En la maleta millonaria del Viento

Freddy Núñez Estenoz y su elenco Teatro de Viento demostraron lo viable de la contextualización de la obra El Millonario y la maleta de Gertrudis Gómez de Avellaneda. El texto aunque surgido en etapas pretéritas, se muestra fresco y comprensible para un público contemporáneo

Autor:

Yahily Hernández Porto

CAMAGÜEY.— «Las obras no envejecen, sino la perspectiva del creador teatral», afirma Luis Álvarez Álvarez, uno de los críticos de arte del país más importantes de la contemporaneidad.

En estas palabras se resume el quehacer artístico que logró Teatro del Viento, en su adaptación de El Millonario y la maleta, escrita por la más grande de las escritoras cubanas del siglo XIX, Gertrudis Gómez de Avellaneda, y para quien fue centro de homenaje el XV Festival de Teatro de Camagüey, tierra que la vio nacer hace 200 años.

La reciente puesta en escena, dirigida por Freddy Núñez Estenoz, que abrió el telón del XV Festival, ha dejado como herencia la necesidad de volver la mirada, releer la dramaturgia cubana del siglo XIX, fuente inagotable de identidad nacional.

Freddy y su elenco acertaron al demostrar lo viable de la contextualización de un texto que, aunque surgido en etapas pretéritas, se muestra fresco y comprensible para un público contemporáneo, porque se aproxima a situaciones universales latentes también en la Cuba actual.

La pérdida de valores en la familia, además de otros temas como la segregación de la mujer y de los homosexuales se proyectó desenfadadamente, sin abandonar el humor de El Millonario y la maleta original, a pesar de la distancia de más de un siglo.

Esta nueva adaptación, escrita especialmente para Teatro del Viento, por el dramaturgo cubano Norge Espinosa, expuso sobre las tablas la formación teatral de un elenco que con 15 años de creado ha logrado, a pesar de las barreras que impone hacer el género en las condiciones económicas actuales, un sello distintivo, que no renuncia a temas polémicos, muy cercanos a los adolescentes y jóvenes.

La propuesta es retadora, por asumir el riesgo que impone proyectar un clásico del siglo XIX de la autoría de la Avellaneda.

En la adaptación de esta atrevida comedia costumbrista resaltó con luz propia el talento de Espinosa, quien realizó un profundo y detallado trabajo de mesa o filosofía de gaveta, fundamentado por extraer solo lo necesario de las escenas, interpretar adecuadamente sus personajes y trasladar magistralmente desde España a un millonario y su maleta, hasta la ciudad legendaria de Camagüey.

Tal parece que fue Tula quien modernizó su obra para los cubanos de todos los tiempos, y nos regaló, a pesar de lo mucho que sufrió, el humor que nos caracteriza.

El diseño tanto escenográfico como de vestuario trasciende en El Millonario… por ser ambos austeros, económicos e inteligentes.

El primero de estos elementos —concebido inicialmente por Jesús Ruiz (desaparecido recientemente), para quien estuvo dedicada la obra, y luego por Gabriel Hierrezuelo— se desprendió de ornamentos, con el propósito de construir un espacio que le permitiera a los actores transitar sin barreras entre épocas muy lejanas. El vestuario, por su parte, diseñado por Nieves Laferté, demostró una profunda investigación de la moda del siglo XIX.

La divertida pieza se nutrió con el recurso del doble sentido, la picardía desmedida del cubano. Cuenta la aspiración de una madre, doña Policarpa, por lograr un matrimonio provechoso para alguna de sus tres hijas, y asegurarse una economía más pródiga.

La profesionalidad de los personajes brilló, aunque hay que reconocer a Doña Policarpa (interpretada por Sissi Delgado y Lahra Cruz), la madre interesada. Su proyección, gestualidad, plasticidad en escena, su verbo, la ubican como insuperable.

Meritorio fue el personaje de Rosa, la hija frívola, encarnada por un hombre, el actor Anier Amaro, quien en su juego travesti le imprimió una mirada atrevida, que reafirmó la condición de estar frente a una relectura del texto original, en el que se corre el peligro de ser o no aceptado.

En esta adaptación de Teatro del Viento se cumplieron los preceptos que dieron vida a la comedia como género de la dramaturgia teatral: reírnos hasta de la mismísima muerte sin ofender ni a los personajes ni a las situaciones representadas.

Núñez Estenoz con su Millonario y la maleta invitó a los teatrólogos del país a repasar el legado de la Avellaneda, para provocar nuevos acercamientos, porque se ha demostrado que su obra sigue viva en los escenarios del presente.

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