Los paisajes sonoros de Iván Lejardi

Juventud Rebelde conversa con el joven Iván Lejardi acerca de cómo nace su pasión por la música electrónica y el estado y las perspectivas de este género

Autor:

Lourdes M. Benítez Cereijo

Pudo haber sido —¿quién sabe?— un gran pintor, porque se pasaba las horas dibujando y ese ímpetu lo llevó a graduarse de Artes Plásticas. Pudo haber transformado sus destrezas en fábulas de colores sobre un lienzo, como Fabelo o Rancaño, dos de sus pintores favoritos. Pero otra pasión se atravesó en su camino y decidió dedicarse a crear paisajes, no con pinceles, sino con sonidos. Fue así que, a golpe de talento, dedicación y tiempo, Iván Lejardi —el pintor que no fue— se convirtió en Dj/productor de música electrónica.

Su paso por la escena musical cubana —no solo underground— ha estado avalado por lauros en diversos certámenes como los premios Lucas, el festival Cuerda viva y el Cubadisco, donde en el año 2013 se alzó con el premio en la categoría de música electrónica con Welcome to el mundo.

En estos momentos Lejardi se encuentra trabajando en la promoción de su nuevo EP titulado In Make Up Town. La producción contiene cinco temas, uno de ellos Heartbeat (Every Moment Counts) estuvo compitiendo fuertemente en la plataforma Talent Pool que ampara la disquera Spinnin’ Records. Durante algunas semanas la obra se mantuvo entre los primeros diez lugares del sorteo que se realiza por votación popular en redes sociales como Facebook, llegando incluso a situarse en el tercer escaño.

Aunque al momento de salir esta entrevista el track ya no estaba ubicado en el top ten, Juventud Rebelde no quiso dejar pasar la oportunidad de dialogar con el joven creador sobre este particular y acerca del estado de la música electrónica en Cuba.

Respecto al Talent Pool, Lejardi nos dijo que «la votación tiene lugar en una web donde la gente accede y los propios creadores suben los temas. El que más votos tenga es ubicado en un ranking que te permite ser seleccionado por la disquera. Y estuve luchando por poder entrar. Si permaneces por un tiempo entre los diez primeros esa posibilidad es más tangible».

Spinnin’ Records es un sello discográfico de origen holandés que, según fuentes consultadas, se convirtió en líder del mercado en lanzamientos de música dance comercial hecha para Dj. Está considerada una de las disqueras más importantes del mundo, a la que actualmente pertenecen artistas como Martin Garrix, Tiësto y Avicii.

«La nueva producción es un EP que ha significado un giro de 360 grados con respecto a lo anteriormente realizado, que era más experimental. Cambié de software y usé FL (Fruity Loops) Studio. El material apunta a una dirección más popular y hasta ahora ha sonado bastante».

Iván Lejardi parece no descansar cuando de su creación y de la música electrónica se trata. Y no es que se pase el día con un par de audífonos escuchando esa música— paradójicamente es lo que menos hace— pues prefiere a Pink Floyd, Dream Theater, The Doors, Benny Moré, Vangelis, Enigma… No parece descansar porque el miembro de la Asociación Hermanos Saíz (AHS), del Laboratorio Nacional de Música Electroacústica (LNME), de la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba (Uneac) y del Movimiento Nacional de Video de Cuba (MNVC) se dedica en cuerpo y alma a la promoción de este género en pos de conquistar espacios, acercarlo a los públicos y ganar en reconocimiento.

—¿Es la música electrónica un género menospreciado en nuestro país?

—No creo que menospreciado, pero sí poco difundido. Existe mucho desconocimiento todavía, sobre todo debido a las diferencias de opinión dentro del mismo movimiento de música electrónica, pues los productores la asumimos e interpretamos desde diversas posturas y conceptos, siendo eso lo que traspasamos a quienes nos siguen.

«Existe mucha ignorancia. Entiendo que nuestro país es tropical, latino, y que los ritmos más populares están bastante alejados de los códigos de la electrónica, pero eso no significa que debamos ser desconocidos.

«Hablamos no solo de un género, sino también de una plataforma que permite la fusión con varias manifestaciones del arte y otras sonoridades. Su utilidad no solo se percibe en el baile, también sirve  para mezclar con productos audiovisuales, generar estados de ánimo y reflexionar».

—Dices que existe mucho desconocimiento, ¿podría afirmarse entonces que las obras de los Dj están lejos de ser consideradas como producciones con valores artísticos?

