Yo quiero patacón cubano

El cantante dominicano cerró el sábado el último de los cuatro conciertos que realizó entre Santiago de Cuba y La Habana

Autor:

Yelanys Hernández Fusté

Nadie dio uso a sus asientos. Los bailadores, en un teatro Karl Marx repleto, se mantuvieron de pie por alrededor de dos horas el sábado pasado. Johnny Ventura no dejó que uno solo de sus seguidores descansara en su último concierto en la Isla.

Era ya histórica su visita a Cuba. Se la debía a él mismo y a los cientos de personas que en las décadas de 1960, 70 y 80 se movieron al compás de Capullo y Sorullo, Patacón pisa’o y Juanita Morel. También porque era tiempo de que Ventura visitara la tierra de uno de sus paradigmas musicales, Benny Moré, a quien escuchaba con atención por sus invaluables registros vocales y su ingeniosidad para componer.

Johnny es un hombre de tres cuartos de siglo, como suele decir, pero es imparable en el escenario. Su vitalidad se muestra no solo en los desplazamientos que hace en la escena y en varios puntos del teatro, sino en los movimientos del sabroso merengue que interpreta y del que lleva la corona de monarca.

Ventura regaló un total de cuatro actuaciones en la Mayor de las Antillas: dos en el santiaguero teatro Heredia e igual número de presentaciones en el habanero Karl Marx. Las diferencias de ambos espectáculos radicaron en la concepción dramatúrgica de los mismos. En la urbe oriental, el artista dominicano quiso mostrar la historia del merengue en los conciertos que ofreció como parte del 35 Festival del Caribe. Para ello se hizo acompañar del proyecto La Gallera, que dirige el maestro Jochy Sánchez, y tuvo como invitada especial a la  cantante Maridalia Hernández, ya conocida en la Isla por su interpretación de Para quererte —tema con el que obtuvo premio en el Festival de Viña del Mar—, y por haber formado parte de la orquesta 440 —liderada por Juan Luis Guerra.

En La Habana, Ventura se echó en un bolsillo a sus seguidores con su repertorio más conocido. Dueño de un estilo dentro del denominado Perico Ripiao dominicano, el cantante se enseñoreó en el Karl Marx y elevó la temperatura hasta el límite permitido.

Para romper el hielo el sábado, Johnny seleccionó tres temas pegaditos: Si vuelvo a nacer, Capullo y Sorullo y Matilda.

Una introducción musical de Elaín Morales y su grupo «calentó» la pista al Monarca. Bien pegado al son contemporáneo, Morales ofreció Mi regalo, Canción enamorada y Aire. Luego el Caballo Mayor se encargó de mantener en vilo a los presentes.  Solo cedió el escenario en tres oportunidades más. La primera para dejar que uno de los vocalistas de la banda que lo acompañaba, Roberto del Castillo, interpretara Mi novia y mi mujer. La segunda fue cuando su hijo Jandy regaló una versión merenguera del exitoso tema Bailando, de Descemer Bueno, Enrique Iglesias y Gente D’ Zona; y la otra para que el cantautor Tony Ávila cantara Timbiriche, Alunizando y La choza de Chacho y Chicha. De Ávila, Ventura confesó gustarle esa picardía que pone en sus letras, algo que también ha manejado en su obra autoral.

Momentos de verdadero lirismo fueron el homenaje a Celia Cruz y cuando Johnny propuso un mosaico de canciones populares, entre las que se encontraban La sitiera (Rafael López), Obsesión (Pedro Flores) y Toda una vida (Osvaldo Farrés). Fue esta ocasión una muestra de su versatilidad interpretativa y de que es un artista que se ha salido de los encasillamientos, lo cual veremos en el compacto que en estos momentos graba en La Habana, bajo la producción musical de Edesio Alejandro, y en el que seleccionó piezas de Tony Ávila, entre otros compositores cubanos.

Lleno de palabras de cariño, Ventura confesó estar ya listo para casamiento con Cuba y quedó tan emocionado con el Premio de Honor Cubadisco, entregado por Jorge Gómez, presidente del certamen, que sin dudas volverá a estas tierras tan sentimentalmente conectadas con su natal Santo Domingo. Es que Johnny lleva la Isla en el corazón, y pisar por primera vez su suelo lo ha impulsado a  decir que necesita regresar.

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