Un payaso que actúa en serio

Ernesto Parra ha trazado su propio derrotero en la estética del clown

Autor:

Juan Morales Agüero

LAS TUNAS.— Sin la aureola mediática de otros, pero con un currículo que ya quisieran muchos exhibir, Ernesto Parra es hoy una de los nombres más importantes de las tablas cubanas. Guionista, actor y director del laureado grupo tunero Teatro Tuyo, este merecedor de la Distinción por la Cultura Nacional ha trazado su propio derrotero en la estética del clown.

Despojado de la indumentaria y de los colorines de su popular payaso Papote, Parra resulta un entrevistado de excelencia. Su verbo elegante transpira pasión, en especial cuando se refiere al colectivo que encabeza, a cuyos miembros tiene por familia, aunque no compartan la misma sangre ni lleven los mismos apellidos. «Sin ellos nada sería igual», dice.

Dialogamos en un teatro vacío, donde acaba de presentarse uno de los 13 espectáculos que forman el repertorio del grupo:

—Parra, ¿a quién le atribuyes tu inclinación por el arte?

—A una maestra. Me enseñó los colores y los números al piano, como si fueran canciones. Luego mi madre me llevó a la Casa de la Cultura. Estuve en teatro, música, artes plásticas, danza, literatura… Nunca me decidí por ninguna. Solo cuando me hice actor supe que el teatro sintetiza todas las artes.

—¿Conservas recuerdos de aquella etapa de principiante?

—Mi padre dirigía el equipo de rodeo de Las Tunas. Un fin de semana iba con él a ver las montas de toro y los enlaces de terneros; y el otro iba con mi madre a disfrutar de una obra artística. Era pequeño cuando el Teatro Lírico Nacional puso en la ciudad Cecilia Valdés. Mi impresión fue grande. Así, entre el espectáculo y el escenario, comencé a formarme.

—¿Tienes idea de cuándo fue tu primera actuación en público?

—En el Preuniversitario, en un grupo humorístico. Al terminar la enseñanza, y para seguir juntos, sus miembros matriculamos Técnico Medio en Gastronomía. Cuando nos graduamos cada cual cogió su camino y me uní como aficionado a dos amigos que tenían también inquietudes artísticas. Pasado cierto tiempo, alguien nos alentó a crear un proyecto al que pusimos por nombre Agencia Loca. Resultó mi estreno como profesional.

—Y ahí comenzaste en serio a desarrollarte como actor…

—No, tuve una pausa existencial. Soy católico, y por entonces creí tener vocación para sacerdote. Así que me vinculé al Seminario San Basilio, en Santiago de Cuba. Pero, como en su labor pastoral la iglesia monta obras de teatro, y yo participaba en ellas, un día supe que la actuación era mi destino. Dios, la vida o lo que fuera me lo confirmaron.

—¿Qué hiciste cuando descubriste tu verdadera inclinación?

—Lo honesto: abandoné el Seminario. Un mes después, junto a un amigo y una amiga, fundamos el Proyecto Piñata. Y, pasado un par de años, apareció Teatro Tuyo. Para su integración, más que lo profesional, priorizamos la calidad humana de los candidatos. Un aforismo griego dice que con el talento se nace, la disciplina se impone y la técnica se aprende.

—¿Cuándo comenzó Teatro Tuyo a agenciarse preferencias?

—Desde la primera función, el 15 de enero de 1999, ante más de 200 niños. Presentamos el espectáculo El roba-payasos. Se trata de un mago que, por ser muy feo, se siente marginado y pretende desaparecer a los payasos. Pero, en el fondo, tiene buenos sentimientos. La obra, como todas las nuestras, tiene un final educativo: aceptar a las personas tales como son.

—¿Cuán importante es el público para una compañía teatral?

—Es la mejor academia que existe. En cada función el actor aprende. El aplauso y la crítica enseñan. Por eso el grupo se llama Teatro Tuyo, es decir, tú y yo. Entre las dos personas imaginarias se construye el encantamiento. En el caso de los niños, ellos son siempre nuestros principales aliados.

—Eres un reconocido actor teatral, pero, ¿por qué payaso?

—Tal vez por influencia de mi madre, a la que vi en una foto de época vestida de arlequín. Luego me marcaron las visitas a Las Tunas del Circo Soviético, con su popularísimo clown Oleg Popov, a quien llamaban «El Payaso del Sol». Tampoco me perdía los programas de televisión donde actuaba Edwin Fernández, con su simpático personaje de Trompoloco.

—Y por ahí encontraste tu definitiva línea actoral…

—Sí. La hice debutar con el Proyecto Piñata en animaciones de cumpleaños infantiles. En esos espacios encontré un buen caldo de cultivo para desarrollar el payaso que llevo dentro. Cada niño pequeño lleva uno también, por cierto. Fíjate en su torpeza para caminar y en sus bruscos cambios de caracteres. Hacen que uno recuerde la forma de actuar de un clown.

