Mucho más que cosa de niños

Hasta el domingo 23 se desarrolla la II Bacanal del Títeres para adultos, una oportunidad de lujo para aproximarnos a un arte teatral muchas veces subestimado

Autor:

Lourdes M. Benítez Cereijo

Se habla de teatro de títeres y la mayoría de las personas lo asocian —casi irremediablemente— con un espectáculo escénico destinado al público infantil. No es un secreto que el teatro de figuras animadas es asumido por algunos como una manifestación trivial, lúdica y ligera.

Sin embargo, si es usted de aquellos que comulgan con este criterio, tendrá la oportunidad de cambiar de parecer con las propuestas que trae la II Bacanal del Títeres para adultos, que se desarrollará hasta el día 23 en diversas salas teatrales y otros espacios como barrios, plazas, centros de producción y  penitenciarios.

En la década de los 60 del pasado siglo los hermanos Carucha y Pepe Camejo, junto a Pepe Carril, desarrollaron una importante labor seduciendo al público adulto con piezas como La loca de Chaillot y La Celestina, entre otras muy recordadas todavía. Su trabajo conquistó escenarios y atención, y evolucionó hasta sentar las bases de una fuerte tradición, que las bacanales intentan revitalizar.

La agrupación Teatro La Proa fue la encargada de abrir las puertas de esta segunda edición con la obra Romance en Charco Seco. A su director general, Erduyn Maza, se acercó Juventud Rebelde para indagar acerca de este quehacer en nuestro país.

—¿Cuál es el estado del teatro de títeres para adultos?

—Nos encontramos en un momento de especial aceptación por parte de los creadores. Poco a poco los titiriteros se han dado cuenta de la necesidad de montar obras destinadas al público adulto. Creo que el problema no es de cultura ni de apreciación, y sí de entrega y persistencia. Es un arte muy difícil, caro, de rigor y en estos tiempos no contamos con el apoyo total de las instituciones. El público asiste tímidamente a los teatros. Desgraciadamente no se rescata una tradición de un día para otro.

—Es apreciable la existencia de jóvenes que cultivan este arte, tanto para niños como para adultos. ¿Cómo valoran el desempeño de las noveles generaciones?

—Que existan jóvenes interesados ya es un logro. Significa que la cultura titiritera se mantendrá viva, porque es una necesidad del ser humano verse reflejado en ese muñeco, aparentemente ajeno a él.

«Tenemos grupos que son clásicos en producciones de este tipo y tenemos otros que empiezan. Algunos conjuntos tienen directores y actores muy jóvenes, pero lo importante es que se hace teatro de títeres. Los resultados siempre son relativos y tienen que ver con el contexto social donde nace y se presenta la obra. De cualquier modo, en estos momentos hay una gran diversidad creativa en cuanto a estéticas y técnicas a lo largo de la Isla y ese es otro avance. Para los titiriteros jóvenes lo fundamental es conocer la profesión a fondo y no dejar de investigar y de arriesgarse en cada proceso creativo. Consideramos que vamos por buen camino».

—Con la primera Bacanal se obtuvo un impulso necesario. En esta segunda edición, ¿cuáles son las motivaciones y qué significa este evento dentro del contexto de las artes escénicas contemporáneas?

—Ciertamente la primera fue el impulso. Esta segunda nos está mostrando que no estábamos equivocados, que era necesario un evento como este para incentivar la creación. Las motivaciones siempre son las mismas: el amor a este arte y a la profesión, el amor a la figura animada, al títere…

«¡Cuántos festivales y eventos existen en Cuba! Creo que nuestra Bacanal es un espacio pintoresco; tal vez, irreverente. De lo que sí estamos seguros es que es un evento de una naturaleza singular, como las obras de su programación. Este certamen llegó para quedarse, porque es de resistencia como mismo lo es el arte que lo impulsa. Esta es una oportunidad para apreciar cuán diversa son nuestras artes escénicas. Ahora solo falta que el público adulto se acerque y descubra en el títere esa opción para reír, llorar, sufrir y reflexionar».

Países como Colombia, Venezuela, Italia y España también se suman a esta cita titiritera para ofrecer a los cubanos una parte de su quehacer.

Como novedad, este año se entregará el Premio del Público: PopulBaco 2014, que consiste en una pieza de cerámica elaborada por el artista de la plástica José Fúster.  Durante el evento, los asistentes podrán elegir —con una boleta similar a la que se entrega en el Festival de Cine— la mejor obra.

Macbeth, de Teatro Papalote; Petición de mano, del Guiñol Polichinela; El irrepresentable paseo de Buster Keaton, por Teatro de Las Estaciones; Milanés, por el Teatro Nacional de Guiñol; y Títeres porno, de Adentro Producciones (Colombia), son algunas de las propuestas que figuran en la programación del evento, para desterrar prejuicios y mostrarnos una realidad: el teatro de títeres es mucho más que cosa de niños.

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