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Casablanca: casa multicolor

Juvenal Ravelo, uno de los maestros del arte óptico cinético en América Latina, desde que llegó a Casablanca no ha parado de transformar con su paleta el lugar, y obra de su intensa labor es la intervención de la fachada del muelle de Casablanca

Autor:

Jaisy Izquierdo

Los que crucen al otro lado de la Bahía de La Habana, pisarán puerto desconocido, incluso los que hayan vivido allí toda una vida. Les espera Casablanca, lienzo en blanco, casa multicolor.

Juvenal Rabelo, maestro del arte óptico cinético, intervino dos espacios de Casablanca.

La habitual lanchita, cargada por estos días de viejas maletas en el techo, nos advierte que algo «no anda bien». Premonición que se vuelve festín visual, sorpresa creativa, justo a la entrada del pueblo, donde nos aguardan Contemplando la espera 72 sillas emplazadas por la chilena Guisela Munita. Ella, junto a más de 20 artistas, han pintado o instalado libremente sus creaciones, alegrando muros entre colores, trastocando fachadas, sorprendiendo a cada paso en las calles a sus habitantes que, al otro lado de la Bahía, respiran cada mañana la maravilla del arte.

«Estamos muy contentos con que la Bienal haya dado un saltico hasta aquí y se acordara de nosotros. Es una idea en la que podemos participar, ayudar, y también pintar. A diferencia de las piezas que se exhiben en La Habana, estas pinturas hechas para nosotros por artistas tan famosos y en las que hemos trabajado con nuestras manos también, se quedarán para siempre a nuestro lado, en este pueblo, como un bello recuerdo», reconoce Dayán Piquero Molina, quien vive a pocas cuadras del embarcadero.

Dayán me abre las puertas de su casa para que converse con el artista Juvenal Ravelo. Nos trae una taza de café y se dirige a la terraza a tender la ropa al sol. Estampado en un pulóver, el logo de la 12 Bienal de La Habana ondea también en el cordel.

Juvenal Ravelo es uno de los maestros del arte óptico cinético en América Latina y mereció el Premio Nacional de Artes Plásticas de Venezuela, en el 2007. Desde que llegó a Casablanca no ha parado de transformar con su paleta el lugar, y obra de su intensa labor es la intervención de la fachada del muelle de Casablanca, en la que grabó una frase que lo define: «El arte en la calle, como el sol, sale para todos».

Cuando lo conocí, trabajaba en un muro enorme, monumental, que engalanaba ya, a medio terminar, uno de los costados del Parque Central. Pero para Juvenal, lo más importante no son las dimensiones de la obra, sino el proceso que la hace realidad:

«La Bienal tomó las calles de este hermoso pueblo, lo cual me parece maravilloso, porque el arte no se queda en las galerías o en los museos, sino que va al encuentro de la gente, hasta sus propias casas. Yo tengo una experiencia previa de murales que he realizado en Venezuela y recientemente en Francia, y en ellos trabajo el arte de participación, lo cual implica que la propia comunidad se convierta en protagonista de la acción plástica. La respuesta de la gente de Casablanca ha sido magnífica, y ese muro tiene las pinceladas de sus vecinos, niños, jóvenes y adultos. Por eso lo he titulado Fragmentación del color. Homenaje a Casablanca», explica Ravelo, quien apunta además que ese lugar tiene un valor añadido: allí se casó el Che Guevara, según reza una tarja aledaña.

Como muchas personas solo pueden sumarse al convite de los esmaltes en las tardes, después del trabajo, o durante los fines de semana; Ravelo ha contado además con el refuerzo de algunos jóvenes miembros de la Brigada de Instructores de Arte José Martí.

Roberto Bess González es uno de ellos y, pincel en mano, me comenta lo increíble que ha sido para él y sus compañeros esta experiencia «desde el punto de vista artístico, porque aunque hemos realizado murales, nunca habíamos trabajado el arte cinético, y ahora lo hacemos junto a un gran artista venezolano como es Juvenal. Creo que esto tributa también a nuestra labor formativa, porque con este saber podemos enriquecer aun más los talleres de artes plásticas, de apreciación y creación, que impartimos en las escuelas primarias, secundarias y en los preuniversitarios», aseguró el joven de 26 años.

