Amar, reír y pensar…

Esta edición 18 del Festival de Cine Francés amenaza con servir un banquete. Son varias las razones: veremos las ganadoras de los premios César de 2014 y 2013, Costa Gavras en persona presentará su más reciente filme, El capital

Autor:

Jaisy Izquierdo

Esta edición 18 del Festival de Cine Francés amenaza con servir un banquete. Son varias las razones: veremos las ganadoras de los premios César de 2014 y 2013, Costa Gavras en persona presentará su más reciente filme, El capital; y gozaremos de la última película de Alain Resnais y de aquella por la que Marion Cotillard fue nominada al Oscar este año, entre otros aderezos.

Timbuktu, película dirigida y escrita por el mauritano Abderrahmane Sissako, abrió el festín con una historia de gran actualidad. Retoma hechos reales acaecidos durante el año 2012, cuando una ciudad de Mali es tomada por grupos yihadistas. Una denuncia al fundamentalismo islámico hostil, que llega hasta los tuétanos en una escena inolvidable donde los muchachos juegan fútbol pateando un balón imaginario. Conquistó siete premios César, que incluían mejor película del año y mejor director; y fue nominada al Oscar a la mejor película de habla no inglesa, así como premio del Jurado Ecuménico en el festival de Cannes.

Timbuktu, filme dirigido y escrito por el mauritano Abderrahmane Sissako, llegó al 18 Festival con múltiples premios.

Con Amar, beber y cantar, a sus 91 años el gran cineasta Alain Resnais obtuvo el premio Alfred Bauer en la Berlinale, curiosamente un lauro que se dedica a realizadores que abren nuevas perspectivas. Y es que el autor del entrañable largometraje Hiroshima mon amour un mes antes de despedirse de la vida, ratificaba el espíritu experimental que caracterizó su filmografía con esta obra donde se diluyen las barreras entre géneros, al adaptar la obra teatral Life of Riley, del dramaturgo Alan Ayckbourn.

Otro grande, el ya octogenario Konstantinos Costa-Gavras, confirma una vez más la lucidez y permanencia de ese cine indócil suyo, que nos regalara en filmes como Z, La confesión, Hanna K., Amén y Desaparecido, por el que fuera galardonado en 1983 con dos estatuillas estadounidenses. Su mirada incisiva se centra ahora en el actual y angustioso panorama económico, y no escoge para el título otro que el de El Capital, en clara alusión a la obra cumbre de Marx, para presentarnos a su personaje principal, un tiburón del mundo financiero que con vanidad de Robin Hood moderno le roba a los pobres para dárselo a los ricos.

En un tono mucho más satírico, otro autor consagrado, Bertrand Tavernier, rodó sus Crónicas diplomáticas para familiarizarnos con los entresijos de la política mientras ponía en la diana a la figura de Alexandre Taillard (Thierry Lhermitte), un ministro de Asuntos Exteriores. A Arthur Vlaminck (Raphaël Personnaz) le corresponderá trabajar en el departamento de comunicación del funcionario y por tanto tendrá que abrirse paso entre los consejeros y el jefe de gabinete para poder hacerse un lugar en un entorno estresante, lleno ambición, envidias y «trapos sucios».

Thierry lhermitte (derecha) y Raphael Personnaz en Crónicas diplomáticas, la película de Bertrand Tavernier.

Los hermanos belgas Dardenne, Jean-Pierre y Luc, prefieren también, ante la crisis política, económica y social que apabulla la actualidad, no diseccionar al culpable: esperan en tan solo Dos días, una noche descubrir si alguna fibra humana es capaz de latir a favor del prójimo, si aún queda alguien dispuesto a sacrificar su dinero —santa palabra de estos tiempos— para ayudar a un desconocido. La diva europea Marion Cotillard, nominada en la pasada edición de los Oscar a la mejor actriz, pone piel y alma a esta madre de dos hijos, que después de recuperarse de una depresión será despedida de la empresa donde trabaja, a menos que convenza a sus 16 compañeros a renunciar a una prima de mil euros.

Marion Cotillard estuvo también nominada en la pasada edición de los Oscar a la mejor actriz por su notable desempeño en Dos días, una noche.

