Orgullo que haya...

La Fiesta a la Guantanamera se confirma como la cita de las artes y de la más auténtica cultura popular tradicional que tanto necesitaba la tierra por donde nace el sol en Cuba

Autor:

José Luis Estrada Betancourt

GUANTÁNAMO.— Dieciocho años después, la Fiesta a la Guantanamera se confirma como la cita de las artes y de la más auténtica cultura popular tradicional que tanto necesitaba la tierra por donde nace el sol en Cuba.

Ahora recuerda Israel Alonso Coma, en la actualidad profesor del Centro de Superación de la Cultura, pero entonces Jefe del Departamento de Programas Culturales de la Dirección Provincial de Cultura, que la Fiesta a la Guantanamera tuvo como antecedente el Encuentro de la influencia de la cultura franco-haitiana en la cultura cubana, que a su vez bebió de aquel otro de tumbas francesas que había ideado, en la década de los 80, el gran Joel James cuando dirigía la emblemática Casa del Caribe.

«Porque al Encuentro de la influencia... se le estaba cerrando el diapasón de posibilidades, el grupo de trabajo de Programas Culturales decidió crear otro nuevo, pero de carácter múltiple, que reuniera las diferentes manifestaciones artísticas. Por consenso tomamos como nombre la afamada canción, que tenía el don de conectar de inmediato a la gente con nuestro territorio», recuenta el también escritor.

«Al principio hubo confusión, pues algunos pensaron que esta fiesta se le dedicaba a nuestras mujeres, pero luego quedó claro que su esencia era mostrar a Cuba y al mundo no solo la forma en que asumimos la cultura. Buscábamos, a fin de cuentas,  propiciar un intercambio que enriqueciera a visitantes y anfitriones».

Para Zulma Ojeda, directora del Grupo para el Desarrollo Integral de la Ciudad, la intención fundamental de la Fiesta a la Guantanamera es «reafirmar con ella nuestra identidad, nuestro sentido de pertenencia. Celebrando a la villa con todos sus valores,  ponemos en el lugar más alto también a todo lo tradicional que tenemos en la música, en la comida, en el vestir, en el andar, en la arquitectura, pero de un modo integral.

«La añorada condición de Villa se le otorgó a esta tierra el 1ro. de diciembre de 1870 (por tal razón la Fiesta inicia ese día), como respuesta a la solicitud realizada por los guantanameros a la Colonia Española. ¿Por qué sería? Sin dudas, andaban buscando otro vuelo para su ciudad. Por ello justo el día que recuerda ese momento y en el lugar donde se empezó a formular la Villa (donde hoy se unen Los Maceo, con las calles Varona y Pintó), se ha hecho costumbre que se efectúe la Asamblea Solemne, en la cual se reconoce con La Fama, símbolo de Guantánamo, y con el Sello conmemorativo, a las personas que con su labor enaltecen el sitio donde nacieron».

De hecho, de ese modo ocurrió este 1ro., cuando en elegante velada, y durante la jornada del aniversario 144 de la Villa, la Asamblea Municipal del Poder Popular, encabezada por su presidente, Henry Rodríguez Terrero, distinguió a diversas personalidades. Allí, con la presencia del Comandante del Ejército Rebelde Julio Camacho Aguilera y de Denny Legrá Azahares, primer secretario del Partido en la provincia, notables combatientes revolucionarios, investigadores, doctores en diversas especialidades médicas, artistas... recibieron el caluroso aplauso de un pueblo agradecido.

Entre ellos, el ilustre Eliades Ochoa, a quien esta XIX Fiesta le rindió especial homenaje, como también hizo con el Ballet Folklórico Babul, compañía que, tras dos décadas de fundada por Ernesto Llewellyn, todavía anda sorprendiéndonos con esa manera sabrosamente cubana y caribeña de defender nuestras raíces. Posee ella ese raro don que le asiste a quienes se proyectan en grande después de garantizar que el arte se vuelva su cómplice, como lo ha conseguido un grupo humorístico al estilo de Komotú (también con 20 años de exitosa existencia), a partir de asumir su quehacer con total seriedad y responsabilidad, y con criollísima y punzante gracia.

De cualquier modo, bien hicieron los organizadores de esta cita al sacarle «el zumo» al ganador del Grammy (siempre poniéndole rostro y música a la cubanía) desde la misma noche de la Asamblea Solemne en la que agradeció por la distinción que le otorgaron (La Fama), y de paso empezó a mostrar no solo los excelentes arreglos de Geovanis Alcántara, sino los instrumentistas fuera de serie que lo acompañaron en aquella breve presentación en la que también impresionaron el Coro Masculino (magnífica versión de Perla marina), los muchachos de Danza Fragmentada, la Banda de Conciertos, el concertista Brian Hui y su Orquesta de Guitarras...

Mejor no pudo ser el preámbulo de un evento que se encargó de «complacer» a la investigadora Zulma Ojeda, quien asegura que «con esta Fiesta a la Guantanamera nuestro orgullo se robustece, ¡y con razón!».

No la dejaron mentir las compañías danzarias (Danza Libre entre ellas, por supuesto), tampoco esos grupos portadores auténticos que contribuyen a que la cultura popular tradicional permanezca bien saludable (Changüí Guantánamo, Estrellas Campesinas, Nengón Imías, Tumba Francesa, El Guajiro y su Changüí...), ni sus trovadores consagrados y los que representan a la Asociación Hermanos Saíz, ni sus artistas de la plástica (Carlos Rafael González Barbán dejando su personal sello en la ciudad)...

Todo sin dejar a un lado el pensamiento profundo, haciendo que los de casa interactúen con estudiosos de la talla de Carlos Lloga, Benita A. Expósito, Ricardo Rey Riquenes, Orlando Vergés... o provocando necesarias reflexiones como a las que convocó, desde el Centro de Comunicación, un espacio al estilo de Guararey: ¿Retos y desafíos del periodismo cultural cubano actual? Hacer hasta lo imposible por arrojar luz sobre tanta obra artística valiosa para que el orgullo nos ayude también a vivir.

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