Arte en Casa

José Manuel Noceda, curador al frente del proyecto de la Bienal en Casablanca, explicó a nuestro diario que este espacio da continuidad a los proyectos de inserción social desarrollados por la Bienal, que en ediciones anteriores se han aproximado a barrios como el de San Isidro, en La Habana Vieja, el solar La California, en Centro Habana, Alamar, y San Agustín con el laboratorio LASA.

«Este proyecto en Casablanca contó con la respuesta de 23 artistas de más de 15 países, y abarcó casi todas las disciplinas artísticas, desde las más tradicionales como son la pintura, el dibujo y la escultura, desplegadas en la intervención de espacios físicos; hasta incluir prácticas más contemporáneas como el performance, el video, la videoinstalación, y sobre todo ese énfasis en procesos que involucran a los espectadores, a los transeúntes, y los convierte en activos contribuyentes a la obra que ellos mismos materializan. Creo que este es también uno de sus grandes valores», afirma el especialista del Centro de Arte Contemporáneo Wifredo Lam.

Noceda, además, nos acerca en un breve repaso a algunas de las obras que cambiaron el panorama de Casablanca, en esta sobresaliente acción comunitaria del arte.

«Daniel Buren, uno de los grandes artistas franceses contemporáneos, intervino la estación del ferrocarril de Casablanca, y en la misma cuerda del famoso tren de Hershey, se sumó la exhaustiva investigación del arquitecto cubano Renán Rodríguez, que aborda todo el itinerario que este cubre desde Casablanca hasta Matanzas. La presencia de la arquitectura también se hace evidente en la obra del arquitecto peruano César Cornejo, quien interviene una casa particular del pueblo con una escultura en la fachada, a la vez que repara dos de sus habitaciones para convertirlas en una galería. A su vez, este mismo espacio contempla la participación del proyecto Echando lápiz, de los artistas colombianos Manuel Santana y Graciela Duarte, quienes exploran desde la fotografía y el dibujo distintas representaciones de la naturaleza urbana.

Pico Estudio, un grupo de arquitectos venezolanos que habitualmente desarrolla espacios de paz en los cerros de Caracas, también ha deseado trasladar esa experiencia hasta nosotros. Por eso están construyendo un espacio multipropósito para la comunidad, donde se podrán realizar actividades culturales, sociales, barriales, conciertos, y hasta deportes», explica.

Resalta Noceda que la Bienal también ha escalado hasta el emblemático Cristo de La Habana: «Allí, en su base, se encuentra la finca ecológica El rincón del Cristo, un espacio medioambiental en el que se han insertado dos artistas invitadas, la escultora noruega Marte Johnslien y la guatemalteca Sandra Monterroso. También se nos han unido en este lado de la Bahía artistas cubanos como Rafael Villares, Mauricio Abad, Elizabet Cerviño, José Eduardo Yaque; mientras que provenientes de Uruguay, Sebastián Alonso y Martín Cracium han venido a trabajar directamente con las comunidades, para recuperar la voz de la gente de pueblo, y mapear con ellos la historia de este lugar a través de entrevistas, imágenes y videos, que conectan luego en asociaciones entre Casablanca y Montevideo. Y hasta de Afganistán hemos recibido la propuesta de Aman Mojadidi, que se desarrolla en la lancha de Casablanca, y que guarda relación con lo que conoce el público habanero acerca de la cárcel que el Gobierno de los Estados Unidos mantiene en el territorio que ilegalmente ocupa la base naval de Guantánamo.

Desde el embarcadero hasta el Cristo, Casablanca se declaró en estos días de Bienal, entonces, «casa tomada», como diría Cortázar. Son otros los ojos que la acosan, bienvenidos intrusos: los del arte.

Intervención en la estaxión del tren de Hershey de Casablanca, del arquitecto Renán Rodríguez.

Escultura en la fachada de una vivienda de Casablanca, del artista César Cornejo.

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