—Ser Dj o Dj/productor no es tan fácil como se cree. Hay que tener conocimientos musicales, elementos básicos de teoría y solfeo, buen oído, saber manejar el software… El Dj debe nutrirse, formarse, educarse… para ofrecer un producto de calidad.

Iván estaba en octavo grado cuando de la mano de Joyvan Guevara (DJoy de Cuba) se acercó por primera vez a ese universo que lo atrapó. Confiesa que se sintió cautivado por el público, «por la intensidad que proyectaba; en aquel tiempo eran fundamentalmente los fans del rock, los “frikis”».

—Eres un joven artista y un Dj de los más reconocidos del país. ¿Qué le podrías decir a aquellos que se inician en este camino?

—Que trabajen mucho, adquieran conocimientos, escuchen música de todo tipo y de todas partes. Que busquen intensamente para hacerse de un estilo.

—¿Podría hablarse de una producción nacional de música electrónica con identidad y valores propios?

—Esa intención de nacionalizar no funciona mucho para este caso. No podemos obviar que este no es un género propio de un país, es un medio para combinar con ritmos de todo el mundo. Aunque pueda tener elementos distintivos de una cultura, su discurso será siempre universal.

Lejardi, quien nunca abandona sus gafas oscuras y que se describe a sí mismo como una persona introvertida, tanto en el plano personal como en lo profesional, está convencido de que un elemento que no puede faltar para realizar un buen espectáculo es la dinámica con el público. Ante la duda de si no resulta contradictoria esa imagen de un Dj introvertido, explica que «la intensidad de cada presentación y de lo que puedo proyectar depende, en gran medida, del ambiente que sea capaz de generar y de la reacción de la gente. En esos dos elementos descansan los principales estímulos».

—¿Cómo valoras la música electrónica que se hace en Cuba?

—Hay cosas buenas y malas, en ocasiones prima la segunda, pero no creo que sea algo grave. Son procesos que llevan su tiempo. Hay muchos productores que solo necesitan madurar un poco más.

—Una parte significativa de tu quehacer ha estado definido por el empeño de llevar la electrónica a diversos espacios abiertos de la ciudad…

—Hay una realidad: la música electrónica no es rentable como los géneros populares, debido en parte al mismo desconocimiento. Indudablemente la mejor manera de ampliar el espectro musical es con opciones para los espectadores, de modo que puedan acercarse sin nada que perder. Se trata de abrir el camino.

—Qué elementos hacen de la electrónica un género muy visual?

—Su capacidad de transmitir fuertes emociones, lo cual se combina con una apoyatura audiovisual y de luces. Todo eso conforma tu discurso y finalmente creas sonidos que se pueden ver.

—Coméntame del quehacer del Laboratorio Nacional de Música Electroacústica.

—Es una institución que se ha dedicado a reunir a los Dj y productores de música electrónica para que no estuviesen dispersos. Brinda un espacio que nos legitima, representa y contribuye en gran medida a la profesionalización. En ese sentido la AHS también ha ayudado.

—Precisamente, durante las sesiones del último congreso de la AHS, entre los puntos abordados estuvieron la necesidad de promoción y la demanda de más espacios para quienes se dedican a la música electrónica. ¿Cuánto se ha avanzado?

—Esas exigencias siempre estarán latentes, sobre todo al paso que vamos, pues erróneamente muchos productores piensan que por la vía de la imposición van a conseguir que su obra guste a las personas. Sucede mucho que llega alguien a un espacio donde muestra su quehacer, y si no agrada, el camino más fácil es decir que la gente es inculta o incomprensiva.

«Si el creador no es capaz de trabajar un poco más, de explorar y buscar otras maneras de conectar, ¿cómo va a provocar una demanda y en consecuencia convencer a quien tiene la posibilidad de gestionarte un espacio? Hay demanda de música electrónica, es cierto; aunque también es cierto que las más solicitadas son las variantes comerciales, que a su vez son las más criticadas; pero con inteligencia uno puede “colarse” y educar ofreciendo paulatinamente otras alternativas».

—En algún momento has definido lo que haces como un «viaje sonoro». ¿Cuál es el destino de esa travesía?

—El destino de mi viaje es ese lugar relajado al cual puedo conducir al auditorio, lejos de las complicaciones de lo cotidiano. Quiero que la audiencia sienta que está escuchando algo diferente y entienda lo que hago desde el punto de vista tímbrico. Mi intención es llevarlos por diversas sensaciones para alcanzar un estado ideal.

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