin palabras ante la majestuosidad del gran puerto sobre el cual había leído cuando se dispuso a informarse acerca del país adonde se dirigía, para ella no hubo una sensación de felicidad mayor que «cuando el público, puesto de pie, comenzaba a aplaudir con las manos y los pies, pero también gritaba, chiflaba... ¡Lo nunca visto!».

«No es que en Cuba la gente no nos demuestre su amor, lo ha hecho, ¡y muchas veces! —decide esclarecer Shakira—, solo que por lo general a las presentaciones que tenemos asisten nuestros padres, familiares, amigos, seguidores... Por tanto casi es normal que nos den tantas muestras de admiración, pero esas personas que abarrotaron el teatro todos los días jamás nos habían visto actuar, no sabían quiénes éramos».

De hecho, a Jessica María le costará olvidar el debut en el Schmidt Theater. «Fue un ensayo general con público, pero había mucha, mucha gente de todas partes. ¿Qué pasó? Que en cuanto abrieron las cortinas rompieron los aplausos, y cuando terminó la primera coreografía, por la manera en como nos ovacionaron, parecía que ya se había acabado el espectáculo...».

«¿Y qué me dices de cuando hicimos el dúo El llanto de mi guitarra?», le pregunta Gabriela a Jessica, aunque nos percatamos de que ella misma dará sus impresiones: «Nosotras dos nos estrenábamos como solistas con esa obra, y sabíamos que toda la responsabilidad del éxito de ese número estaba en cómo lo bailáramos... Entonces el público se levantó como un muelle... No nos pudimos aguantar y rompimos a llorar».

«Por suerte los nervios no nos traicionaron», enfatiza Jessica, aunque en el fondo está consciente de que los fallos solo aparecen cuando escasea el rigor, la preparación. Bajo esas premisas, difícilmente surgiera un error en el trío que centraron ellas dos junto a Luis Mario, quien también tenía un peso importante en el espectáculo Niños de Cuba.

«No fue fácil porque en Vine por ti tenía asimismo mi primer solo, que además hubo que prepararlo en poco tiempo. Me costó, pasé mucho, mucho trabajo, y sé que aún debo esforzarme para conseguir una interpretación más completa...»

—Pero... ¿tuviste que hacer alguna cargadita?

—¿¡Cargadita!? ¡Nada de cargadita! ¡CARGADAS!, así en mayúsculas. Vine por ti exige una técnica muy fuerte.

Bueno, y decir por lo que cuentan, lo del auditorio con Erick Ferraz y Shakira fue ya una «locura». Mis avispados entrevistados lo hacen notar, pero esta hermosa chiquilla que se inició en la danza a los cuatro años, en un grupo comunitario de La Lisa, me mira con sus ojos bien pícaros y confiesa:

«Algo pasa en mí. Es como una magia, porque cuando la función va a iniciar soy toda nervios. En ese instante me entran dudas de si lo haré bien, si gustará, pero cuando empiezo a bailar todo se va, así: superrápido, y uno va tomando fuerza y más fuerza, y todo vuelve a su lugar, sobre todo,  si  llegan los aplausos...».

Es ese, tal vez, el clímax de Niños de Cuba. La coreografía se nombra Arajal, y gracias ella, Shakira se tenía que olvidar del agotamiento pues al final del espectáculo la esperaban, siempre, decenas de autógrafos que firmar.

«Con Arajal yo “acababa”. Es flamenco, muchas chulerías, una obra de mucha energía y mucho taconeo, y yo todo el tiempo riéndome... ¿Y sabes qué me sucedió? Que se me acercó una señora quien, según me dijo la maestra Lizt Alfonso, persigue a la compañía cada vez que está en Alemania. La vio en Fuerza y compás —ocurrió en el Schauspielhaus Hamburg, en 2009— y luego en el estreno mundial de Amigas —Thalia Theater en 2011.

«Pues a través de la maestra ella me envió un mensaje: “dile a Shakira que es tremenda niña, una excelente bailarina, que me encanta cómo baila y cómo interpreta, pero que si quiere llegar a ser verdaderamente grande, debe trabajar, trabajar y trabajar”. ¡Lo mismo que insiste la maestra Lizt una y otra vez! Ese consejo expresa mucho cuando viene de alguien que te admira o te quiere. Por tanto algo de verdad debe haber en ello».

En busca de un sueño

Escuchando a Shakira, Gabriela, Jessica María, Elianys Karla y Luis Mario, enseguida se descubre que si algo debe haber sorprendido al auditorio alemán, amén del virtuosismo, la cubanía al bailar y la gracia de los intérpretes, es lo centrados que están estos niños y adolescentes en sus objetivos.

Gabriela Gala y Luis Mario Miranda en la coreografía Vine por tí.

Por diferentes caminos, desde muy pequeños, ellos entendieron que su futuro se hallaba en la danza. Por eso ya no se aguantan en casa, ansiosos porque abra sus puertas el Grupo Artístico Docente, este día 15. Conscientes están de que no avanzarán por un lecho de rosas, pero vale la pena el esfuerzo.

Tiene que ser así, «si deseo convertirme en primer bailarín», afirma Luis Mario. «Sé que debo ponerle empeño a todas las clases y vencer las dificultades que se presenten lo más rápido posible para que todo salga bien. Lo mismo en Flamenco, mi clase favorita, que en Ballet, que igual me encanta, pero en verdad me cuesta».

También para las muchachas las clases de Ballet son un «dolor de cabeza». «Resulta muy complejo, porque se trata de desarrollar una técnica que te permita saltar, girar, moverte como si fuera lo más natural de la vida», argumenta Gabriela.

Sin dudas, ahora será más «relajado» para todos porque no tendrán que venir de la escuela y trasladarse hasta la compañía, a veces recorriendo largas distancias y hasta pasadas las ocho de la noche. Aunque, reconocen, lo hacían con sumo placer. «Siempre hemos tenido en mente que hay que aprender a llevarlo todo a la vez, porque de hecho aquí te exigen calificaciones por encima de 90. La maestra Lizt quiere bailarines inteligentes y preparados», enfatiza Jessica.

A Elianys le fascinan las profesoras, la compañía. «Aquí nos enseñan las técnicas de la danza, pero también a socializar, nos inculcan valores, modales… Mi único problema es con el peso. Debo regirme por una dieta, pero como me gusta bailar y quiero llegar lejos, ni pienso en dulces ni helados».

El tema de Shakira es el tamaño. «Soy la más chiquitica del grupo y la de menor edad, tampoco mis condiciones son óptimas, por eso el sacrificio y mi entrega deben ser mayores. Quizá me “salva” que cuando bailo se apodera de mí una felicidad que me hace creer que el corazón va a estallar y contagia».

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