Si de cine galo se trata, no puede escaparse una buena comedia a la francesa. La del año, esa que ha disparado las cifras de la taquilla nacional a 12 millones de espectadores, será el refrigerio de los que seguramente reirán en Dios mío, ¿pero qué te he hemos hecho?, con la «mala suerte» de un padre conservador y xenófobo cuyas cuatro hijas se casarán, respectivamente, con un judío, un musulmán, un chino y con un cristiano de piel negra.

Mientras tanto, el talento de los jóvenes realizadores se podrá apreciar en cintas como Rengaine, de Rachid Djaïdani, que también se acerca a los amores divididos por las razas y las religiones, un trabajo por el cual mereció la nominación a mejor ópera prima en los César y el Fipresci de la crítica internacional en Cannes, entre otros reconocimientos.

Attila Marcel (Sylvain Chomet) y 2 otoños 3 inviernos (Sébastien Betbeder) bordean de la misma manera sus tramas a partir de las relaciones sentimentales, y a esta cuerda se une Mi vida es un rompecabezas, la tercera entrega de la renombrada saga de Cédric Klapisch que comenzó con Piso compartido y Las muñecas rusas, y quien ahora se acompaña de la actriz de Amelie, Audrey Tatou.

Para mayor variedad en la mesa, tintes criminales asomarán cuando un actor decidirá por dinero Hacerse el muerto (Jean-Paul Salomé, su director, se encuentra al frente de Unifrance films y presentará la cinta) y una jueza quede embarazada de un delincuente buscado por asesinato en 9 meses (Albert Dupontel).

Pero el romance entrará asimismo en la escena de la mano de Grand central (Rebecca Zlotowski, Gran Premio del festival de cine romántico de Cabourg) y se mezclará en una atmósfera de decorados hipnóticos en la nueva versión de La Belle et la Bête, de Christophe Gans, que no en balde se llevó el César al mejor diseño de producción.

Ambas historias tienen por protagonista a la joven estrella francesa Léa Seydoux, quien también ha labrado un reconocimiento internacional tras haber trabajado con Quentin Tarantino en Malditos bastardos, con Woody Allen en Midnight in Paris, con Ridley Scott en Robin Hood y en The Grand Budapest Hotel, de Wes Anderson. Su contraparte en la Bestia, que en la versión de Jean Cocteau inmortalizara el actor Jean Marais, ahora recae en uno de los grandes intérpretes galos, Vincent Cassel, ganador de un César por su papel en Mesrine y mejor conocido por su participación en las dos secuelas de La gran estafa y en Cisne negro. Y si hablamos de estrellas, en este festival también hay cubanas en la coproducción entre Francia y la Isla, Regreso a Ítaca, dirigida por Laurent Cantet.

Chicos y Guillermo, ¡a comer!, y Homos, el odio, entrelazan la temática de la homosexualidad y su repercusión social. La primera es la autobiografía dirigida y actuada por Guillaume Gallienne, y que conquistó cinco premios César en 2013, así como dos Lumière. La segunda, de Éric Guéret, es un documental que reúne los testimonios de nueve hombres y mujeres víctimas de actos homofóbicos, y que será presentado por sus productores, Pascal Houzelot y Damien Cuier, así como por Mariela Castro Espín, directora del Cenesex.

Otros tres documentales, Canta tu prepa primero (David André), El patio de Babel (Julie Bertuccelli) y Érase una vez un bosque (Luc Jacquet) completan la selección junto a un largometraje de animación para adolescentes (Aya de Yopougon), una colección de 16 cortometrajes animados para niños y adultos, y cuatro clásicos del cine restaurados, que se exhiben en el 23 y 12, la nueva casa de la Cinemateca de Cuba: Cero en conducta (Jean Vigo, 1933), Casco de oro (Jacques Becker, 1952), Los niños del paraíso (Marcel Carné, 1945) y esa trascendental pieza de la historia del cine que es La gran ilusión (Jean Renoir, 1937).

Con el Chaplin como sede principal pero igual convocando en otras salas habaneras (Yara, Multicine Infanta, La Rampa...) y cinco instituciones de la capital, así como en 13 provincias del país, el Festival de Cine Francés, con su pródiga y atractiva selección, recupera sus vivos colores, esos a los que ya ha habituado la mirada del fiel espectador cubano, que se reserva para entregársele durante todo el mes de mayo. Y, por supuesto, se agradece.

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