El artista nunca descansa

De ello está convencida la primera bailarina Viengsay Valdés, quien se siente depositaria «de ese legado histórico que nació de la muy cercana y hermosa relación que desde el principio se estableció entre la Federación Estudiantil Universitaria y el Ballet Nacional de Cuba»

Autor:

José Luis Estrada Betancourt

A la Federación Estudiantil Universitaria (FEU) estuvo dedicada la función que este viernes motivó al público a colmar la sala Avellaneda. Con la interpretación de dos de las obras más emblemáticas de la compañía: Carmen y Las sílfides, el Ballet Nacional de Cuba (BNC) que dirige la prima ballerina assoluta Alicia Alonso, quiso también recordar el aniversario 70 del ingreso del líder histórico de la Revolución Fidel Castro a la Universidad de La Habana y saludar el venidero X Congreso de la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC).

También se presentó Celeste en la escena del Teatro Nacional, la aplaudida coreografía que fuera estrenada en el pasado Festival Internacional de Ballet de La Habana... Al igual que entonces, la obra tuvo en la primera bailarina Viengsay Valdés a su principal protagonista. Solo que esta vez defendió la hermosa pieza que ideara la afamada creadora Annabelle López Ochoa, entregándole una emoción muy particular. Y es que, como las otras grandes figuras que la han antecedido, la Miembro de Honor de la Asociación Hermanos Saíz (AHS) siente idéntica cercanía por la organización fundada por Julio Antonio Mella y que reconoce como eterno presidente a José Antonio Echeverría.

«Este viernes, en la gala, me sentí muy emocionada, como la noche en que la reconocida coreógrafa belga-colombiana Annabelle López Ochoa me seleccionó como protagonista de Celeste, la pieza que creó para el Ballet Nacional de Cuba. Es una mujer que transmite una gran energía y nos invitó a plasmar una idea bellísima: la vida de una estrella en el cielo nocturno.

«Fue interesante el trabajo con esta coreógrafa porque ella se fue nutriendo de las personalidades de los bailarines con los que trabajaba para concebir su obra, y nos insistía mucho en que sacáramos afuera ese ángel que debe transmitir el bailarín en su fortaleza, en sus matices, en la musicalidad. Con ese maravilloso concierto para violín del genial compositor ruso Chaikovski, considerado como uno de los más difíciles en el mundo para ese instrumento, logró combinar emoción y virtuosismo. Mi rol resulta muy intenso y es de los pas de deux más difíciles de este ballet. Mas al estar inspirado en mí, los movimientos me salen muy orgánicos».

—Viengsay, otra vez participas en una de las tantas galas con que el  BNC rinde homenaje a la FEU. ¿Se podría afirmar entonces que eres depositaria también de ese legado histórico?

—Recuerdo con gran cariño el 18 de diciembre de 2006 cuando bailé Las Sílfides, de Mijaíl Fokine, y Sinfonía Gottschalk, de Alicia Alonso, en una gala que el BNC ofreció, al aire libre, en el estadio de la Universidad de La Habana para conmemorar los 50 años de la función de desagravio que organizara la FEU para la compañía. Lo considero inolvidable también porque aquel espectáculo fue la apertura del VII Congreso de la organización, y a él asistieron, entre otras personalidades del país, Fernando y Alicia Alonso, dos de mis más queridos maestros, fundadores del Ballet Nacional y de la escuela que me honro en representar internacionalmente, así como nuestro Miguel Barnet.

«Por supuesto que me siento depositaria de ese legado histórico que nació de la muy cercana y hermosa relación que desde el principio se estableció entre la Federación Estudiantil Universitaria y el Ballet Nacional de Cuba, además de muchas cosas que he aprendido durante mi trayectoria artística. Qué mejor entonces que llegado el momento pueda transmitirlo a esas generaciones tan ávidas de explorar el mundo, y dejarles ver nuestra historia de antemano, que les enriquece y les fortalece de espíritu para que así enfrenten sus carreras. Se trata de la hermandad entre mi compañía y la organización estudiantil universitaria».

—A pesar de tu agenda siempre tan colmada, accediste a formar parte del jurado del Festival Nacional de Artistas Aficionados de la FEU, en Santiago de Cuba. ¿Qué te motivó? ¿Qué te aportó dicha experiencia?

—Efectivamente, tuve el placer de formar parte del jurado del Festival Nacional de la FEU, celebrado en la ciudad de Santiago de Cuba, y lo acepté con gusto, a pesar de mi agenda. Lo mejor fue dar fe de las auténticas muestras de buen arte y cariño que vi y recibí. Fue genial constatar, sobre todo, los deseos, los inmensos deseos de bailar que tenían esos jóvenes aficionados, y eso hay que valorarlo.

