Jóvenes dentro y fuera del aula

El siempre apasionante universo de adolescentes y jóvenes ofreció en esta edición del festival francés, más de un momento, ya vemos, altamente significativo

Autor:

Frank Padrón

La cinematografía gala centra su atención con mucha frecuencia en las edades tempranas de la vida: niños, adolescentes, e incluso, ellos entrando en la primera juventud, centralizan filmes más que sugerentes.

La presente edición, tras casi un mes de amplia y entusiasta acogida del público —algo que ocurre siempre— no fue una excepción.

Tres títulos fueron representativos de los conflictos y problemas de los más nuevos en la familia, concretamente en relación con un núcleo social que implica generalmente colisiones y trocaderos de cabeza tanto para ellos como para padres y maestros: la escuela.

El patio de Babel, por ejemplo, significa por otra parte una línea recurrente de estos festivales, que a la vez traen lo más representativo de la producción francesa: el carácter integrador, que no solo focaliza la urbanidad centrista (léase parisina) sino las periferias, y mejor aun, la vasta inmigración que desde hace tiempo forma parte de la geografía y la sociedad allí, sin olvidar la presencia de pueblos y regiones africanas que se expresan en esa lengua.

Dirigida por Julie Bertucelli (El árbol), el filme fue precedido por largas horas de grabación en torno a adolescentes entre 11 y 15 años procedentes de todas partes del mundo que asisten a una clase de acogida en la capital francesa: sus dificultades para «aclimatarse» a un mundo totalmente nuevo —idioma, relaciones sociales, vivienda, trabajo de sus padres, vocaciones…— son captados tanto con sentido del humor como con profundo dramatismo, en un documental «de puesta en escena» donde los pequeños protagonistas recrean sus vivencias, junto a sus progenitores.

Un grito por la aceptación y la integración, un desafío a la intolerancia y la xenofobia, trae con equilibrio, eficacia en el montaje y fluidez narrativa un título que fuera justamente nominado al premio César como mejor documental del año y candidato al máximo lauro en el festival internacional de documentales de Sheffield.

Semejante temática aborda Canta tu prepa primero, del mismo género, y realizado por David André, aunque en este caso se concentra en muchachos de 17 años que terminan el bachillerato (de ahí el apócope de «preparatoria» en el título) en Boulogne-sur-Mer, una ciudad golpeada duramente por la crisis económica que atraviesa toda Europa, como sabemos, en los últimos tiempos; estos adolescentes se debaten entre sueños y colisiones con profesores y familiares, que muestran diversas actitudes ante sus posibles carreras y su futura manera de ganarse la vida; a la vez, focaliza las relaciones entre ellos, sus personalidades y cosmovisiones.

Entre testimonios y escenas que nos los muestran en sus hábitats y costumbres, se insertan canciones compuestas e interpretadas por ellos mismos, que a la verdad poco aportan a la diégesis, mas de cualquier modo se trata de otro texto fílmico —también notablemente editado y fotografiado— lleno de sugerencias en torno al porvenir de la juventud en un mundo transido por circunstancias sociopolíticas complejas y difíciles, dentro de las cuales estimula y contagia el optimismo de algunos, mientras preocupa y solidariza el estado a veces depresivo o las dificultades que atraviesan otros.

De contexto mucho más amplio que el aula —aunque no deja de reflejarse— es el largometraje animado para adultos Aya de Yopougon, que dirigieran Marguerite Abouet y Clément Oubrerie. En Costa de Marfil tiene lugar una historia coral dentro de la cual detentan un peso dramático fundamental Aya, Adjoua y Bintou , tres amigas de un popular barrio allí: son jóvenes, lindas y tienen ganas de hacer cosas: una prefiere bailar, otra salir con chicos, y otra estudiar para ser algo más que ama de casa…

Nominado a mejor filme de animación en los premios César y en el festival de Gijón, Aya… sobresale por una hermosa y cuidada morfología, captadora precisa de los rasgos de los personajes y su gestualidad, sin olvidar fondos que delatan una precisa aprehensión plástica del espacio, con sus decorados y escenarios; particular comentario merece la inclusión de publicidad local que emerge de los televisores locales, en este caso con personas reales.

Los directores lograron hilar un relato ingenioso, que despliega simpatía y sensualidad a cada momento; y no solo entregan una historia perfectamente armada y combinada en sus personajes y casos, sino que aquella emite una sátira a la ridiculez de cierta burguesía egoísta y mediocre, o a la censurable actitud de vivir por encima de las posibilidades, a las diferencias de clases ostensibles en sociedades como las que enmarcan el filme, o referirse con semejante actitud didascálica —aunque sin moralinas evidentes— a posturas humanas universales como la mentira, el adulterio, la apatía o la falta de perspectivas que emblematizan varios personajes.

Quizá sobre la narración en off y en primera persona de la joven protagonista, pues todo es muy claro en el relato y por tanto casi todos los comentarios huelgan; pero estamos ante un encantador filme —más allá de la forma genérica elegida—aunque, si nos concretamos a ella, compensó un tanto la endeblez e irregularidad del programa sobre cortos animados para adultos, con la excepción de muy contados títulos.

El siempre apasionante universo de adolescentes y jóvenes ofreció en esta edición del festival francés, más de un momento, ya vemos, altamente significativo.

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