—Cuéntame en qué circunstancias nació tu payaso Papote…

—Surgió de la experiencia que adquirí con los niños. Junto a ellos aprendí a disfrazar mi adultez y a dirigirla hacia lo absurdo, lo inesperado, lo ridículo… Papote ha sido mi único payaso. En este arte no triunfan segundos personajes. Fíjate que Chaplin solo tuvo a Charlot; y Edwin, solo a Trompoloco.

—¿Cómo es el proceso de construcción de las obras del grupo?

—Cada obra lleva un proceso diferente. Apenas tienen en común que, además de contar sus respectivas historias, narran entre líneas la de Teatro Tuyo. Por ejemplo, Parque de sueños cuenta los avatares de unos payasos que sueñan despiertos con ser grandes artistas. La realidad troca la ilusión en utopía. Pero ellos insisten. Esa es la historia de nuestra compañía.

—Me han dicho que ustedes mismos hacen sus escenografías…

—Los actores igual pintamos que cortamos. Las soluciones nos las ofrecen materiales desechables como cartón, tela, metal, cartulina, plástico… El vestuario también es obra nuestra, desde el esbozo hasta la costura. Y parece que no nos queda mal, pues algunas obras han recibido premios en diseño.

—¿En cuántas provincias cubanas ha actuado Teatro Tuyo?

—Menos en la Isla de la Juventud, en todas. Y siempre con aceptación. Tanta, que algunos nos han sugerido que nos establezcamos en La Habana. ¡Cómo si solamente en la capital se pudiera triunfar! Teatro Tuyo es y será siempre un grupo de Las Tunas. Allí tenemos nuestra principal inspiración.

—¿Qué obras han tenido el mayor beneplácito de la gente?

Narices ha gustado mucho. Es la historia de un payaso sin nariz, y eso es como un payaso sin vida. Sus colegas se solidarizan con él, siembran las suyas, germinan y asunto resuelto. Gris, por su parte, narra las cuitas de tres payasos siderales que llegan a nuestro planeta en busca del colorido que le falta al suyo. La presentamos en junio en La Habana, en el sexto Evento Internacional de Pantomima.

—¿Qué reconocimientos importantes han recibido?

Narices y Gris ganaron en años diferentes el Premio Villanueva de la Crítica. A nuestra joven actriz Yani Gómez le fue conferido el Premio de Actuación Adolfo Llauradó. En cuanto al grupo, tiene en su haber el Premio Caricato y muchas distinciones en festivales de Teatro de Camagüey.

—Háblame de las experiencias internacionales de Teatro Tuyo.

—En el 2008 estuvimos seis meses en Venezuela. Fuimos los pioneros de la Misión Cultura Corazón Adentro. Recorrimos varios estados y ofrecimos más de 250 funciones en escuelas, teatros, plazas… En marzo volvimos a ir para participar en el Festival Internacional de Teatro de Occidente. Presentamos tres espectáculos en el Teatro Principal de Caracas. Además, dictamos talleres y conferencias sobre la técnica del clown.

—¿Qué opinión te merecen los llamados payasos de cumpleaños?

—No los menosprecio. Eso sí, subestimo a quienes lo hacen solamente por ganar dinero fácil, sin reparar en los valores que deben transmitirles a los niños cuando se disfrazan. Los de Teatro Tuyo trabajamos en los cumpleaños con la misma ética, seriedad y rigor que cuando subimos a un escenario.

—Y, por cierto, ¿cómo anda el arte del clown en Cuba?

—No anda del todo bien. La especialidad, incluso, desapareció de la Escuela Nacional de Circo y ningún otro centro de enseñanza artística la oferta. El Ministerio de Cultura nos propuso fundar en Las Tunas la Escuela Nacional de Payasos. Ya entregamos un anteproyecto y un plan de estudios. En tanto se apruebe, somos anfitriones del Taller Nacional de Payasos, un evento bianual que es el único de su tipo en Cuba.

—¿En qué proyectos anda actualmente Teatro Tuyo?

—Hace poco presentamos Caras Blancas, donde actuamos  mi hijo de diez años y yo. Trata sobre la relación afectiva entre un padre y su hijo. Aunque fue vista en Las Tunas en este verano, su presentación oficial ocurrió en La Habana, en el evento Cazando Mariposas, convocado por el Ministerio de Educación, el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia y un grupo de instituciones culturales cubanas. Pronto andaremos tras otros sueños. Porque lo de Teatro Tuyo es el eterno caminar hacia la línea del horizonte.

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