El arte de la ubicuidad compartida

Artistas norteamericanos y cubanos comparten entre sí un espacio común: el Pabellón Cuba

Autor:

Jaisy Izquierdo

Durante esta fiesta de las artes visuales que es la Bienal, artistas norteamericanos y cubanos comparten entre sí un espacio común, el del Pabellón Cuba, sede nacional de la Asociación Hermanos Saíz (AHS). Poco importa si están dentro o fuera, o si se mantienen en constante movimiento creativo de un lugar a otro. Lo cierto es que pertenecen a esa región común, la del arte, que les permite explorar libremente sin que medien fronteras, sin que nada condicione o limite su mirada. Son de todas partes. Hacia todas partes irradian sus obras.

Acaso por ello se han aunado bajo el nombre Entre, dentro, fuera (Between, Inside, Outside), pues, como explica el curador por la parte estadounidense de esta exposición, Royce Smith, desde cada una de estas posturas se conjura «el deseo de hablar de una idea más potente, la de nuestra identidad».

Esta es la visita número 12 que Smith realiza a la Isla. Pero no olvida el contacto inicial, cuando fue invitado por el Instituto Superior de Arte a dictar unas conferencias de Historia del Arte. De esa manera se convirtió en el primer profesor norteamericano que colaboró en esa área en las aulas de la Universidad de las Artes.

Si aquella ocasión fue un paso decisivo para aprender junto a sus estudiantes de la chispa artística de esta tierra, su historia y su cultura, ahora el hecho de participar junto a la curadora cubana Dannys Montes de Oca en esta exposición de la Bienal resulta para él una buena oportunidad para contribuir a este momento histórico, en que las relaciones de nuestros países deben avanzar hacia el futuro de una forma respetuosa, señaló.

«Dannys, quien es especialista del Centro de Arte Contemporáneo Wifredo Lam, y yo, habíamos pensado en la importancia de las relaciones, la transdisciplinariedad y los procesos respecto a una región en el mundo de arte. Por eso Entre, dentro, fuera habla, ante todo, de relaciones humanas que se pueden establecer “entre” obras, “entre” artistas, “entre” públicos y espacios.

«Además, la exhibición también está pensada a propósito de los afectos, y cómo estos manejan por “dentro” las agendas de los artistas. Así podemos ver vivencias únicas que experimenta un solo creador en el contexto de su propio país. Y a la vez, si nos alejamos para ver “desde afuera” el conjunto, podemos notar temas compartidos, en los que estadounidenses, cubanos o latinoamericanos conviven con sus obras en experiencias afines y procesos comunes».

—¿Cómo se refleja, a través de las obras, esta intersección entre los artistas?

—Un ejemplo lo encontrarán en la obra del artista de Estados Unidos, Casey Neistat. Él siempre está pensando en procesos, le llama la atención la manera en que las grandes empresas cambian los cables para saltar del Iphone 4 al 5, por eso se dedica a idear soluciones para no tener que desechar los cables o comprar nuevos audífonos. De esta manera burla al mercado, «hace trampas» con materiales básicos. Tenemos 11 videos en los que nos brinda algunas valiosas propuestas. Pero lo más interesante es que, como artista, su espíritu está muy ligado al de los cubanos y su vida cotidiana, en la que hay que innovar, buscar adaptaciones con ingenio o, como dicen ustedes, «hay que inventar». Y esto para nosotros se convierte en una historia compartida.

«También tenemos una cebra peatonal, que hemos recreado a la entrada del túnel rojo. Las tradicionales rayas blancas, se han cambiado por los colores de la bandera del orgullo gay, para hablar de un camino común en el que ambos países han avanzado, como es el tema del derecho a una diversidad sexual.

«A la salida del túnel, en el patio central, hemos creado, lo que arquitectónicamente podría parecer una pequeña ciudad. La cubanoamericana Agnes Chávez emplaza en una de estas “casas” su obra que trata sobre la conexión de la ciencia, la participación y el arte. Las personas pueden entrar a su espacio y jugar con las piedras de la entrada, y mientras modifican el entorno al cambiarlas de lugar, una pantalla en el fondo se irá transformando también, de manera que los mismos participantes serán los propios dibujantes.

«Otro artista de Estados Unidos tiene una pieza muy interesante porque su caja funciona como una pequeña Bienal dentro de esta gran cita. Pero en su sitio no estará exhibiendo su obra sino que prefiere mostrar la de otros artistas cubanos. Un intento por hablar de la democratización del arte, el acceso a las galerías y la visibilidad de los artistas.

«La cubana Glenda Salazar también disfruta compartir, y lo hace con unas pinturas de plantas que son autóctonas de la Isla. Mezcla además dibujos de plantas de varios países, con la historia común de la colonización que también estuvo acompañada de la descripción, exploración y descubrimiento de plantas del Nuevo Continente. Su obra interactúa con el público al colocar delante de cada dibujo un recipiente de papel que contiene semillas. Los que lleven consigo una de estas hojas podrán hacer crecer un jardín de la Bienal en sus casas. Y quienes vengan de Australia, de México o de cualquier parte del mundo pues llevarán consigo un pedacito de Cuba.

Foto: Tomada de cubahora.cu.

«Igual cubana, la joven Susana Delahante se remite a nuestra herencia africana desde algo tan personal como puede ser el cabello, a través del concurso de peinados Lo llevamos rizo, que cerrará con una gala el próximo 13 de junio. Mientras, Stephanie Syjuco, cuyo origen es de las Filipinas aunque radica en los Estados Unidos, presenta una obra que se llama Hecho en Cuba, donde confecciona jabas para intercambiar por objetos personales de los que visitan la Bienal. Cómo ves, son muchos los ejemplos».

—¿Qué te ha aportado esta, tu primera experiencia en la Bienal?

—Cuba me ha enseñado que lo importante es trabajar colectivamente, explotar la solidaridad, para sacar adelante un proyecto. Bonito ha sido ver como los artistas y yo mismo hemos podido contar con la ayuda de la gente, personas de la calle, los que trabajan en el Pabellón, u otros que simplemente querían apoyarnos.

Me siento complacido además, de estar junto a estos artistas que, según mi criterio, están creando, a la vez, una crónica de este momento que vivimos en las relaciones entre Estados Unidos y Cuba, y recogido también desde el Pabellón Cuba».

—Le concedes gran valor a que la expo tenga por sede el Pabellón…

—Ha sido un placer. Este es un lugar que desde su historia y arquitectura tiene mucho que ver con la filosofía del cubano. El acceso entre escaladas y curvas nos habla de luchas, del esfuerzo para llegar más arriba. Y cuando estamos frente al túnel no hay más remedio que pasar todos unidos, apretados, convocados a ser amables, respetuosos y solidarios unos con otros, para al final descubrir juntos un mundo mejor, representado por ese patio central».

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