«El movimiento de artistas aficionados ayuda a incentivar el gusto, a cultivar pasiones, y en instituciones como la Universidad sirve también para sensibilizar a personas de diversas profesiones, para demostrar que nada es totalmente excluyente, pues de un modo u otro todos estamos conectados.

«Esa experiencia me permitió seguir mirando hacia adelante con el convencimiento y la alegría de un futuro próspero, de nuevos artistas que crecen y se desarrollan, y de que somos una cantera inagotable de la danza. Tambien aprendí del resto del jurado, de sus valoraciones y criterios, al tiempo que reforcé los míos y di a conocer mis opiniones, que en todo momento fueron muy respetadas».

—Sin dudas eres un verdadero paradigma para los jóvenes cubanos. A ellos, que te admiran y escuchan, ¿qué consejos les darías si te preguntaran cómo encaminar mejor su futuro?

—A los jóvenes cubanos de hoy les exhorto a que analicen por un momento qué es lo que realmente quieren hacer con sus vidas, a qué profesión desean dedicarse, cuál es su verdadera vocación y si ya tienen las respuestas claras, entonces solo les resta poner empeño, determinación y, especialmente, muchísima voluntad. Funcionó en mí y asÍ fui cosechando mis frutos, con tremendo esfuerzo pero también con la satisfacción de haber alcanzado mis metas».

—Te acaban de entregar el Premio de Danza Lorna Burdsall, máximo estímulo que confiere la Sección de Artes Escénicas de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (Uneac)...

—El premio ha llegado en un momento lindo en mi carrera, y por supuesto que lo recibo con mucho orgullo. Este lauro es, ante todo, un reconocimiento al esfuerzo, al trabajo diario, a la dedicación y constancia que me caracterizan. No todos los meses o todos los años se recibe un premio. Por ello el día que sucede lo acoges con alegría sin olvidar que en lo adelante el compromiso es aún mayor. Por tanto, llega el momento de plantearme nuevas metas y retos. El artista nunca descansa. Como siempre se lo dedico a todas aquellas personas que me apoyaron: desde mis padres, hasta mis amigos y profesores; todos ellos, sin excepción, forman parte de mi realización como artista.

—Después de más de una década sin que se viera el ballet completo en Cuba, volviste a asumir el protagónico de Carmen, que interpretarás de nuevo este domingo 28, también en la Avellaneda, pero a las 5:00 p.m. ¿Cómo es reencontrarte con la obra cumbre de Alberto Alonso que tiene la marca de Alicia?

—Carmen es un personaje al que nunca le he soltado la mano. Me encanta porque me identifico mucho con su soltura, sus ansias de libertad, su firmeza..., y Alicia constituye un paradigma que llevo conmigo siempre a todas partes. Estudio sus videos, le escucho cada consejo, converso con ella personalmente sobre cualquier duda... Tenerla como referente, lejos de intimidarme, me emociona, porque me impulsa a crecerme para no defraudar al público.

«Aunque Carmen llevaba 12 años sin ponerse como ballet completo en Cuba, yo jamás me he separado de él, porque lo he representado en escenarios internacionales. De hecho, se halla entre mis ballets preferidos. Es una obra tan especial para mí, que bailé fragmentos de Carmen en 2003, en la Gala Estrellas del siglo XXI, celebrada en París; y en el 2004 lo escogí para convertirme en la primera bailarina clásica en bailar en puntas en Laos, en Vientiane, la capital del país. Luego, también interpreté escenas en 2007 en la IV Gala Internacional de Ballet en Lisboa, Portugal; en 2008 en un Festival Internacional de Ballet de La Habana...

«Asimismo debo destacar dos momentos especiales en mi carrera en los cuales no bailé fragmentos de Carmen, sino la obra completa. La primera vez fue gracias a una invitación del famoso Teatro Mariinsky, de San Petersburgo, Rusia, en abril de 2011. Me convidaron a participar en la Gala de Clausura del XI Festival Internacional de ese gran teatro, con un elenco de estrellas de aquella compañía. La otra oportunidad me llegó el año pasado en Mérida, México, adonde llevé a escena la Suite de Carmen junto a Danza Clásica de Yucatán, como parte de la Gran Gala Internacional de Ballet Danza de América II.

«Recientemente, tuve vivencias muy hermosas con Carmen en el IX Festival Internacional de Ballet de Cali, Colombia, en un espectáculo muy emocionante porque actué en una verdadera plaza de toros para 15 000 espectadores. Fue el escenario perfecto para esta obra. Es decir, que Carmen siempre será un ballet muy cercano para mí».

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