La Brigada deberá parecerse a nuestra casa

Indira Fajardo Ramírez, presidenta nacional de la Brigada de Instructores de Arte José Martí, conversó con JR sobre los diez años de existencia del movimiento, integrado por más de 19 000 jóvenes

Autor:

José Luis Estrada Betancourt

«Nos corresponde brindar herramientas para que el público pueda discernir entre lo bueno y lo malo, y desechar todo vestigio de vulgaridad y banalidad; para que sea capaz de descubrir cuándo se halla ante la copia burda de modelos capitalistas que pretenden imponer falsos paradigmas con el fin de sumergirnos en la enajenación total».

Así responde a JR Indira Fajardo Ramírez, presidenta nacional de la Brigada de Instructores de Arte José Martí (BJM), cuando fue convidada a que evaluara estos diez años de existencia de dicho movimiento, integrado hoy por más de 19 000 jóvenes.

—¿Cómo ves funcionando la Brigada José Martí en el futuro?

—Como movimiento debemos apropiarnos de códigos diferentes que conlleven a que crezca continuamente el sentido de pertenencia de sus miembros. Lo ideal es que la Brigada se convirtiera en un espacio que se parezca a nuestra casa, porque allí están el calor, el alimento espiritual, la luz que necesitamos para guiarnos mejor, y porque allí está la familia y por tanto no faltarán jamás la camaradería, el deseo de apoyarnos, de emprender unidos nuevos proyectos.

«Debemos defender aquello que con esfuerzo hemos conquistado, como los talleres de experiencias, que se realizan con frecuencia bienal y resultan el principal encuentro que sostienen los instructores de arte para el intercambio y la socialización de sus vivencias cotidianas. También me refiero al máximo galardón que otorga la BJM a sus mejores miembros, y que nombramos Reconocimiento Especial. Se entrega cada 18 de febrero en saludo a nuestro día.

«En el futuro deberemos mantener asimismo el Concurso Escaramujo (tal vez no tenga que permanecer la competencia), donde confluyen los resultados artísticos más sobresalientes en el trabajo con los aficionados, porque ello nos ofrece la oportunidad de legitimar la labor que se distinga por su probada calidad».

—En un principio se produjo un éxodo importante de instructores de arte. ¿Cuál es la situación actual del movimiento en ese sentido?

—Ciertamente fue así, porque creo que en los inicios no hubo comprensión cabal, por parte de los instructores de arte, de cuáles eran sus funciones. Muchos ingresaron a las escuelas pensando que iban a encontrar una vía más rápida para convertirse en artistas profesionales, sin entender que nos correspondía hacer hasta lo imposible por enriquecer en lo espiritual a los ciudadanos de todas las edades, pero sobre todo a los niños y jóvenes, para que pudieran evolucionar como mejores seres humanos. Pensando en estos últimos es que la escuela resulta fundamental, porque es en ese espacio donde nosotros, además de preparar técnica y metodológicamente al personal docente, debemos desarrollar talleres de creación y apreciación, atender a grupos y unidades artísticas de aficionados, realizar una labor promocional de la cultura artística, y con todo ello contribuir al mejoramiento del entorno, accionando con fuerza en esa comunidad en la que se hallan esos centros estudiantiles donde trabajamos.

«En la actualidad hay mayor conciencia de que se puede ser artista y  llevar adelante con éxito la hermosa profesión de enseñar arte al pueblo, como la calificara Fidel. De hecho, la práctica ha demostrado que quien está más cerca de las artes se halla en condiciones más favorables de ser un maestro con una profesionalidad superior y apto para enfrentarse al mundo de hoy y para entender la cultura en su sentido más amplio.

«Sin embargo, y a pesar de que existe mayor claridad en el papel que debemos desempeñar, el éxodo continúa. Muchos han cumplido su compromiso social y han decidido ejercer las carreras universitarias que estudiaron. Otros se han marchado ya sea porque no han asumido con responsabilidad sus tareas, o porque han sido incomprendidos por los directivos de algunas escuelas; también porque no han hallado en las instituciones un espacio de realización. Eso nos hace pensar en la necesidad de la futura formación de nuevos instructores de arte».

—¿Te refieres a un instructor de arte de nuevo tipo?

—En efecto. Pero para ello deberán ser más rigurosos los planes de estudio, al tiempo que quienes ejercemos esta hermosa profesión no podemos dejar de superarnos ni un segundo, sobre todo porque vivimos tiempos en que el mundo del audiovisual posee una fuerza abrumadora, mientras las nuevas tecnologías de la información y las comunicaciones están al alcance de todos... Entonces tendremos que capacitarnos de un modo más consciente y desarrollar la habilidad de percibir y analizar esa diversidad cultural que coexiste en la contemporaneidad para poder crear focos culturales que sean atractivos para los más diversos públicos.

«El instructor de arte debe permanecer atento al más leve cambio de los tiempos, como nos recuerda Helmo Hernández, presidente de la comisión Cultura, educación y sociedad, de la Uneac, y que es como nuestro padre. Entonces no podemos darle la espalda a fenómenos como el consumo del famoso “paquete” semanal, donde se dan la mano alguna que otra obra audiovisual de valía con otras (muchas) de muy dudosa calidad, llenas de banalidades. Son indicadores que nos muestran la urgencia de contar con un personal especializado, capaz de influir en esas necesidades de la población y de proponer verdaderas opciones culturales que nos permitan acercarnos cada vez más a la sociedad a la que aspiramos».

