La era inagotable de la música clásica

El autor ruso y su Suite de Romeo y Julieta, creada especialmente para ballet clásico, reta a quienes desean ejecutarla. Esta noche, en el Teatro Nacional, la Orquesta de Minnesota (EE.UU.) y un grupo de estudiantes de Música emprenderán ese sendero de amor y tragedia

Autor:

Yelanys Hernández Fusté

La tragedia de dos amantes en la Verona medieval ha trascendido a su autor, su tiempo y a la literatura toda. William Shakespeare inmortalizó el sentimiento de dos jóvenes de familias rivales entre sí, de lo que Serguei Prokofiev compuso una huracanada pieza que revela la pasión en todo su vía crucis.

El autor ruso y su Suite de Romeo y Julieta, creada especialmente para ballet clásico, reta a quienes desean  ejecutarla. Esta noche, en el Teatro Nacional, la Orquesta de Minnesota (EE.UU.) y un grupo de estudiantes de música emprenderán ese sendero de amor y tragedia.

Solo les adelanto que el fragmento escuchado ayer, durante los ensayos, tuvo la magia y la sinergia que Prokofiev y Shakespeare quisieron darle. La variedad rítmica y la intensidad interpretativa permearán esta nueva ejecución que el experimentado director Osmo Vänskä regalará al público cubano, como parte de la Feria Internacional Cubadisco 2015.

Osmo Vänskä piensa que la música clásica siempre prevalecerá.

Precisamente Vänskä, en los pocos minutos de descanso que se permite, pues su misión es mostrar una pieza perfecta, accedió a las preguntas de JR. El maestro Osmo aprovechó la oportunidad para anunciar que este sábado interpretarán Danzón, del cubano Alejandro García Caturla.

Dentro del programa le seguirán las danzas sinfónicas West side history, de Leonard Bernstein. «Es una historia de amor en los EE.UU., la cual tiene relación con la Suite de Romeo y Julieta y con el tema de Cubadisco, que es la música sinfónica. Escogimos esta obra del repertorio ruso, que es una de las músicas creadas para ballet más hermosas», explicó.

Vänskä, nacido en Finlandia y residente en Norteamérica, inició su carrera como clarinetista e integró las filarmónicas de Helsinki y la de Turku. Es el décimo director musical en la historia de la centenaria Orquesta de Minnesota (OM). La crítica le ha reconocido sus emotivas interpretaciones de repertorios tradicionales, contemporáneos y nórdicos.

Ha sido muy satisfactorio su período de liderazgo en la OM. Uno de sus resultados más significativos es la grabación de la Primera y Cuarta Sinfonía, de Jean Sibelius, con la que obtuvieron el Premio Grammy en la categoría de Mejor Presentación Orquestal. Osmo es además, director principal invitado de la Orquesta Sinfónica de Islandia y director distinguido de la Orquesta Sinfónica de Lahti.

—¿No le parece que cada vez son menos las personas que se interesan por escuchar a orquestas tan grandes y disfrutar de los clásicos?

—No creo que podamos tocar para espacios vacíos. Debe haber gente allí para escucharnos. La música clásica es clásica. Todos los artistas del pop tienen un momento. Sin embargo,  ¿los clásicos por cuántos años ya se conocen? ¿200 años? Creo firmemente que se continuarán escuchando. Ellos están siempre con nosotros, porque todos decimos: «Vamos a escuchar a Mozart y Beethoven».

«Madonna es talentosa y aunque la tomo como un ejemplo extremo, quizá pueda escucharse por siempre. También podría suceder con The Beatles. Aunque no, con seguridad rectifico lo de The Beatles (se ríe). Lo cierto es que la música clásica siempre se va a mantener y no es como el pop que busca más estar de moda».

—¿La visita de su orquesta a La Habana intenta también lograr un acercamiento con músicos cubanos?

—En nuestro país hacemos proyectos  a los que llamamos Side by side (Lado a lado). Estrechamos los lazos de la enseñanza con la interacción de los profesores y los estudiantes. Los estudiantes tocan solos, y los maestros de la orquesta los corrigen, lo cual mejora sus ejecuciones, en la medida en que avanzan los ensayos. No se trata solo de hacer música, sino de compartir, aprender y profundizar en esa relación de maestro-alumno.

«Eso ha pasado con los alumnos cubanos, quienes participan en nuestras actuaciones aquí. Es algo muy importante para nosotros. Los chicos han tenido que estudiar mucho en casa, antes de nuestra visita, para que en poco tiempo pudiéramos hacerlo bien».

Vänskä es admirador de autores como Jean Sibelius, Dmitri Shostákovich, Serguei Prokofiev, Ludwig Van Beethoven y Wolfgang Amadeus Mozart. Siente por eso una pasión innata por enseñar. De ahí que sean importantes para su liderazgo en la OM los programas educativos que impulsa la agrupación.

Al explicar exactamente en qué consiste, Osmo detalló que «este es un proyecto muy popular en nuestra sede, que se realiza cada año. Le llamamos como ya dije Lado a lado. Es una iniciativa para que jóvenes músicos estudien con nosotros y toquen en nuestros conciertos. Más de 15 000 chicos ya han pasado por la orquesta con este programa. Ellos intercambian con nuestros integrantes, que comparten con ellos sus enseñanzas».

Venir a Cuba y compartir con sus habitantes es un sueño que ya cumple la Orquesta de Minnesota. A pocas horas de su llegada a La Habana, Vänskä dijo: «Hace 85 años, cuando la orquesta se llamaba Sinfónica de Miniápolis, vino a La Habana. Para nosotros representa un gran honor volver».

La OM regresa a la Mayor de las Antillas, después de dos estancias anteriores, una en 1929 y la otra en 1930. Para la primera noche de concierto —acontecida ayer en el Teatro Nacional—, fue acompañada por el maestro Frank Fernández y los coro Nacional de Cuba y Vocal Leo. La de hoy es todo un enigma que desentrañaremos a las 8:30 p.m., en la sala Avellaneda del mismo coliseo.

Vivimos la era inagotable de la música clásica, es una teoría que se desprende de las palabras de Osmo Vänskä. Es un concepto esencialmente cierto, como también la certeza de su visita a Cuba. «Consideramos que este era el momento oportuno. Nos entusiasmamos y estamos muy orgullosos de haber sido invitados por Cubadisco», sentenció.

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