—¿Cuáles son los problemas que todavía enfrenta el movimiento?

—Aunque se han dado pasos de avances en estos años, todavía no se acaba de ver al instructor de arte como un recurso humano que no        responde a la particularidad de una institución en específico, sino que debe ser aprovechado por la sociedad. Si funcionáramos como un sistema, de manera más integrada, con objetivos comunes, los beneficios serían mayores en todos los órdenes, y este profesional se sentiría aun más acompañado.

«No les será difícil reconocer a quienes han compartido con nosotros esta década de trabajo, que hemos transitado por incomprensiones en la base, con mayor énfasis en la escuela, debido fundamentalmente a la multiplicidad de funciones que a veces recaen sobre el instructor de arte. También te debo mencionar la existencia de diferencias salariales entre un organismo y otro, o sea, quienes hoy pertenecen a Educación reciben casi el doble que aquellos que están ubicados en las casas de cultura, a pesar de que su contenido de trabajo es similar.

«Un tema medular: quedan muchas insatisfacciones con la preparación técnica, artística y metodológica que se lleva a cabo en las casas de cultura. El quid de la cuestión radica en que esa preparación se debe proyectar a partir de los resultados del proceso evaluativo a que somos sometidos sistemáticamente cada uno de nosotros. Es decir, que debe existir una coherencia entre el plan de superación y ese diagnóstico para así resolver las principales debilidades que podamos tener.

«Eso por una parte, y por la otra, las mencionadas instituciones no cuentan con el personal que se requiere para realizar algo que es vital para nuestro desempeño. De todos modos, hemos buscado alternativas, como que los instructores más preparados asuman esta responsabilidad, o nos hemos dirigido a otras instituciones como las universidades de ciencias pedagógicas o los centros de superación para la cultura.

«Si nos miramos hacia adentro, tenemos que decir que si bien nos toca exigirles todo el tiempo a las instituciones en cuanto al cumplimiento de sus responsabilidades, también debemos ser aun más exigentes con los propios instructores de arte, y de paso jerarquizar aquellos que son ejemplos y constituyen un referente a seguir».

—Todo el tiempo se alaba el quehacer de los instructores de arte en la Misión Cultura Corazón Adentro, por la huella que han dejado en las comunidades venezolanas; sin embargo, no se percibe igual impacto en muchos de nuestros barrios...

—Antes me gustaría explicarte que en los años iniciales de nuestra formación eran pocos los componentes que en materia de trabajo comunitario aparecían en el plan de estudios, lo cual podía justificar de cierta forma la escasa incidencia de nuestra labor en las comunidades.

«Las experiencias de los primeros graduados evidenciaron que faltaban herramientas para conquistar a plenitud este ámbito. A partir de que se tomara conciencia de esa situación, se hizo más frecuente, sobre todo en los últimos cursos, encontrar un espacio para este tema en el plan de estudios. Gracias a ello se fueron consolidando acciones, iniciativas y proyectos de carácter sociocultural en los barrios, con los cuales hemos ganado en presencia y reconocimiento social, pero aún no estamos satisfechos.

«De cualquier manera existen no pocos ejemplos de proyectos de fuerte arraigo en la comunidad que pudieran imitarse, como El amor toca tu puerta, en Guantánamo; El patio de Pelegrín, en Pinar del Río; Jagüey la esperanza o el Callejón de las tradiciones, en Matanzas; Abdala, en Sancti Spíritus; Soñarte o Pensando en Nos-otros, en La Habana; Abracadabra, en Cienfuegos; y De corazón a corazón, en Holguín, por solo mencionar algunos. Todo ellos ponen de manifiesto que no existen imposibles cuando hay entrega y se cree en lo que se hace.

«Sabemos que todavía nos resta profundizar en el conocimiento de cada una de nuestras localidades a partir de su historia, de sus costumbres y tradiciones; realizar investigaciones profundas, científicas, cuyos resultados nos acerquen más a la gente, a sus necesidades, sueños y aspiraciones. En ocasiones el diagnóstico de la comunidad se circunscribe a una visión superficial del entorno, que se aleja de esa realidad, a veces muy compleja en lo social, que nos corresponde transformar.

«Lo que sí debe estar muy claro es que no debe existir diferencias en el empeño, compromiso, dedicación y amor con que se trabaja en la hermana República Bolivariana de Venezuela, y el empeño, compromiso, dedicación y amor con que conquistamos a nuestra gente».

—¿Cuál deberá ser la principal meta a alcanzar para quienes integren la Brigada José Martí?

—Que al igual que sucede con los médicos, abogados, ingenieros..., quienes integren la BJM sean profesionales que han decidido convertirse en instructores de arte para ejercer esta carrera de por vida, y no para utilizarla con el fin de conquistar otros sueños. Que la BJM esté formada por aquellos para quienes ser instructor de arte constituye su mayor desvelo.

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